Cineclub: el entretenimiento es secundario

(Por Mathías Buela) Para esta columna pateamos la estantería, con tanta mala suerte que se apagó la tele y cayó un libro de cine. 

Si entraste a leer esta nota pensando que Cineclub es una película de la que no habías oído tenés razón: no oíste de ella porque no es una película sino un libro. Pero ¡esperá! antes de cerrar la pestaña por sentirte estafado/a te invito a leer un poquito más, porque si hay algo tan lindo como ver cine es leer de cine (el periodista cruza los dedos para que no le bajen la columna).

¿De qué va el libro? A un adolescente que vive en el lado primermundista del planeta le va mal en el liceo y el padre busca una forma de ayudarlo. No es que el chico (gurí) sea rebelde ni mucho menos: simplemente no le gusta el liceo, no le encuentra la vuelta y eso se refleja en sus notas. Después de probar varios métodos, los padres toman una decisión desesperada: “¿Querés dejar el liceo?” le preguntan. Ante la obvia respuesta, le ponen tres condiciones: no puede trabajar, no puede consumir drogas y tiene que mirar tres películas por semana con su padre, ya que esa será la única educación que tenga. ¿Donde firmo?

David Gilmour y su hijo Jesse.

Así, a través de esas tres películas semanales, es que se empieza a desarrollar y profundizar la relación entre padre e hijo, sacando cosas buenas, no tan buenas y pésimas, pero siempre bajo la premisa de que el ejercicio es educativo.

El autor es David Gilmour y no tiene nada que ver con Pink Floyd sino que se dedica a escribir novelas en Canadá. Uno de los aspectos más llamativos de la novela es que está basada en la historia real de él mismo con su propio hijo, por lo que puede considerarse autobiográfica. Si te gusta el cine se te va a ir como agua entre los dedos y vas a entender cada una de las referencias a las decenas de películas que se mencionan o, en el peor de los casos, vas a aprender de cine junto con el hijo de Gilmour.

Fasano: el lujo sereno que conquista el mundo

Hay nombres que se vuelven sinónimos de elegancia. Fasano es uno de ellos. Nacido en São Paulo en 1902, este sello brasileño se ha transformado en un referente mundial de la hotelería de lujo, combinando historia, arquitectura, gastronomía y un estilo inconfundible que atraviesa generaciones. Esta semana, el grupo volvió a brillar en el mapa internacional al recibir múltiples reconocimientos, entre ellos cinco Llaves Michelin y destacados puestos en los rankings de Condé Nast Traveller en América, Europa y Estados Unidos.

En primera persona con Jimena Barbero

(Por Agustina Amorós) Jimena Barbero (36) es contadora y tiene un máster por la Universidad de Montevideo, aunque decidió dedicar su vida profesional a la gastronomía. Inspiradas en la trayectoria de su padre, junto a su hermana abrieron dos restaurantes en Carrasco. Desde hace nueve años están al frente de Manzanar —cuatro años consecutivos en la lista de los 100 mejores restaurantes de América Latina— y de Río, una propuesta complementaria que ya cumplió tres años. Está en pareja con el también gastrónomo Mateo Plada, y juntos tuvieron a Antonio, su bebé de un año. En vísperas de su cumpleaños, antes de soplar las velitas en su restaurante, Jimena se sentó a conversar con InfoStyle.

Jorge Drexler vuelve al origen: “Toco madera”, el latido afro-uruguayo que inaugura la era Taracá

Hay artistas que evolucionan y otros que, en un gesto casi alquímico, regresan a casa para reinventarse. Jorge Drexler pertenece a esta última categoría. Con la elegancia conceptual que lo caracteriza, el músico uruguayo presenta “Toco madera”, el primer adelanto de su próximo álbum, Taracá, el decimoquinto disco de estudio de una carrera que no conoce fronteras ni etiquetas.