En primera persona con Natalia Melcon

(Por Agustina Amorós) Natalia Melcon (35) trabajó en medios desde los 4 hasta los 14 años. Fue parte del elenco de un éxito televisivo que marcó a una generación entera. La argentina que interpretaba a Tali en “Chiquititas” se bajó del mundo Cris Morena hace veinte años. Hace pocos meses se abrió a contar su historia de vida con una honestidad brutal que la reconectó de inmediato con la gente. A pesar de llevar una vida alejada del radar mediático, dos décadas después volvió a Israel para revivir aquel éxito de su infancia y empezó a pisar más fuerte en sus redes sociales, constatando que el cariño de la gente sigue intacto.

Cuando en InfoStyle conocimos la historia de vida de Natalia Melcon, sabíamos que queríamos saber más. Nos contactamos con ella de inmediato, que enseguida nos habló de su amor por Uruguay. Era víspera de su cumpleaños y estaba entre las posibilidades que viniera a celebrarlo a Punta del Este, pero finalmente los planes cambiaron cuando surgió un viaje a Tailandia a celebrar Año Nuevo; por lo que nos vimos obligadas a coordinar la entrevista en formato virtual. Ya de regreso de sus vacaciones, un día normal de semana, agendamos nuestra charla. Natalia llegó a las corridas de la oficina, se dio una ducha rápida y, al conectarse, se disculpó por atendernos a cara lavada. Como auténtica chica Cris Morena, Natalia tiene ese halo angelical que las caracteriza. Habla con un tono de voz muy dulce y sus ojos muestran una sensibilidad única, esa que te da una historia de vida dura. Su infancia se alternó entre un éxito masivo en televisión y las adicciones de su papá. En su adolescencia atravesó el suicidio de su padre refugiada en su familia y lejos de los medios. Hoy lleva una vida tranquila, trabajando en el Poder Judicial, y ahora, a sus 35 años, siente ganas de volver a la tele. Su propia historia, lejos de ser un peso, la lleva a vivir la vida con liviandad y aprender a conectar con lo bueno. Aquí, un recorrido por la vida personal y profesional de Natalia Melcon.

Empezaste a trabajar en medios a los 4 años, ¿qué recuerdos tenés de esa época?

Sí, ya a los 4 años hacía gráfica publicitaria. A los seis me presenté al casting de “Chiquititas” y a los siete empecé a grabar. Me apasionaba el mundo de Cris Morena. Era muy hiperactiva y un poco rebelde. Mi mamá se resistía a llevarme a los castings: tenía el prejuicio de que eran todos acomodados y nosotros somos de Lugano; mi familia no tenía ni un solo contacto. Los castings de Cris eran multitudinarios. Llegamos con mi hermano y mi mamá y nos encontramos con una fila eterna. Con mi hermano, que veníamos de un viaje largo desde Martínez en ómnibus, nos empezamos a fastidiar y a pelear entre nosotros.

Según nos cuenta mi madre, Cris nos sacó a los dos de la fila, nos explicó que no había que pelear y aprovechó para hacernos la prueba de cámara. Yo ya venía de dos castings rechazados: uno porque era muy chica y otro porque no sabía bailar. Entonces me paré frente a la cámara y les dije que yo no sabía bailar; que si me iban a decir que no por eso, me lo dijeran ya, así nos íbamos a casa, porque ya me habían dicho que no por eso y no quería perder el tiempo. Todo el equipo se rió con mi actitud. Creo que ahí tuvo mucho que ver mi personalidad, que en parte la heredé de papá. Él me enseñó a ser respetuosa, pero también a poner límites. Me quedé con cosas muy buenas de él.

Hace poco en una entrevista contaste tu historia de vida a corazón abierto, ¿cómo te sentiste luego de hablar públicamente de eso?

Recibí muchos mensajes a raíz de contar mi historia. Mucha gente conectó conmigo porque vivió o vive una situación similar. Lamentablemente, el tema de las adicciones es algo que toca a muchas familias. Yo, por suerte, tuve mucha contención. La familia de mi mamá me apoyó mucho y también me ayudó estar tanto tiempo fuera de casa, grabando. Si bien no está bueno evadirse, es una realidad que estar ocupada, entretenida y contenida en un equipo como el de Cris me salvó.

Mi papá se suicidó cuando yo tenía 15 años. Esperó a que pasara mi fiesta de 15, que fue en diciembre, y en febrero tomó la decisión de morir. Hice muchos tratamientos psicológicos y abordé el tema de una manera que hoy, después de muchos años, me permite quedarme con todo lo que aprendí, con lo positivo. Yo creo que fue un buen padre, más allá de la enfermedad que tenía.

¿Cómo viviste las repercusiones mediáticas tras contar tu historia?

Recibí muchos mensajes de cariño; siempre tuve buena onda con la gente. También es cierto que hay personas que, por estar detrás de un celular, se sienten con el poder de decir cualquier cosa. Tengo la suerte de que no me pasa seguido, pero recibí un par de mensajes hirientes: desde opinar sobre mi infancia sin ningún tipo de empatía, hasta decir que hablo como una “MiliPili”, algo totalmente alejado de la realidad. Nací en Lugano, fui toda mi vida a un colegio público en Soldati, uno de los barrios más pobres de la capital, trabajo desde que soy chiquita: de MiliPili no tengo nada. En la entrevista estaba hablando de un tema muy duro, estaba nerviosa y me costaba comunicarme; es hiriente que alguien repare en eso sin tener en cuenta el contexto. Lo veo en otras cosas también: muchas conclusiones sin información, mucho odio. Si no ponemos un freno a eso, ¿a dónde vamos como sociedad?

Volviendo a tu infancia, ¿cómo fue para ti trabajar en televisión siendo una niña?

Conservo los recuerdos más lindos de esa época. Era muy divertido: se sentía como irte de vacaciones con tus primos todo el año. Era, en parte, un juego, pero también teníamos la responsabilidad de estudiar la letra, aprender canciones y coreografías y cumplir horarios. Cuando rodamos la película de “Chiquititas”, nos fuimos todo el elenco al sur a grabar durante un mes entero. Nuestros padres se turnaban para estar con nosotros: nos peleábamos, nos amigábamos, jugábamos y nos portábamos mal. No dejábamos de ser un grupo de chicos; por momentos éramos insoportables. 

¿Había mucho rigor en el set? 

He escuchado que algunos lo sufieron. Cada uno tuvo su propia experiencia y lo vivió a su manera. Yo siempre me sentí muy contenida: había un equipo atento a nosotros en todo sentido, desde sí nos iba bien en el colegio hasta si estábamos bien en lo personal, y además nos daban muchas herramientas: clases de canto, baile y actuación.

Cris era exigente en el sentido de que había un plan de grabación que respetar. Había que cumplir con los tiempos y nosotros no dejábamos de ser chicos; de repente había que repetir mil veces una escena porque estábamos todos tentados por algo, decían acción y no podíamos parar de reírnos. En esos casos nos retaban, pero yo no lo vivía negativamente. Además, el día que me quise ir, no hubo ningún problema con eso: nadie nos obligaba a estar en ese lugar. A muchos, como a mí, nos cambió la vida. Yo pude comprarme mi propia casa gracias a esos años de trabajo. Jamás tuve un problema con la producción.

¿Por qué decidiste dejarlo? ¿Cómo siguió tu vida luego de dejar de trabajar en televisión?

Volví de un viaje a Israel con “Rincón de Luz” y le dije a mi mamá que quería dejar. Quise irme por varios motivos. La razón principal fue todo lo que estaba pasando a nivel familiar, pero también estaba cansada tras muchos años de trabajo. Fue importante escuchar mis tiempos; la realidad es que quería hacer cosas de adolescente. Estaba pasando un momento muy difícil a nivel personal y necesitaba la contención de mi familia y de mis amigos. No me arrepiento de la decisión que tomé.

Actualmente trabajás en el Poder Judicial, ¿en qué consiste tu trabajo?

Sí, entré en 2010 al Poder Judicial. Estoy en el Ministerio Público Fiscal, en el área de vinculación ciudadana. Es un trabajo administrativo: trabajamos con vecinos de diferentes comunas y evaluamos reclamos.

Hace poco viajaste a Israel a hacer un “revival” Cris Morena, ¿cómo fue esa experiencia?

Sí, disfruté muchísimo esa experiencia. Me contactó una chica de allá que estaba armando un proyecto de “Volver al hogar”, reuniendo a algunos de los chicos de Erreway, Rincón de Luz, Chiquititas, Floricienta y Casi Ángeles. Viajamos el año pasado junto a Nico Maiques y Nico Riera para cantar en Israel. A mí lo que me gustó siempre fue el contacto con la gente y allá el mundo Cris Morena sigue muy presente: siempre somos muy bien recibidos en Israel.

Narraste una situación de acoso con un seguidor de tus redes sociales, ¿qué aprendizajes te dejó lo que pasó?

Sí, una persona que me escribía por redes sociales se presentó en un hotel en el que yo estaba vacacionando, en medio de una isla, en Brasil. Yo no tenía ningún vínculo con él, me escribía todo el tiempo y apareció en el hotel. Me asusté mucho, me tuve que ir de la isla; me dio mucho miedo la situación. Tuve que hacer la denuncia en Buenos Aires y también en Río de Janeiro.

Hace poco me preguntaron si estaba en Tinder; respondí que no —no uso ni tengo Tinder— y, sin embargo, hay un perfil con mi nombre y mis fotos y, lo peor, está verificado. ¿Cómo se hizo eso? No lo sé, pero la cuenta está. Hay un vacío legal muy grande en lo que tiene que ver con Internet y las cuentas truchas. Me preocupa especialmente porque hay muchos menores de edad navegando muchas horas en internet; los padres muchas veces no están al tanto de lo que sucede ahí y hay muchos casos de grooming y estafas. Colectivamente tenemos que tomar conciencia de los peligros y denunciar este tipo de situaciones.

¿Cómo te cuidás en la vida real a partir de tu exposición digital?

Yo ya no subo nada en tiempo real. Menos en viajes ni estando sola. Trato de cuidarme mucho en ese sentido. Uno no se da cuenta de la información que comparte y de los peligros que eso puede implicar cuando llega a personas que no tienen buenas intenciones. 

Otro punto importante es cuidarse la cabeza con las redes sociales: generan mucha ansiedad. En un momento viajé a Europa con una amiga y, si bien subía fotos increíbles porque estábamos conociendo lugares alucinantes, en la realidad estaba literalmente llorando en el Café de Flore. Estaba pasando un momento angustiante en mi vida, pero eso no se veía reflejado en las redes sociales. Es importante no compararse con la vida de otros, porque solo se ve una parte, la que el otro elige mostrar. Las redes sociales no son la realidad. Hay que cuidarse la cabeza, ver contenido que aporte y no perder el tiempo con frivolidades.

¿Qué se viene para este nuevo año?

Por ahora, seguiré trabajando dónde estoy, lo llevo muy bien; aunque me re gustaría volver a trabajar en televisión. Me encantaría que fuera con Cris, porque me gusta mucho su forma de trabajar y siento que sería la persona con la que me sentiría cómoda para volver a grabar.

También quiero seguir trabajando con mis redes sociales. Pasé Año Nuevo en Tailandia y, si bien aún no subí nada, tengo mucho contenido para compartir. A lo largo de mi vida tuve la suerte de viajar mucho por trabajo y conocer distintas partes del mundo, y este es, sin dudas, el destino más alucinante que conocí. Son muchas horas de vuelo y es cierto que el pasaje es caro, pero la vida allá es muy barata y es un destino increíble. Quiero hacer campaña para que nadie se quede sin conocer Tailandia. Me gustaría este año meterle más a mis redes, reseñar lugares y mostrar mis viajes. La conexión con la gente la disfruto mucho.

Ping pong con Natalia Melcon:

  • Un hábito: Agua con limón
  • Un libro: “El poder del ahora” de Eckhart Tolle
  • Una película: Diario de una pasión
  • Un sueño por cumplir: Formar una familia
  • Un destino: Tailandia

Fotos: @phnegri

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