En primera persona con Silvia Ruiz

(Por Agustina Amorós) Es arquitecta y también tiene una empresa que lleva su nombre dedicada a bodas, eventos y decoración. Junto a su esposo, Fabrizio Regusci, encabezan Faro, su propio estudio de arquitectura. Es también madre, florista, creadora de contenido y una emprendedora incansable. Sus trabajos se rigen por la consigna de contar historias y cada proyecto es una verdadera oda a la belleza floral. En primera persona con Silvia Ruiz (45), la mujer que dirige obras y eventos con la misma pasión.

Silvia es fácil para hablar: atenta, empática y conversadora, es de esas personas que en pocos segundos sentís que conocés de toda una vida. Cuando habla, te contextualiza cada cosa para que puedas entenderla rápido. Apenas comenzamos con la entrevista, se detiene para una aclaración: “Además de mis dos amores –mi esposo Fabri y mi hija Paz– me vas a escuchar mucho hablar de mis novias. La gente suele reírse y preguntarme, pará, ¿cuántas novias tenés?”, dice en referencia a sus clientas, con las que trabaja como decoradora y wedding planner. Y efectivamente es así, en nuestra charla nombró con cariño a un sinfín de “sus novias”, ya que ha trabajado en más de 300 bodas. 

Antes de conocerla personalmente me sorprendía cómo una arquitecta llevó su carrera hacia el mundo de las flores y los servicios para eventos y bodas. Unos minutos de charla bastaron para descubrir un perfil inquieto, sensible a la belleza y con facilidad para tratar con personas. “La gente se sorprende de que trabajo como arquitecta y wedding planner. De afuera parecen dos mundos que nada que ver, pero si vos controlás obras de mucha cantidad de personal, como un túnel, ¿cómo no vas a poder con una boda? Yo solo puse mi saber y mi conocimiento al servicio de lo que más me gusta hacer”. Así, hablando de todo un poco, yéndonos por las ramas pero conectando todo con todo, se desenvolvió esta conversación. Y un detalle de color solo para quienes siguen atentamente a InfoStyle: sabrán que esta charla la propició un debate interno de si existe o no la palabra “follajista”. 

| “Mi inquietud de hacer cada vez más cosas fue forjando mi desarrollo profesional”.

¿Cómo se compone tu familia de origen? ¿Qué recuerdos conservás vinculados a tu niñez?

Vengo de una familia de inmigrantes españoles. Siempre me conmovió el sacrificio con el que ellos vinieron a vivir y a empezar una nueva era en Uruguay. De esos inmigrantes catalanes y valencianos se construye mi historia familiar. 

Mi abuela materna hablaba en catalán cuando no quería que yo me enterara de algo, aunque yo lograba entenderle. Era una persona humilde, pero con una gran visión artística y cultural. Amaba decorar y tenía un gusto admirable. Hoy, con mi profesión enmarcada en eso, admiro aún más ese don innato. 

Mi mamá se separó cuando yo aún no había nacido. Hizo lo que pudo en todos los sentidos. Crecí en una familia de muchas mujeres fuertes: mi abuela, mi mamá que fue maestra, mi tía Beatriz que fue jueza y tuvo un impacto muy grande en mi vida. Lo literario siempre estuvo muy presente en mi casa. Desde chica fui muy inquieta, siempre me gustó el arte, las manualidades, los cuadros y los libros. 

| “Recomiendo a todos animarse a vivir de lo que les gusta”.

¿Cómo fue el proceso de elección profesional?

De chica pensaba que abogacía era lo mío pero con el tiempo me di cuenta que no, que lo artístico me movía mucho más. Para ser sincera, me daba miedo hacer Facultad de Arquitectura, pensé que era inalcanzable para mí; desde todos los puntos de vista, pero sobre todo desde lo económico. En esa búsqueda decidí hacer primero la carrera como ayudante de arquitecto, en la IEC. Soy una egresada orgullosa de UTU, me dio mucho conocimiento y me permitió hacer la carrera de arquitectura mientras trabajaba. 

A través de un concurso, entré a la Intendencia de Montevideo en un cargo como sobrestante, asistencia en dirección de obra. Eso me dio mucha experiencia. Saber trabajar en distintos contextos te da una cintura impresionante para trabajar con personas de distintas realidades. Mientras estudiaba también fui docente de programas de diseño en UTU en la Escuela de Comunicación Social. Mi inquietud de hacer cada vez más cosas fue forjando mi desarrollo profesional.

¿Cómo siguió tu proceso una vez que te recibiste como arquitecta?

Trabajé muchos años como arquitecta en la Intendencia de Montevideo, hasta que mi mamá se enfermó y mi vida cambió muy rápidamente. Tuvo cuatro ACV, fueron cinco años muy duros. Para mí, como hija única, fue una carga emocional muy grande. Ver el deterioro de un ser querido te cambia la vida. Yo en ese momento estaba acompañando la dirección del túnel de Av. Italia, una obra muy grande que me tenía muy contenta, pero tuve que tomarme licencia para atravesar todo esto. Cuando llegó el momento de volver, no pude. Sentía que no era para mí, que quería hacer otra cosa. No nací para estar sentada en una oficina ocho horas. Irme de ese trabajo era una decisión durísima. Implicaba dejar, con más de 40 años, un trabajo fijo, seguro y estable… valores muy importantes para mi generación. Tengo compañeros que hasta el día de hoy me dicen que estoy loca por haber dejado eso, pero yo estaba segura de que no era para mí. Y hasta el día de hoy agradezco haberme animado. Recomiendo a todos animarse a vivir de lo que les gusta. 

| “Uruguay se mueve como una gran cadena de recomendaciones”.

¿Ya venías incursionando en el mundo de las bodas?

Sí, todo mi acercamiento al mundo de las novias fue muy autodidacta. Como arquitecta y apasionada de las flores, me pasaba que amigas me pedían ayuda con la decoración de sus bodas o que les arme un ramo. Cuando nació nuestra hija María Paz sentí ganas reales de dedicarme a esto. Fue un camino difícil el de convertirme en mamá. Perdimos dos embarazos muy avanzados, uno a los casi seis meses, lo cual como pareja fue durísimo. Cuando tuve a nuestra hija en brazos, se me hizo muy evidente que quería animarme a hacer lo que me gusta. Fue así que empecé a trabajar con novias. Yo venía probando en el mundo de las bodas de forma muy autodidacta, y desde el primer casamiento supe que esto era para mí. Había subido un par de fotos en Facebook y así, de boca en boca, llegué hasta hoy. Toda una carrera a base de recomendación en recomendación. Hoy ya hemos trabajado con más de 300 novias. 

Hoy Silvia Ruiz se convirtió en una empresa consolidada…

Sí, con el tiempo los servicios se fueron ampliando y empecé a necesitar armar equipo. Hoy Silvia Ruiz es una empresa en la que yo soy la directora creativa, pero tengo dos grandes equipos: por un lado las flores y por otro lo que refiere a wedding planner. Aunque todas nos involucramos en todo.

En decoración trabajo en conjunto con Caro y Cintia Silvera, dos hermanas floristas que admiro mucho. Ser florista implica saber mucho de técnica, colorimetría, composición, tendencias. Ellas tienen muchos años de experiencia en esto. En el equipo está también Paola Manfredi, que fue novia mía. Yo le hice el tocado y el ramo de novia para su boda y ella quedó muy apasionada con el universo de las flores. Pao es contadora, tiene su trabajo en lo suyo, pero empezó a involucrarse con las flores y hoy forma parte de nuestro equipo.

También está Eugenia Viera, que también fue novia mía, se involucró en toda la parte de wedding. Ella había hecho el curso de wedding planner en ITHU pero nunca había trabajado de eso. Después de ser mamá decidió sumarse a nuestro equipo. 

Yo compartía estudio con Mey Martinez, que es maquilladora y tiene una visión creativa impresionante. Para mí es una gran productora, porque tiene un sentido estético, sabe trabajar los colores y lo creativo de una manera increíble. El resultado de su trabajo es maravilloso y quería desde hace tiempo que venga a trabajar conmigo. Finalmente se sumó al equipo. Mey, que sabe mucho de estilismo y de color, los acompaña a los novios en todas sus decisiones. Se entrevista con ellos, los acompaña en la elección del vestido y el traje, los zapatos, los accesorios, en el armado de equipo tanto de pelo y maquillaje, asesora en colorimetría, los acompaña al hotel. Es un acompañamiento personal y estético. Es la frutillita de la torta.

A todo nuestro equipo se suma una red de proveedores muy grande. El trabajo en bodas es muy zafral, la temporada comienza en septiembre/octubre y termina en abril. De acá a octubre del año que viene estamos explotadas de trabajo, incluso ya tenemos dos reservas para 2028. 

¿Cuál dirías que es su diferencial?

El universo de las bodas ha tomado mucha fuerza en los últimos años. Antes se elegía el salón, el catering y el vestido. Hoy hay miles de variantes más: el after después del casamiento, banda, coro, carro de helados, carro de panchos, estación de café, instalaciones de fotos, cotillón personalizado... ha cambiado mucho el negocio y es un verdadero evento de gran sentido estético y conceptual. Nosotras le damos mucha importancia a la historia que contamos en cada experiencia. De hecho, trabajamos en base a la frase "una nueva historia que contar". Sentimos que ese es nuestro diferencial. Va a sonar cursi, pero es muy emocionante que dos personas se elijan para casarse, que tomen el compromiso y decidan celebrar esa unión. Dos familias, dos grupos de amigos, dos personas bajo un mismo cielo que se reúnen para celebrar esa unión. Nuestro rol es contar esa historia, respetando su identidad y lo que ellos quieran proyectar ese día. 

En una boda se mueven muchas cosas a nivel emocional. Además de todo lo lindo, también hay nervios, ausencias, distancias, conflictos familiares. Nosotras trabajamos para que todo salga como lo proyectan los novios.

Hablemos de Faro, ¿Cuándo surge y cómo se compone el equipo?

Después de haber dejado mi trabajo en la Intendencia, sentí ganas de volver a todo lo que me conmueve de la arquitectura, que tiene que ver con diseñar, ambientar, decorar y dirigir. Yo soy una diseñadora de interiores frustrada y este proyecto nace de esa búsqueda. 

Faro es el proyecto de arquitectura que encabezamos con Fabrizio, pero en el que somos un grupo de siete profesionales/amigos que respeto mucho. A diferencia de la otra empresa, para el estudio queríamos buscar un nombre que abarque a un grupo de personas, por eso fuimos por Faro.

Nuestro estudio está ubicado en Punta Carretas, en Ellauri y Montero. Tenemos equipo en Montevideo y Punta del Este y una enorme red de proveedores, que son imprescindibles, porque esto es un trabajo en equipo. Hacemos principalmente reformas residenciales y algunas cosas puntuales comerciales. El proyecto tiene tres años y estamos súper contentos con cómo viene creciendo. Nuestros primeros clientes oficiales fueron una pareja de novios a los que les había hecho la boda. Es una especie de red. Ya han pasado varias parejas que primero hacemos la boda y luego sus casas. Uruguay se mueve como una gran cadena de recomendaciones.

¿Qué buscás transmitir a través de tu trabajo?

Los años, la experiencia y el recorrido de la vida te ayudan a apreciar distintas cosas. Me gusta salir de lo convencional. Cada experiencia humana es distinta y también los estados de cada uno. Me interesa que las casas no sean solo de revista, que sean reales con la vida de una familia, de un hogar vivido. Cuando se acercan los clientes a Faro, yo aclaro que nosotros vamos a tu casa, para nosotros es clave saber cómo vivís, qué cosas te hacen ser la persona que sos. La personalidad y el carácter son individuales en cada reforma que hacemos, porque respetamos la individualidad, no la tendencia. Buscamos interpretar cómo vivís, cómo querés proyectarte y cómo podemos ayudarte en ese proceso.

| “Respetamos la individualidad, no la tendencia”.

¿Cómo fue el proceso de irte transformando también en creadora de contenido?

Yo soy muy desfachatada. Siempre me gustó transmitir conocimiento, la docencia, y admiro mucho la comunicación. Con mi desparpajo me fui animando a compartir cosas de mi vida personal y profesional. Nunca me creí una exponente de la moda, soy XL, que tampoco me impide, pero me he dado cuenta que la conexión con las personas pasa desde ahí: de preguntarme de dónde es mi camisa, pasar un dato de deco o adorar a mi perro. Empezó con clientas, ex-clientas y de a poco esa comunidad fue creciendo. También tuve una columna en TV Ciudad sobre flores y eso también impactó en la comunidad. Una cosa fue llevando a otra y terminé creando contenido, que lo disfruto mucho. 

Ping pong con Silvia Ruiz:

  • Un libro: “Flores: La teoría del color”, de Michael y Darroch Putnam
  • Una película: Medianoche en París 
  • Un referente: Mi tía Beatriz
  • Tu flor favorita: Strelitzia, la flor de pajarito. 
  • Un destino pendiente: España

Fotos: Mauricio Rodriguez  | Spot de fotografía: Hotel Boutique Le Bibló

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