Con De Aves y Estrellas, la firma colombiana presentó su colección Resort 2027 y convirtió una condición de la piel, la rosácea, en el punto de partida de una narrativa visual profundamente delicada. En una industria históricamente obsesionada con esconder imperfecciones, corregir cuerpos y perseguir filtros imposibles, Lyenzo hizo exactamente lo contrario: expuso la sensibilidad como belleza.
Y ahí estuvo la magia.

Desde el primer look, había una sensación casi etérea recorriendo la pasarela. Las plumas acompañaban el movimiento de los cuerpos con una suavidad hipnótica, los textiles iridiscentes reaccionaban a la luz como piel viva y las aplicaciones florales parecían brotar orgánicamente sobre las prendas. Todo mutaba constantemente. Todo respiraba.

La colección se movía entre la fragilidad y la protección. Por momentos, las siluetas parecían ligeras y suspendidas en el aire; en otros, el volumen y la estructura generaban una especie de armadura emocional alrededor del cuerpo femenino. Esa dualidad fue probablemente uno de los grandes aciertos de la propuesta: entender que vulnerabilidad y fortaleza no son opuestos, sino parte de la misma conversación.

El color también construyó una narrativa emocional inteligente. El negro funcionó como refugio; el marfil, como pausa y transición; mientras que los tonos rosados y rojizos aparecieron como símbolo de aceptación, de exposición y finalmente de libertad. No había intención de disimular. Había belleza precisamente en dejar ver.

Más allá de lo conceptual, Lyenzo volvió a demostrar que el oficio sigue siendo el corazón de la marca. Desde su creación en 2016, la firma construyó un lenguaje propio alrededor de la corsetería exterior artesanal y el trabajo manual, alejándose de los ritmos acelerados del fast fashion para apostar por procesos conscientes, producción limitada y piezas construidas desde el tiempo y el detalle.

Los recamados, bordados y estructuras parecían realizados desde la paciencia más absoluta. Había una sensibilidad artesanal que recordaba que el verdadero lujo no está en la saturación visual, sino en el cuidado silencioso de una pieza bien hecha.

Quizás la única crítica posible —y también uno de los desafíos naturales para una marca con una identidad tan marcada— es que por momentos la colección se apoyó más en la emoción que en la evolución de la silueta. Algunas estructuras y recursos estéticos ya conocidos dentro del universo Lyenzo podrían haber arriesgado aún más desde la construcción formal. Sin embargo, la fuerza conceptual y emocional del desfile terminó eclipsando cualquier necesidad de impacto forzado.
Porque De Aves y Estrellas no necesitó exagerar para quedarse en la memoria.

En tiempos donde muchas colecciones parecen pensadas únicamente para Instagram o TikTok, Lyenzo presentó algo mucho más humano: una experiencia emocional. Una colección que no buscó solamente verse bien, sino sentirse.

Y quizás por eso fue una de las propuestas más poderosas de Bogotá Fashion Week 2026. Porque detrás de cada pluma, cada textura tornasolada y cada corset artesanal, había algo que hoy la moda necesita desesperadamente recuperar: humanidad.
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