Según explica la Dra. Florencia Paniego, médica dermatóloga especializada en tricología, la piel de la cara y la del cuero cabelludo forman parte del mismo órgano y responden a los mismos estímulos biológicos. Por eso no resulta extraño que muchas personas que atraviesan procesos de caída capilar también presenten acné, rosácea, exceso de sebo o inflamación cutánea persistente. “Muchas veces todos esos signos forman parte de un mismo desequilibrio interno”, señala.
Lejos de tratarse solamente de pelos que se desprenden, existen distintos mecanismos detrás de las alopecias. En algunos casos, el cabello comienza a afinarse progresivamente hasta desaparecer debido a la miniaturización del folículo y al acortamiento de la fase de crecimiento. En otros aparece el conocido efluvio telógeno, donde la caída se vuelve más evidente y abundante. Y muchas veces ambos procesos conviven al mismo tiempo.
Sin embargo, gran parte de la industria continúa enfocándose únicamente en la consecuencia visible: estimular crecimiento, recuperar densidad o frenar la caída. El problema, según la especialista, es que muchas veces las causas biológicas siguen activas. Así aparecen tratamientos repetitivos, soluciones temporales y una sensación de frustración constante en quienes buscan respuestas rápidas.
“La alopecia no es una enfermedad del cabello. Es la manifestación visible de múltiples desequilibrios biológicos”, explica Paniego.
Las causas pueden ser múltiples: alteraciones hormonales como síndrome de ovario poliquístico o menopausia, enfermedades tiroideas, genética, procesos inflamatorios, estrés crónico, deficiencias nutricionales, infecciones o incluso patologías propias del cuero cabelludo. El folículo piloso funciona como un mini órgano extremadamente sensible a todo lo que ocurre en el organismo.
En paralelo, crece el auge de tratamientos como Plasma Rico en Plaquetas, mesoterapia o aminoterapia, muchas veces realizados sin un diagnóstico médico previo. Y ahí aparece uno de los grandes debates actuales: ¿hasta qué punto la medicina estética reemplazó al razonamiento clínico?
Para la dermatóloga, el rol del especialista vuelve a ser clave. Porque un tricólogo no solo evalúa cuánto pelo perdió una persona, sino también la inflamación, la calidad de la piel, la actividad sebácea, el patrón hormonal y los antecedentes clínicos del paciente.
En definitiva, el pelo puede convertirse en una señal temprana de que algo más está pasando en el cuerpo. Y quizás ahí esté el verdadero cambio de paradigma: entender que recuperar densidad no siempre significa recuperar salud.
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