Así comenzó nuestra experiencia en Fasano Boa Vista, el refugio de campo del grupo brasileño en Porto Feliz, São Paulo, que este agosto celebró sus 15 años y que elegimos conocer desde InfoStyle para comprobar por qué sigue siendo uno de los grandes referentes de la hotelería de lujo en Brasil.

Nuestra experiencia comenzó en el aeropuerto de Carrasco. Volamos directo a São Paulo con LATAM, en un trayecto de aproximadamente dos horas y media. Al aterrizar en Guarulhos nos esperaba un chofer privado de Fasano y una Volvo XC60, marca partner de Fasano Boa Vista y también de InfoStyle, para recorrer la hora y media que separa el aeropuerto de este pequeño —o, mejor dicho, enorme— universo en Porto Feliz.
Porque antes de hablar del hotel hay que entender dónde estamos. Fasano Boa Vista forma parte de Fazenda Boa Vista, un desarrollo de dimensiones difíciles de imaginar hasta que se lo recorre. Naturaleza, residencias de lujo, helipuerto, centro ecuestre, canchas de polo, tenis sobre distintas superficies y cubiertas, fútbol, beach tennis, circuitos para correr y andar en bicicleta y un campo de golf de 18 hoyos conviven dentro de una propiedad concebida prácticamente como un destino en sí mismo.
En medio de todo eso aparece la verdadera joya: Hotel Fasano Boa Vista.
El primer hotel de campo de Fasano fue diseñado por el reconocido arquitecto brasileño Isay Weinfeld, quien logró algo que se siente desde el primer momento: que la arquitectura acompañe al paisaje en lugar de competir con él. Piedra, madera, grandes superficies vidriadas y materiales naturales construyen ese lujo silencioso que identifica a Fasano.

El hotel tiene 46 habitaciones y suites, algo fundamental para entender la sensación de privacidad que se vive durante toda la estadía. Hay un restaurante con la impronta gastronómica de la casa, un bar muy chic, piscinas, lago, gimnasio y un espectacular spa de 1.400 m².
Pero si tuviéramos que elegir una característica por encima de todas, sería el silencio.
De los hoteles Fasano que hemos conocido, Boa Vista es probablemente uno de los que más invita a desconectarse. No hay apuro. No hay ruido. No hay demasiados estímulos compitiendo por nuestra atención. Hay naturaleza, espacio y una hospitalidad que aparece exactamente cuando la necesitás.
Al llegar nos recibieron con un té de bienvenida y nuestra habitación ya estaba pronta. Aunque llamarla habitación sería quedarse bastante corto.

Nos alojamos en una suite dúplex de aproximadamente 120 m². En la planta baja encontramos un baño, un enorme living con televisión y un deck exterior que probablemente haya sido uno de nuestros lugares favoritos durante la estadía. Basta abrir la puerta para entender el concepto de Boa Vista: campo hasta donde alcanza la mirada, naturaleza y una estufa exterior que se roba absolutamente toda la atención.
Subiendo al segundo piso aparece el dormitorio, con esa estética Fasano inmediatamente reconocible: sofisticada, sobria y sin excesos. El baño tiene una gran bañera y nos habían dejado sales y óleos preparados para convertir el final del día en un pequeño ritual de relax.
Y después está el balcón. Casi un espejo del deck inferior, pero desde otra altura. Desde ahí vimos uno de los atardeceres más rosados que recordamos. De esos momentos que terminan explicando mejor un hotel que cualquier lista de amenities.

La gastronomía merece otro capítulo. El restaurante puede disfrutarse en su salón interior o en el deck abierto hacia el paisaje y el lago. Elegimos cenar afuera y, en este punto, probablemente baste una frase: es Fasano.
La propuesta combina la tradición italiana de la casa con productos brasileños y muchos ingredientes provenientes de la propia propiedad. Pastas frescas, vegetales, frutas, hierbas y una cocina donde el producto sigue siendo protagonista. El desayuno mantiene esa misma filosofía, con productos elaborados por la panadería del hotel y opciones a la carta.
Durante nuestra estadía recorrimos buena parte de la infraestructura deportiva de Fazenda Boa Vista. Pasamos por sus canchas, conocimos el centro ecuestre —que cuenta con 29 piquetes y 230 caballerizas— y entendimos que este es uno de esos destinos en los que se puede hacer muchísimo o, si el cuerpo lo pide, absolutamente nada.
Nosotras elegimos un poco de ambas cosas. Uno de los momentos que más disfrutamos fue nuestra visita al Spa Fasano. Después de haber probado muchos spas y tratamientos en distintos hoteles, hay algo que no siempre sucede: que el masaje realmente se adapte a lo que tu cuerpo necesita. Acá sucedió.
El nivel de atención y personalización es excelente. La presión, el ritmo y el estilo del masaje se ajustan a cada persona, algo que puede parecer un detalle pero que cambia completamente la experiencia. El spa ocupa alrededor de 1.400 m² y cuenta con piscinas, jacuzzis, fitness center y un extenso menú de tratamientos. Más que un complemento del hotel, funciona como un verdadero destino de wellness dentro de Boa Vista.

Pero la frutilla de la torta llegó cuando volvimos de nuestros masajes.
Al regresar a la suite encontramos preparado en nuestro propio deck uno de los rituales que, si vienen a Fasano Boa Vista, recomendamos hacer sí o sí: el picnic Fasano.
La escena era casi cinematográfica. Mantelería gingham, bien Vichy, almohadones, flores del propio predio y una gran cesta de mimbre natural. Y adentro, básicamente, todo lo que uno imagina cuando piensa en un picnic perfecto, pero pasado por el filtro Fasano.
Tiramisú, frutas de estación, yogures, jugos, diferentes sándwiches, cannoli de dulce de leche, pão de queijo, mermeladas, café, té y leche caliente.
Y después aparecen esos pequeños gestos que explican por qué determinadas experiencias de hospitalidad funcionan.

Las flores son del lugar. La presentación está pensada hasta el último elemento. Y como estamos en medio de la naturaleza, junto a todo lo demás también dejaron repelente para mosquitos. Puede parecer mínimo, pero el verdadero lujo muchas veces está exactamente ahí: en pensar en algo antes de que el huésped tenga que pedirlo.
Y si hay algo que termina de cerrar la experiencia es su gente.
El personal de Fasano Boa Vista merece un capítulo aparte. Amable, atento y extremadamente respetuoso de los tiempos del huésped. Están presentes sin invadir. Resuelven sin hacer ruido. Hay una sensación de buena energía que atraviesa el hotel y que probablemente sea tan importante como su arquitectura, su gastronomía o su entorno.

Este agosto, Fasano Boa Vista cumplió 15 años, y después de vivirlo entendemos por qué continúa siendo una referencia de la hotelería de lujo brasileña.
No es un lujo construido desde la ostentación. Es espacio. Es silencio. Es servicio. Es naturaleza. Es poder despertarse y mirar el campo desde la cama, tomar un café sin mirar el reloj, montar a caballo, jugar al golf, hacer deporte, pasar dos horas en el spa o simplemente quedarse mirando cómo cambia el cielo desde un deck.
Para quienes estamos en Uruguay, además, tiene un atributo difícil de ignorar: está mucho más cerca de lo que parece. Un vuelo directo de aproximadamente dos horas y media a São Paulo y un transfer de alrededor de una hora y media nos separan de un destino que consigue generar una sensación de desconexión mucho mayor que la distancia recorrida.

Después de nuestra experiencia, creemos que Fasano Boa Vista es uno de los mejores planes para un fin de semana largo de reset: buena gastronomía, deporte, wellness, naturaleza y ese servicio Fasano donde todo parece suceder sin esfuerzo.
De Boa Vista volvimos con muchas imágenes, sí, pero sobre todo con la sensación de haber bajado el ritmo durante unos días. Y con ganas de volver.
InfoStyle estuvo en Fasano Boa Vista, Porto Feliz, São Paulo.
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