Su Instagram @yaninakesman es la cuenta de una auténtica instructora de yoga. Se la ve parada de manos, en la naturaleza, explicando respiraciones o en una postura que parece desafiar la gravedad. Nos informa sobre los horarios de sus clases y también sus próximos retiros yogui. También muestra su esencia familiera: comparte orgullosa momentos con su hijo Franco, de 22 años, o con su padre –un ícono de los medios uruguayos–, su mamá y su hermano Martín. En nuestra charla, me cuenta que está soltera. Tuvo dos matrimonios a lo largo de su vida que terminaron, pero los nombra con cariño y los reconoce como partes importantes de su historia. “Esas cosas, ya no me pesan”, me dice Nani. Nada parece indicar que su vida –hasta hace pocos años– era otra. Su formación académica es en periodismo y, lejos de las suposiciones, su camino profesional estuvo cargado de dificultades: los desafíos de la estabilidad laboral como productora de televisión, la búsqueda constante de oportunidades, lo difícil que es conseguir un buen sueldo en comunicación, la hicieron sentir que no había lugar para ella en los medios. Hace siete años, cuando en VTV levantaron sorpresivamente el programa en el que trabajaba, se lanzó a dar clases de yoga. Una disciplina que la acompaña desde hace décadas y para la que sus condiciones estaban dadas, solo que le llevó tiempo encontrar el camino. Hoy, ya no quedan dudas de que este era su lugar. Te invitamos a recorrer la historia personal y profesional de Yanina Kesman (49).

| "En parte, lo que hago ahora, se parece mucho a lo que disfrutaba hacer de chica".
¿Qué recuerdos tenés de tu niñez? ¿Cómo fue crecer con un papá que es figura pública?
Fui la primera de dos hermanos y toda mi infancia y adolescencia viví en Pocitos, frente a la casa de mis abuelos maternos. Crecí muy cerca de mis abuelos.
Siempre cuento que mientras mi mamá estaba en la recta final de su embarazo, mi padre tuvo que irse a Japón a relatar un partido. Mi padre me cuenta que le dijo a la panza: “por favor esperame para nacer”. Y, efectivamente, nací después de que él volvió. Mi padre entró a Canal 12 cuando yo nací, por lo que la figura pública de papá siempre me acompañó. Siempre destaco que era una figura pública muy querida por la gente. Los medios tradicionales eran pocos, y los que salían en la tele eran verdaderamente muy famosos. No había lugar al que fuera en el que no supieran que era la hija de Kesman. Mi padre siempre fue muy carismático y para mí es un referente.
¿Fue él quien marcó tu camino profesional? ¿O dudaste con respecto a qué estudiar?
Dudé un montón. Siempre me gustó todo lo que era físico. De niña jugaba al elástico, a la rayuela, al manchado. Fui muy deportista: me gustaba el handball, el baile y la gimnasia olímpica. Todo lo que requería movimiento del cuerpo y expresión corporal, me gustaba. Visto con el diario de hoy, podría haberme dedicado a dar clases de gimnasia perfectamente. En parte, lo que hago ahora, se parece mucho a lo que disfrutaba hacer de chica. En ese momento no lo veía como una opción laboral. Primero, porque lo disfrutaba mucho y creía que lo académico iba por otro lado. Tampoco había tantas alternativas como hoy. Ahora hay muchas opciones para profesionalizarse en el deporte: desde psicología deportiva hasta fisioterapia, movilidad, yoga, pilates y otras tantas disciplinas que trabajan el desarrollo de la salud y el bienestar. En esa época, o era muy vocacional o eras un visionario. Con internet el mundo se achicó un montón. Podés vender tus servicios a todas partes, las oportunidades están más cerca. Se requiere el mismo talento, hay que esforzarse de la misma manera, pero las probabilidades de un golpe de suerte son más accesibles. Creo que es más fácil llegar, pero también mucho más competitivo... Pero al momento de elegir qué estudiar, la única opción que sentía que era para mí, fue comunicación.

| "Fue alucinante a nivel laboral, pero un fracaso económico. Tuvimos que poner de nuestro bolsillo para trabajar".
¿Dónde te formaste?
Cuando terminé el colegio nos fuimos con unas amigas a estudiar inglés a Estados Unidos. El primer destino fue California. Nos hicieron un examen y, como tenía el inglés muy avanzado, me recomendaron directamente elegir materias de estudio. Hice marketing y comunicación en Chapman University, en Orange County y tiempo después en Boston University. En Estados Unidos lo publicitario estaba en auge y fue una experiencia muy gratificante. Fue el primer acercamiento académico y me encantó. Creí que lo mío era más la publicidad y el marketing; me interesaba lo creativo. Volví a Montevideo convencida de que quería estudiar Comunicación. Como volví a mitad de año, primero hice un curso corto de Analista en Marketing en ORT y al año siguiente me anoté en la Universidad Católica y empecé la Licenciatura en Comunicación. Mi primer trabajo, fue en una agencia de publicidad.
¿Cómo se dio el pase de publicidad a periodismo?
Estando en primero de facultad empecé a trabajar en Bates Uruguay, la agencia de José María Reyes, que es un capo total. Atendí el teléfono, trabajé con creativos, en cuentas, exploré en medios. Fue muy divertida la experiencia de la pasantía. Aprendí mucho pero también empecé a sentir una desconexión con lo comercial, que es la esencia de lo publicitario. Entendí que no era lo mío, así que al momento de elegir el énfasis me decidí por periodismo. Ya había descartado publicidad, pero me gustaba la parte de investigación, leer, informarme. Hacer periodismo no fue por mi papá, fue una búsqueda personal.
La experiencia universitaria fue divina, una generación humanamente muy rica, pero no sentía una vocación tan fuerte. Como proyecto de tesis, con una amiga armamos un programa de televisión basado en biografías que se llamó “Uno en tres millones”. Tuvimos la suerte de que lo viera el Ingeniero Scheck, de Canal 12, y nos propuso hacerlo para el canal. Nosotras solo teníamos el piloto y nos pidió salir al aire de un día para el otro. Era una oportunidad única, pero fue una locura. Trabajamos sin parar, editando VHS sin dormir, anotando códigos de tiempo. Ese programa nos trajo premios, reconocimientos y nos hizo conocidas en el mundo periodístico. Fue alucinante a nivel laboral, pero un fracaso económico. Tuvimos que poner de nuestro bolsillo para trabajar. Me di cuenta que lo comercial iba a ser un desafío siempre. Me abrió los ojos. Me vino pánico al saber que de lo que me estaba recibiendo no iba a poder vivir. Supe que tenía que hacer otra cosa, nada que ver. Por lo que después de recibirme entré en Citibank. Trabajé en atención al cliente corporativo durante años. Después me cambié a BBVA como asistente de un broker y de repente me encontraba hablando de bonos del tesoro, fondos de inversión… cosas que no eran mi métier. No me sentía tan cómoda en ese rol. Estando embarazada decidí renunciar y transitar esa etapa sin trabajar. Por suerte mi pareja de ese momento me apoyó mucho, porque tenía una crisis vocacional importante y además me tocó un embarazo difícil.
| "El yoga me desafiaba mucho físicamente: te escurre, te extiende y te torsiona".

¿Cómo viviste tu maternidad?
Yo tenía mucha ilusión de ser mamá. Al poco tiempo de saber que estaba embarazada teníamos planificado un viaje a Brasil en auto. Los sentidos se me exacerbaron con el embarazo, tenía muchas náuseas y no podía parar de vomitar. Me sentía tan mal que decidimos volvernos. El viaje de regreso en auto se me hizo muy duro, vomité todo el viaje y tuvimos un accidente con un carpincho que se atravesó en la ruta. El auto quedó destrozado y al día siguiente empecé con pérdidas. Fue muy duro para mí. Por suerte el embarazo siguió bien, pero tuve que hacer mucho reposo. En ese estado emocional empecé a buscar cosas para serenarme y atravesar mejor toda la situación. A la vuelta de la casa de mi mamá había abierto un lugar de yoga, pilates y meditación. Tuve mi primera experiencia con el yoga y descubrí que me generaba mucha paz, podía conectar mucho con mi bebé. Fue una experiencia muy espiritual que me encantó. A los seis meses del nacimiento de Fran, en 2004, me separé. Desde ese momento para mí el yoga y la espiritualidad son como una soga. Uno está en el pozo, pero sabe que puede agarrarse de la soga. A veces está más cerca de la salida, a veces se siente en el fondo, pero la soga siempre está disponible para ayudarte. Nunca la solté.
| "Estoy organizando mi primer retiro internacional junto a Viajes Buemes".
Me imagino que fue una etapa de tu vida muy vulnerable: un bebé recién nacido, una crisis vocacional latente y una separación… ¿Qué herramientas te ayudaron en ese momento?
Me sentía a la deriva. Lo más duro era buscar trabajo y no encontrar. Yo soy hija de las crisis. Mi generación sabe lo que es quedarse sin trabajo y no encontrar otro. Hice de todo, hasta llegué a vender remeras. Por suerte siempre me sentí muy respaldada por mi familia. El papá de Fran era un papá presente, si bien nosotros estábamos en crisis de pareja, ninguno le quería hacer daño al otro y eso me consta.
Pasé por un montón de terapeutas, pero me costaba conectar. Sin embargo, con meditación lograba tener claridad. Necesitaba mover el cuerpo para calmar la mente. Empecé a hacer yoga más fuerte con un profesor que se llamaba Adinath. El yoga me desafiaba mucho físicamente: te escurre, te extiende y te torsiona. Mi sistema nervioso se serenaba de una manera increíble. Era un camino que no solucionaba mis problemas, pero sí me daba herramientas para atravesar esa dura situación de una mejor manera. Me permitía atravesar mejor el dolor.
Por suerte con el tiempo conseguí trabajo en un cambio. Trabajaba cuatro horas, que era el momento en que salía de mi maternidad, de mi realidad, y conectaba con otras cosas. Era gratificante también. Todas las experiencias aportan herramientas, estamos siempre vinculándonos con otras personas, incluso en trabajos que no nos gustan. No me arrepiento por todo lo que pasé... Mi carrera en comunicación me aporta un montón. Mi experiencia laboral también. Lo que más me recalcan mis alumnos de yoga es en mi capacidad de explicar. Disfruto de ver mi carrera encauzada en lo que me interesa. Cuando sabés de lo que estás hablando, cuando estás educada en lo que estás comunicando, tu capacidad de conexión se expande. Pero antes de llegar a eso, pasé por muchos trabajos…
| "Desde ese momento para mí el yoga y la espiritualidad son como una soga. Uno está en el pozo, pero sabe que puede agarrarse de la soga".

¿Cómo se dio tu camino como productora?
Trabajando en el cambio me llamaron para hacer la producción periodística de “Vidas”, el programa de Facundo Ponce de León. Para mí fue como tocar el cielo con las manos, yo amaba el programa como espectadora y la idea de dedicarme a la producción periodística me fascinaba. Fue una experiencia divina, Facundo es una persona increíble. Con eso empezó mi carrera propiamente dicha en los medios. Logré construirme un nombre sólido como productora de televisión. La comunicación me permitía pagar las cuentas, pero ni siquiera podía generar ahorro. Años después tocó irme a VTV, luego hicimos el programa con Cata Ferrand que fueron años muy divertidos. Me volví a casar y mi marido de ese momento me apuntalaba mucho en el camino del yoga. Mientras trabajaba como productora me impulsó a formarme como instructora, hice dos profesorados. Practicaba Yoga Ashtanga Vinyasa todos los días. Tenía mucha estructura y disciplina. El yoga es una práctica, no se pueden obtener los beneficios sin hacerlo. No hay donde leerlo o aprenderlo sin la experiencia personal y física. Es muy transformador en el cuerpo y también a nivel interno.
| "No hay edad para reinventarse".
¿Cuándo y cómo empezaste a dar clases de yoga?
En 2019 levantan el programa de “Acá te quiero ver”, donde yo era una de las conductoras. Fue una sorpresa para todos. Me volví a quedar sin trabajo. Una de las vestuaristas del programa me preguntó si le podía dar clase de yoga a ella y sus amigas. Empecé a darles clases en la rambla. Hicimos todo el verano. Fue una gran primera experiencia porque era gente conocida y yo no sentía la presión de que me estaban pagando. Cuando llegó el frío las alumnas alquilaron un espacio, el grupo empezó a crecer, y terminé el año como con 15 alumnas. Yo llamaba para conseguir trabajo en medios, pero a mí la gente me llamaba por las clases de yoga. Motivada por mi exmarido me organicé, alquilé un espacio y me lancé con las clases de yoga.
Luego llegó la pandemia, donde la gente estaba más abierta a este tipo de disciplinas, el yoga cobró un auge impresionante. La respiración y el movimiento son un canal directo al bienestar y a sentirse mejor. Cuando se abrió la presencialidad, mis clases estaban llenas de gente. Hoy me dedico exclusivamente a dar clases en Pocitos y Carrasco y también organizo retiros.

| "El yoga es una práctica, no se pueden obtener los beneficios sin hacerlo".
¿Cómo fue el proceso de reinventarte profesionalmente a tus 40?
Realmente, fue maravilloso. No hay edad para reinventarse. Mi práctica lleva muchos años y fue mutando conmigo, pero yo nunca pensé que a mis casi 50 años iba a poder hacer lo que hago con mi cuerpo: tener esta energía, pararme de manos, saltar y no sentir miedo.
El yoga es un proceso largo de autoconocimiento, saber escucharse, aprender sobre tu cuerpo y no dar por sentada nuestra salud.
Hay clases estilo mysore, que es la forma de enseñar Ashtanga en la que cada alumno aprende conforme a sus necesidades, adaptado a su nivel. El beneficio de la práctica es el mismo.
¿De qué se tratan los retiros?
La propuesta es compartir intereses con personas afines. Generalmente son en lugares cercanos a la naturaleza, donde podemos practicar, aprender y desconectarnos. Cuando nos vinculamos con un grupo nuevo, no hay prejuicios sobre quién sos. Es tener la oportunidad de que te conozcan de cero. En los retiros pasa eso. Llegan mujeres de todas partes, que tienen su vida, pero se conectan con personas nuevas desde otro lugar. Es como una página en blanco, una experiencia renovadora. Los retiros que organizo para mis alumnos se han transformado en una experiencia comunitaria.
| "Es muy transformador en el cuerpo y también a nivel interno".
¿Algún proyecto a futuro?
Estoy organizando mi primer retiro internacional junto a Viajes Buemes. Me tiene muy ilusionada. La idea surge de mi propia experiencia personal. Me gusta mucho viajar, suelo organizar destinos alrededor del yoga y por ende viajo sola. Es difícil poder hacerlo en grupo, cada uno tiene sus propios intereses. Por lo que me propuse unir a quienes quieren viajar, les interesa el yoga pero les cuesta encontrar el grupo.
La propuesta es hacer un viaje a Formentera del 8 al 16 de septiembre. Es uno de los destinos más lindos que conocí, tiene de todo: mucha naturaleza, onda y diversión.
La idea es que aprendas yoga, practiques la disciplina y te lleves herramientas para aquietar la mente y conectar con tus emociones; pero también que sea una gran experiencia personal: que conozcas gente, que disfrutes de la naturaleza, que medites en un paraíso natural.
Lo estamos organizando en formato taller para que puedas practicar yoga, preguntar, aprender, pero después disfrutar el resto de la jornada: ir a la playa, navegar, salir a pasear, conocer los mercados, comer rico, gozar la vida. Queda hecha la invitación.
| "Es uno de los destinos más lindos que conocí, tiene de todo: mucha naturaleza, onda y diversión".
Ping pong con Nani Kesman:
- Un libro: “A los pies del maestro” de Jiddu Krishnamurti.
- Un sueño por cumplir: pasar dos meses en Mysore, India estudiando Ashtanga en el centro de Sharath Jois.
- Un hábito: mi práctica diaria de Yoga.
- Tu lugar en el mundo: Punta del Este.
- Lo mejor de la vida: los vínculos sanos: mi familia y mis amigos.
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