Disponible desde hoy en todas las plataformas digitales, la canción funciona como una puerta de entrada —o mejor dicho, una ventana abierta— al nuevo imaginario sonoro de Drexler. Grabado en su mayoría en Montevideo, Taracá promete una inmersión en el pulso afro-uruguayo, y este primer single lo deja claro desde el primer golpe de tambor.
Enérgica, percusiva y sorprendente, “Toco madera” coloca al tambor en el centro de la escena, exaltando la clave más emblemática del candombe. Aquí, la madera no es metáfora decorativa: es materia viva, ritmo y raíz. La canción, escrita por Jorge Drexler y Carlos Casacuberta —sobre una idea original de Tadu Vázquez— y producida por Lucas Piedra Cueva, Mauro, Facundo Balta y el propio Vázquez, despliega una arquitectura sonora donde la tradición dialoga con una sensibilidad contemporánea.
El juego semántico es, como siempre en Drexler, parte esencial del hechizo. “Tocar madera” remite al gesto universal de ahuyentar la mala suerte, pero en el universo del candombe significa golpear la madera del tambor con el palo para marcar la clave rítmica. Entre superstición y percusión, entre rito íntimo y celebración colectiva, la canción oscila con firmeza y potencia. El lenguaje —tan suyo— vuelve a ser territorio de exploración poética.
El videoclip, dirigido por Mario Arenas, acompaña esta búsqueda con una propuesta conceptual y minimalista. Más que ilustrar la canción, la expande: es un ensayo visual sobre la centralidad de la clave en el candombe y un homenaje explícito a ese pulso que atraviesa generaciones. Sobrio, casi hipnótico, el video refuerza la idea de que menos es más cuando el ritmo lo dice todo.
Si este adelanto es una declaración de intenciones, Taracá será un manifiesto. El candombe —ritmo afro-uruguayo por excelencia— aparece como columna vertebral de un álbum que promete amalgamar canciones bellas, profundas y significativas. Drexler inicia así una nueva etapa creativa: más cerca de su origen, pero con la mirada puesta en la expansión. Tiende puentes, como siempre, hacia quienes se animan a cruzarlos.
En las próximas semanas se revelarán más detalles sobre el concepto que sostiene este trabajo. Pero una cosa es segura: cuando Drexler toca madera, no solo conjura al destino. Marca el compás de una nueva era.
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