Dentro de Viasono, en Charo la experiencia no termina en el plato. El entorno, el servicio y cómo se vive ese momento también cuentan. “Construimos Charo sobre una mirada concreta, ya que alrededor de una mesa importa tanto lo que se sirve como todo lo que eso moviliza”, explicó Leticia Copiz, directora del restaurante. “No es lo mismo ver una obra por una pantalla que estar en el teatro. Con la gastronomía pasa algo similar. Buscamos ser esa experiencia real”, agregó. La idea, según detalla, pasa por combinar comodidad calidad y sensibilidad. “Queremos que una persona se vaya mejor de cómo llegó”, remarcó.
En lo gastronómico, Charo tiene una cocina de producto, marcada por la estación y por la selección de proveedores. La carta se construye sobre recetas reconocibles donde manda el sabor. “Hacemos una cocina muy conectada con la materia prima, con la estación del año y con ingredientes elegidos entre lo mejor de quienes nos proveen”, señaló.
“No me interesa una gastronomía pensada para el lucimiento técnico. La técnica tiene que estar, pero acompañando sin volverse el centro”, aseguró.
En esa línea, la ejecutiva remarcó el equilibrio entre precisión y emoción. “Hay platos que quedan en la memoria y uno no siempre sabe explicar por qué. Muchas veces esa profundidad también viene de la técnica, pero como parte del todo”, destacó.
Otro diferencial está en la atención a distintas necesidades alimentarias y en el desarrollo de opciones inclusivas, sin perder coherencia con la cocina general. “Me importa que alguien que no consume azúcar o que elige comer sin gluten también pueda sentirse tenido en cuenta”, afirmó. “No siempre hace falta explicarlo: simplemente se disfruta”, enfatizó.
La coctelería, en tanto, ocupa un rol central dentro de la identidad de Charo, con procesos que se alejan de la inmediatez. “La barra funciona casi como un laboratorio. Tenemos destilados caseros y procesos largos que requieren paciencia. Sin eso, no podríamos ser quienes somos”, cuenta Copiz.
Entre ellos, destaca un whisky de chocolate filtrado gota a gota cada treinta segundos, reflejo de una lógica que prioriza el tiempo y el oficio.
En ese contexto, Copiz identificó un desafío central: sostener la coherencia en un espacio gastronómico vinculado a una marca de diseño como Viasono. “No alcanza con que la comida sea rica. Todo tiene que estar a la altura: el ambiente, el servicio, el ritmo, el mobiliario”, afirmó. “Tomamos decisiones todos los días priorizando lo que vive el cliente por sobre lo puramente comercial”, añadió.