Redes sociales bajo la lupa: Zuckerberg declara en un juicio histórico que podría cambiar el futuro digital de los menores

Hay momentos que marcan un antes y un después en la cultura contemporánea. Y este podría ser uno de ellos.

Desde principios de febrero, Meta y Google enfrentan un juicio histórico en el Tribunal Superior de Los Ángeles. La acusación es tan directa como inquietante: haber diseñado plataformas que generan adicción en menores y que, potencialmente, causan daños en su salud mental.

Esta semana, Mark Zuckerberg, CEO de Meta, subió al estrado para declarar por primera vez en este proceso judicial sin precedentes. En el centro del debate están Facebook e Instagram. Pero, en realidad, lo que se discute es mucho más profundo: cómo crecen —y qué pagan emocionalmente— las nuevas generaciones en la era del algoritmo.

El proceso comenzó a partir de la denuncia de una joven de 20 años identificada como K.G.M., quien afirma haber sufrido daños psicológicos severos tras años de exposición a redes sociales. Según su testimonio, comenzó a consumir YouTube a los 6 años y, con el tiempo, se unió a Instagram, Snapchat y TikTok. Empezó a usar Instagram cuando tenía apenas 11.

Sus abogados sostienen que funciones como el scrolling infinito —deslizar contenido sin fin— y la reproducción automática fueron diseñadas para aumentar el tiempo de permanencia y generaron en ella una dependencia tecnológica que exacerbó la depresión, la ansiedad, las autolesiones y pensamientos suicidas.

Antes de que iniciara el juicio, Snapchat y TikTok llegaron a acuerdos confidenciales con la demandante. Google y Meta no conciliaron y ahora enfrentan el litigio en los estrados.

K.G.M. es el primer caso “bellwether” —un juicio piloto seleccionado entre más de 1.500 demandas similares en Estados Unidos contra Meta, Google, Snapchat y TikTok. La decisión que se tome aquí podría sentar precedente para los otros procesos que se desarrollarán a lo largo de 2026.

Durante su declaración, Zuckerberg fue interrogado sobre si Facebook e Instagram fueron creadas para generar adicción en jóvenes y si Meta implementó estrategias específicas para aumentar la presencia de adolescentes en sus plataformas.

Uno de los primeros puntos que se abordaron fue la presencia de menores de 13 años.
“No están permitidos en Instagram”, respondió tajante. Sin embargo, el abogado del demandante señaló que la exigencia obligatoria de fecha de nacimiento para nuevos usuarios comenzó recién en 2019. K.G.M., según el expediente, ya utilizaba la plataforma antes de esa medida.

En relación con el tiempo de uso, Zuckerberg reconoció que en los primeros años de la compañía existieron metas vinculadas al engagement, pero aseguró que desde hace tiempo el enfoque cambió hacia la “utilidad y el valor”.

“Hay una suposición básica que tengo de que si algo es valioso, entonces la gente lo hará más”, afirmó.

Su postura se mantiene firme: sostiene que la evidencia científica actual no ha demostrado de manera concluyente que las redes sociales causen daño directo a la salud mental.

El juicio también pone en tensión una cuestión conceptual clave: ¿existe realmente algo llamado “adicción a las redes sociales”?

Eric Goldman, profesor de Derecho en la Universidad de Santa Clara, lo explicó en diálogo con Wired:
“No hay una definición médica o psicológica de la adicción a las redes sociales que haya sido ampliamente reconocida, y no hay una norma jurídica que la reconozca. Ambas partes van a luchar sobre si existe o no siquiera una cosa llamada ‘adicción a las redes sociales’”.

En esa línea, Adam Mosseri, CEO de Instagram, negó la existencia de una adicción clínica y habló más bien de “consumo problemático”.

“Es importante diferenciar entre adicción clínica y uso problemático [...] Estoy seguro de que dije que era adicto a una serie de Netflix cuando la vi de un tirón hasta muy tarde una noche, pero no creo que sea lo mismo que una adicción clínica”, sostuvo la semana pasada ante el tribunal.

Las palabras revelan una discusión que va más allá de la tecnología: es semántica, médica, legal y profundamente social.

Este litigio también desafía la histórica protección de la Sección 230 (mencionada en el proceso como Sección 320), la ley que tradicionalmente exime a las plataformas tecnológicas de responsabilidad por el contenido creado por sus usuarios. En este caso, la estrategia legal no se enfoca en los contenidos en sí, sino en el diseño de las plataformas: algoritmos, funciones, arquitectura digital.

Si Meta o Google fueran declaradas responsables, no solo se enfrentan a indemnizaciones millonarias. El tribunal podría exigir transformaciones estructurales en la forma en que funcionan estas redes.

Se espera que el juicio dure entre seis y ocho semanas. Es el primero de 22 juicios piloto previstos para 2026.

Mientras abogados discuten definiciones técnicas y los CEOs defienden sus modelos de negocio, hay una conversación más íntima que atraviesa este proceso: la de padres preocupados, adolescentes vulnerables y familias que intentan entender cómo equilibrar conexión y bienestar.

Algunos estudios sugieren correlaciones entre uso intensivo de redes sociales y problemas de salud mental. Otros advierten que la evidencia aún no es concluyente. Lo cierto es que la generación que creció con pantallas en la mano está entrando a la adultez, y sus historias empiezan a escucharse en tribunales.

Las víctimas y sus familias esperan cambios profundos. Quieren que se revisen esas funciones invisibles —pero omnipresentes— que pueden incentivar el consumo compulsivo.

Porque más allá de la libertad de expresión y del “valor” que los usuarios encuentran en estas plataformas, la pregunta que flota en el aire es sencilla y poderosa:

¿Qué responsabilidad tienen las empresas cuando el diseño digital impacta en la salud emocional de quienes todavía están creciendo?

El veredicto aún no llegó. Pero el debate ya es imposible de ignorar.

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