No es la primera vez que Simon Porte Jacquemus dialoga con este museo: ya lo había hecho en 2018, cuando demostró que su visión iba mucho más allá de la pasarela tradicional. Volver al Museo Picasso no es un gesto nostálgico, sino una reafirmación de identidad. Aquí, la moda se piensa como lenguaje cultural, como obra viva que conversa con el arte, la arquitectura y el tiempo.
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La elección del espacio refuerza una idea que Jacquemus sostiene desde sus inicios: la moda como experiencia artística. No se trata solo de ropa, sino de emoción, de narrativa, de contexto. Desfilar entre obras maestras implica asumir riesgos, pero también elevar el mensaje: vestir es una forma de expresión tan potente como pintar o esculpir.
Así, París vuelve a ser testigo de ese cruce perfecto entre moda y arte. Jacquemus cierra una etapa y abre otra, con la sensibilidad que lo caracteriza y la convicción de que los desfiles no solo se miran, se sienten. Porque cuando la moda entra al museo, deja de ser tendencia para convertirse en cultura.
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