Hay algo muy italiano en convertir un momento sencillo en un ritual. Un aperitivo antes de cenar, una copa que llega a la mesa mientras todavía se elige el menú o esas burbujas que marcan, casi sin anunciarlo, que la experiencia acaba de comenzar.
En ese territorio se mueve el Fasano Prosecco di Valdobbiadene Superiore, una etiqueta que lleva a la copa parte de la identidad gastronómica y del lifestyle que atraviesa el universo Fasano.
Su historia comienza lejos de Brasil, en el Véneto, al norte de Italia, entre las colinas de Conegliano y Valdobbiadene. Allí, en las laderas prealpinas, se encuentran los viñedos de los que nace este espumante, dentro de un paisaje vitivinícola reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2019.
No es un dato menor. La viticultura forma parte de la identidad de esta región desde tiempos del Imperio Romano y, en 2009, alcanzó el nivel más alto dentro de la clasificación italiana con la creación de la denominación DOCG —Denominazione di Origine Controllata e Garantita—.
Esta certificación permite distinguir los espumantes elaborados en las históricas laderas de Conegliano y Valdobbiadene de la producción de Prosecco a mayor escala realizada en las planicies.
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Las vides de Glera, la uva protagonista del Prosecco, crecen sobre terrenos con pendientes tan pronunciadas que buena parte del trabajo en el viñedo y la vendimia debe realizarse manualmente. Una forma de producción que conserva una tradición construida durante siglos y que también explica el carácter particular de los vinos de la zona.
En el caso de Fasano, la cosecha 2024 se destacó por el equilibrio aromático y la calidad de las uvas, incluso en un año marcado por desafíos climáticos en Europa.
¿El resultado en la copa? Un espumante fresco, delicado y elegante, con notas de frutas cítricas y de carozo, un agradable toque floral y un perlage sutil que acompaña su perfil ligero.
Es precisamente esa frescura la que lo convierte en un buen comienzo para una experiencia gastronómica. Puede acompañar aperitivos, pescados blancos y frutos de mar, aunque también funciona simplemente como primera copa antes de sentarse a la mesa.
Fasano parece trasladar a esta botella la misma filosofía que atraviesa sus hoteles y restaurantes: el lujo no necesariamente está en el exceso, sino en hacer extraordinariamente bien las cosas simples. Esta vez, comienza con una copa de Prosecco.
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