En primera persona con Popi Damiani

(Por Agustina Amorós) Desde hace 15 años está al frente de Vdamiani junto a su hermana Victoria. Es una experta en combinar reserva y exposición, femineidad y rebeldía. La vemos mostrar los new in de su marca y registros de sus viajes aventureros, pero hace años no la escuchamos hablar en entrevistas personales. Popi Damiani (36) es mamá de Tomás y Marina y nos sorprende con la noticia de que está esperando la llegada de su tercer hijo. En esta charla íntima con InfoStyle, hacemos un recorrido laboral y personal por la vida de una de las diseñadoras pioneras en moda uruguaya.

Popi me espera para esta charla luego de su clase de tenis. Me ve llegar y bloquea su celular para hacer foco en nuestra charla y en su fondo de pantalla deja ver un retrato familiar que parece salido de una publicidad. Se los ve a los cuatro en una playa paradisíaca, Popi y su esposo, Gabriel Puig, sonríen junto a sus hijos Tomás (5) y Marina (3). “Es muy increíble porque él es un calco del padre y ella de mí, y en personalidad también coinciden”, cuenta Popi, que está expectante por conocer la personalidad de su próximo hijo varón, que nacerá en octubre. 

“Yo vengo de una familia numerosa y me siento cómoda en el caos. Además, me divierto mucho con mis hijos”. Me cuenta que está terminando el primer trimestre y que está deseosa de ir recuperando su energía, ya que es muy activa y extraña su energía habitual. 

A nivel logístico este año no implicará grandes movimientos, ya que hace menos de un año se instalaron en una casa en Parque Miramar con suficiente espacio para los cinco. “Vivíamos en apartamento y, deseando tener jardín, en agosto del año pasado nos mudamos a esta casa. Era un proyecto que ya estaba casi cerrado, pero –lamentablemente para el arquitecto– yo llegué a tiempo para meter cuchara en el diseño. Me encanta el interiorismo, por lo que me embarqué en hacer pequeños cambios que le den nuestro toque personal sin tener que cambiar todo el proyecto. Me embarqué en eso sola, sin experiencia ni asesoramiento, pero quedé muy contenta con el resultado. En la vida hay que tirarse al agua”, dice Popi y nos adentramos en su recorrido con ojos aventureros. 

| Es mamá de Tomás y Marina y nos sorprende con la noticia de que está esperando la llegada de su tercer hijo.

| “Es una gran satisfacción ver que el público internacional valora nuestras prendas”.

¿Cómo fue tu infancia y qué cosas te marcaron en esos primeros años?

Vengo de una familia grande. Somos seis mujeres y un varón, y yo soy la quinta. En casa compartíamos muchísimo entre nosotras. Yo admiraba mucho a mis hermanas más grandes, tuve mucha influencia en gustos, intereses musicales, incluso desde lo social. De chica era un poco más tímida y fui desarrollando mucho a partir de ellas.

Vivimos toda la vida en una casa en el Prado, con un jardín gigante. Fuimos todas a Los Pilares, un colegio de mujeres, que mis padres eligieron por la formación católica y lo que tiene de bueno es que va gente de todas partes de Montevideo y es muy diverso. Ya en el liceo fui al Juan XXIII y me rebelé un poco más. Nunca fui una estudiante perfecta, hacía lo mínimo indispensable para estar bien en lo académico y después iba al colegio a divertirme.

| “Yo vengo de una familia numerosa y me siento cómoda en el caos. Además, me divierto mucho con mis hijos”.

¿Tenías claro que querías estudiar diseño?

Sí, siempre estuve muy segura. En cuarto de liceo tuvimos charlas con profesionales antes de elegir qué bachillerato hacer y tengo el recuerdo grabado de que vino Sofía Carluccio, que es diseñadora de vestidos de novia y apenas contó sobre lo que hacía y su experiencia de estudio en el Centro de Diseño, supe que quería hacer eso. Era una época en que las carreras tradicionales eran la norma y cuando supe que existía esta opción, no lo dudé. Me tenía que fumar científico, que no era mucho mi perfil, pero era la forma de poder entrar al Centro de Diseño, que además tenía prueba de ingreso. Me preparé para la prueba, pude entrar, y el primer año fue lo que más disfruté. Me armé un grupo de amigas, los primeros semestres estaba todo junto, industrial y textil y fue un descubrir interesante a nivel diseño. Arranqué la universidad ya con trabajo y nunca dejé de estudiar y trabajar en paralelo. Fui una estudiante curiosa e inquieta y quería meter las manos en la masa.

¿Cómo fueron tus primeras experiencias laborales?

Cumplí 18 y empecé a enviar currículums a escondidas de mis padres. Quería trabajar en moda y conseguí trabajo como vendedora en una tienda del shopping. Yo me quería meter en el mundo de la moda a toda costa, pero a ellos les estresaba mucho ese trabajo, porque mi foco debía ser la facultad. Duré apenas tres meses en ese primer trabajo hasta que una tía me ofreció cambiarme a su empresa, ella y sus hermanas se dedican al cuero. Fue una experiencia re linda, estuve 5 años trabajando en la empresa de mi tía. Arranqué en ventas pero me dieron mucha confianza y crecí mucho: pasé por ventas, trato con proveedores, control de calidad y después en diseño. Fue una experiencia increíble. Yo iba a la facultad a la mañana y después me iba a trabajar.

| “Me encanta el interiorismo, por lo que me embarqué en hacer pequeños cambios que le den nuestro toque personal sin tener que cambiar todo el proyecto”.

Por esa época empecé mi propia marca de bikinis y en paralelo Vic ya estaba arrancando con Vdamiani y me empezó a tentar para que me vaya con ella. Empecé a hacerle algunos diseños en paralelo. Se me empezó a hacer muy cuesta arriba la facultad, llegaba agotada, sin dormir, mi cabeza iba a mil. En ese momento no me era compatible trabajar y estudiar; y yo era muy inquieta, no podía dedicarme solo a lo académico, quería desarrollar mis propios proyectos. En un momento se me hizo imposible seguir con ambas cosas y aposté al trabajo. Fue bastante natural dejar la facultad porque estaba convencida, aunque en su momento me pesó no terminar la carrera universitaria. Me lo he replanteado incluso de grande, ahora que el Centro de Diseño tuvo una gran reestructura, pero llegaba a la conclusión de que era terminar por terminar. Decidí sumar otras cosas, estudié Marketing en UDE y también Digital en UM. No descarto seguir estudiando cosas que me sumen a mi vida profesional y que estén más adaptadas a mis tiempos actuales. 

Contame de tu marca de bikinis, ¿cómo surgió?

Fue un proyecto propio que surgió espontáneamente. Al principio la marca se llamó Florence Damiani y luego quise despegarlo de mi nombre y pasó a llamarse Marino –increíblemente hoy mi hija se llama Marina–. Era una marca que tenía una fuerte impronta en diseño: apliques de flores, moñas, colores. La marca duró muchos años y hasta hoy tengo clientas que me piden que vuelva. Lo mantuve varios años, pero la temporalidad de los bikinis la volvían más compleja. La dejé hace relativamente poco, cuando nació mi primer hijo. Fue un proyecto personal que quise mucho. 

| “Ver que nuestros productos perduran en el tiempo es una gran satisfacción”.

¿Cómo fue tomar la decisión de asociarte con tu hermana en Vdamiani?

Fue progresivo. Vic estaba con todo el furor de los vestidos de fiesta que eran diseños únicos y la empecé a ayudar con diez diseños por semana y luego diseñé una colección de remeras. Yo venía con mucho impulso de diseño de facultad. Vic quería que dejara mi trabajo fijo de diseño y me asociara con ella. Para mí era una decisión importante, nosotras vivíamos juntas, dormíamos en el mismo cuarto, y para mi era prioridad mantener la relación divina de hermanas. Me daba miedo mezclar lo laboral y que se generen tensiones. Tengo el recuerdo de hablar con ella seriamente de que si trabajabamos juntas, la prioridad iba a ser nuestro vínculo de hermanas. En 2012 decidí tirarme al agua. Somos muy diferentes pero nos estendemos mucho, el respeto es la base de nuestro vínculo. Ya vamos 15 años trabajando codo a codo y no lo cambiaría por nada.

| “Era una época en que las carreras tradicionales eran la norma y cuando supe que existía esta opción, no lo dudé”.

¿Cómo se organizan con Vic en cuanto a roles de cada una?

Ha ido variando con el tiempo. En los inicios fui muy respetuosa, porque ella fue quien inició la marca y tenía el “know how” y con el tiempo fuimos creciendo codo a codo. Somos una dupla que se entiende sin hablar. Estamos juntas en todo lo que tiene que ver con diseño y redes. Nos escuchamos y respetamos mucho y tenemos la suerte de poder apoyarnos una con la otra en los distintos momentos de la vida de cada una. Primero empezó Vic con su maternidad, y luego de la pandemia yo tuve a mis hijos, que fueron muy seguidos y ahora estoy embarazada del tercero. Es distinto cuando estaba soltera y sin hijos, que me quedaba hasta las mil en el local, no tenía problema en hacer fotos un domingo, y mi tiempo era todo para el trabajo, hoy nos toca organizarnos distinto. Somos un equipo de mujeres y la empresa acompaña esos momentos personales. Nuestra encargada de e-commerce también está embarazada, nuestra compañera de administración se casa en mayo... Nos interesa generar equipos estables y humanos. Somos muy conscientes en Vdamiani que los proyectos y las metas laborales son importantes, pero no están exentos de lo personal.

| “Somos una dupla que se entiende sin hablar, un equipo de mujeres y la empresa acompaña esos momentos personales”.

¿Cuántas personas trabajan hoy en Vdamiani?

Somos un equipo muy consolidado de siete mujeres. Somos Vicky y yo en diseño, una encargada de e-commerce, una persona en administración, y tres vendedoras en el local de Carrasco. Luego se suma el equipo de temporada en José Ignacio.

| “Por esa época empecé mi propia marca de bikinis y en paralelo Vic ya estaba arrancando con Vdamiani y me empezó a tentar para que me vaya con ella”.

¿Cómo fue la experiencia esta temporada?

Fue una temporada re linda. Por primera vez decidimos probar solas, sin otras marcas que nos acompañen. El local es chiquito pero está muy bien ubicado. Es un local con mucha importa de playa, que es lo que nosotras queríamos. Este es nuestra segunda temporada en José Ignacio, estamos más organizadas. Es una gran satisfacción ver que el público internacional valora nuestras prendas. Además del local en José Ignacio, hace tres temporadas que estamos en Menorca en un local allá. Fue una anécdota re linda, fuimos a un viaje juntas de hermanas a Menorca a hacer contenido. Yo quería ir a conocer Can Sab, una tienda increíble que tiene mucho de decoración, moda y diseño. Fuimos juntas a conocer y coincidió que estaba la dueña, nos conocimos y muy orgánicamente empezamos a exportar algunos productos para allá. Can Sab es una tienda increíble, para nosotras es un sueño que nuestras prendas estén disponibles allá.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

En moda se viven muchos momentos de estrés, pero es una satisfacción muy grande ver los resultados. Puedo estar en un día muy desafiante y me subo a un ascensor y veo a una persona con una prenda Vdamiani y la emoción es muy grande. Ver la calidad del producto final, los cortes. Ver que nuestros productos perduran en el tiempo es una gran satisfacción para el ritmo que se mueve la industria hoy.

| “Can Sab es una tienda increíble, para nosotras es un sueño que nuestras prendas estén disponibles allá”.

Ping pong con Popi Damiani:

  • Una película: A star is born
  • Un músico: Roxette. 100 % por influencia de mis hermanas. 
  • Un hábito: Amanecer con música
  • Un destino: Formentera
  • Un sueño por cumplir: Irnos todos de motorhome a Australia. Lo hicimos con mi esposo de luna de miel y prometimos volver en familia. 

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