En primera persona con Paula Melgar

(Por Agustina Amorós) Paula Melgar (32) creció en una zona rural de Migues, en el departamento de Canelones. Lejos del mundo de la moda, los brillos y los colores, llegó a Montevideo a estudiar Contador Público. Tres años después decidió hacer borrón y cuenta nueva. Se formó como maquilladora y se graduó en Producción y Comunicación de Moda en Integra. Hoy es una referente del beauty en nuestro país. A través de su cuenta @pauumelgar muestra su trabajo como make up artist, sus excepcionales proyectos artísticos y nos invita a todos a dar pinceladas en el maravilloso mundo creativo.

Subo al piso 12 de un moderno edificio de Cordón y una alfombra en forma de arcoíris me indica cuál es la puerta de su estudio. Pau me recibe con energía que irradia alegría y me da la bienvenida. Yo, que la sigo en redes, sé que llama a su comunidad como “Rainbows” o “La rainbowneta”, y no demoro en preguntarle por esa decisión. “Me emocionan mucho los arcoíris. Ese encuentro único y espontáneo con la naturaleza me hace bien en el cuerpo. Cuando los creadores de contenido empezaron a elegir nombres para sus comunidades, me di cuenta que mis seguidoras no son “Paus” en lo absoluto; yo celebro la individualidad de cada una, ¿quién sos vos?, ¿quién querés ser?, ¿qué querés para tu vida? Esa es la vibra que quiero transmitir. Me gusta la energía de los arcoíris, que es auténtica y diversa –más allá de lo sexual–, aunque la gente saca conjeturas sobre mi orientación sexual sólo porque amo los arcoíris y llevo el pelo rapado”, dice entre risas. Pau se comunica así, de forma espontánea y directa. Es puntual, estudiosa y rigurosa, como buena analista contable; intensamente curiosa, introspectiva y charlatana, como buena creativa. En esta charla para InfoStyle hacemos un recorrido por las mil vidas de Pau Melgar. 

¿Dónde creciste? ¿Cómo se compone tu familia de origen?

Nací en Montevideo, pero viví hasta los 17 años en Migues, una ciudad de 4000 personas en Canelones. Toda mi familia es de allá. Mi abuela materna –que es mi persona favorita en el universo– se dedicó siempre al campo. De hecho, nosotros crecimos a dos kilómetros y medio de Migues, en una zona bastante rural. En mi núcleo central familiar somos cuatro: mis padres y mi hermano, que es 5 años más grande que yo. Mi mamá es administrativa en el Liceo de Migues y mi padre siempre trabajó como camionero, un trabajo freelance en transporte de carga. Mi hermano es ingeniero en sistemas. Yo soy la única de la casa que se dedicó a lo creativo. 

| Este año hice un viaje a Brasil de mucha introspección de hacia dónde voy y qué estoy construyendo.

¿Cómo fue el proceso de elección vocacional?

Me vine a Montevideo a estudiar Contador Público. Mi hermano estaba estudiando ingeniería en la Universidad Católica y mis padres siempre quisieron darnos las mismas oportunidades a los dos –aunque somos dos personas muy distintas–. Como me iba bien en matemáticas, me fui por esa elección. Los primeros años iba todo en orden: no me pesaba ir a clases, me había hecho un buen grupo de amigos, iba salvando todo... pero cuando me empecé a enfrentar a las entrevistas laborales, se hizo evidente que no era lo mío.

Con mi hermano compartíamos un monoambiente en Montevideo y los fines de semana el plan era ir a Migues a cocinar para toda la semana. Tengo el recuerdo de estar cortando cebolla con mamá y ponerme a llorar desconsoladamente de crisis vocacional. Estaba muy angustiada, no quería eso para mi vida. No me llenaba, no imaginaba mi futuro en una oficia. Mi angustia era visceral. Por supuesto sentía mucha culpa, mis padres estaban haciendo una inversión enorme para que yo pudiera estudiar en Montevideo. Hasta ahora me acuerdo la reacción de mi mamá, y me emociona. En ese mismo llanto desconsolado, dejamos la cebolla que estábamos cocinando a un lado, y con mi mamá nos pusimos a investigar qué hacer. ¿Qué me gusta? ¿Qué me puede interesar? Si me gusta la moda y la comunicación, ¿qué puedo estudiar? ¿Qué hace un comunicador? Yo no tenía referencias de eso. Mi mamá se acordó de una anécdota, muchos años antes, en la que yo le había dicho que me quería ir a Montevideo a estudiar peluquería. En Migues no existía moda, ni comunicadores, ni maquilladores, pero sí había tres peluquerías. Me pareció un viaje lo importante que son las representaciones. Al día siguiente de esa crisis nos tomamos un ómnibus con mi mamá y me di de baja en la facultad. No podía creer el respaldo de mis padres. Fue duro para ellos, pero priorizaron tener una hija feliz… Mis viejos son dos laburantes, ninguno de los dos tuvo estudios. Mi mamá hubiera amado ser escribana y no pudo. Ellos se estaban esforzando mucho para que yo pudiera estudiar. Y para peor: yo no solo quería dejar la carrera, sino que quería perseguir un futuro incierto. Una carrera creativa y no tradicional. Nunca me imaginé que iba a estar donde estoy hoy.

| Me vine a Montevideo a estudiar Contador Público, pero cuando me empecé a enfrentar a las entrevistas laborales, se hizo evidente que no era lo mío.

¿Cuáles fueron los pasos a seguir para dar ese “volantazo” en tu carrera?

Estábamos a mitad de año, en el cambio de semestre, y a mí me quedaban dos materias para recibirme como Analista Contable. Le prometí a mis papás que iba a hacer el título intermedio y en paralelo decidí hacer un curso de maquillaje y ponerme a estudiar opciones para el año siguiente. Hoy agradezco tener esa base administrativa, conocimientos generales que me aportan un montón hoy para mi empresa. En pocas semanas pasé de materias de contabilidad en la UCU, a un curso de maquillaje en una escuela de modelos. Me di cuenta que tenía buena mano y cuando terminé el curso el maquillador me empezó a llamar para trabajar con él. Empecé a hacer desfiles y eso me dio mucha rapidez para trabajar.  

A partir de una publicidad que vi, decidí agendar una entrevista en Integra. Conocimos la escuela y quedé fascinada. Era un esfuerzo enorme a nivel económico, pero no dudaba que era ese mi camino. Empecé Producción y Comunicación de Moda en Integra.

| En 2018 YSL me llamó para ser parte de su equipo. Fue una llamada por teléfono que para mí lo cambió todo.

¿Cómo fue la experiencia como estudiante en la escuela de Pablo Giménez? 

Es una escuela exigente y muy actualizada. Todo lo que aprendí ahí hasta el día de hoy lo aplico. Para mí fue un cambio drástico, tenía un escritorio de contadora y poco a poco se fueron las cuadernolas y llegaron los colores. Yo estaba muy por fuera del mundo creativo, no tenía ni un solo contacto, no sabía las herramientas y se movían con otro lenguaje. Me acuerdo de anotarme nombres por fonética, de salir de clase y ponerme a estudiar de qué estaban hablando, entender los roles, quién era quién. Después de mi primer semestre, supe que nunca más volvería a contador público…

| Estar pelada me hace sentir fuerte, libre y sexy. Es más que un look, es un estado mental.

¿Sentías incertidumbre de cómo sería la salida laboral?

Si algo me inculcó mi familia es el trabajo. No le tengo miedo a trabajar de lo que sea. No me preocupaba de qué iba a vivir, porque lo que estaba haciendo me traía felicidad. Me sé desenvolver y gestionar, y prefería dedicarme a algo que me apasionara, que al desgano de una carrera que no me hace feliz. 

En el último año de la Escuela viajamos a Buenos Aires para hacer el proyecto editorial Visible, y fue la primera vez que me sentí maquilladora. Fue un cambio de identidad. Si bien yo venía estudiando y trabajando como maquilladora, sentí que todas las herramientas que me había aportado Integra me daban amplitud conceptual. A partir de eso armé una página de Facebook: Paula Melgar Maquillaje. Hice un logo, tarjetas personales y a fines de 2018 arranqué a trabajar profesionalmente. 

Me llevó un tiempo vivir de mi trabajo como maquilladora. Trabajé en Forever 21, fui maquilladora para muchos rodajes publicitarios, trabajé en una empresa de recreación, hubo muchos proyectos mientras me fui haciendo mi lugar en el mundo freelance. 

| Hoy agradezco tener esa base administrativa, conocimientos generales que me aportan un montón hoy para mi empresa.

Tu pelo parece haber sido una especie de bitácora de tus procesos personales, ¿cada cambio tuvo que ver con un cambio de identidad?

Sin dudas los cambios en mi pelo fueron identitarios. Lo que hace un corte de pelo a nivel simbólico es increíble. Mi primer cambio fue de un pelo largo y natural al carré. Tiempo después me hice un corte pixie y el más significativo fue cuando decidí raparme.

En agosto del 2020 falleció mi mejor amigo de muerte súbita y fue muy duro para mí. Él era ingeniero, nos habíamos conocido en UCU y me acompañó mucho en mi proceso de elección vocacional. Era una persona que tenía muy presente que la vida era disfrute, no solo trabajo. Su muerte me llevó a cuestionarme mucho sobre mi vida. Si me muero mañana: ¿viví lo que quería vivir? ¿cuántas cosas estoy dejando de hacer por lo que piensen los demás? Traía un poco esos prejuicios de crecer en un pueblo chico... En octubre de ese año decidí pelarme. El momento en que lo hice, fue solo una gestión, yo ya lo tenía muy procesado por dentro. Cortarse el pelo es liberarse, es dejar atrás cargas pasadas. Estar pelada me hace sentir fuerte, libre y sexy. Es más que un look, es un estado mental. 

Al principio a la gente le shockeaba: me preguntaban si había pasado algo en mi casa o si estaba enferma… cuesta entender que es una elección propia. Yo intento explicar que estoy sana, que simplemente es una decisión estética. También me han escrito personas que sí están atravesando una enfermedad y al verme usar el pelo así las invita a dejar de usar peluca, se inspiran en cómo accesorizarse y a mí eso me emociona mucho. Parte de mi trabajo como maquilladora es hacer sentir bien al otro a nivel estético. Y si mi look ayuda a otras personas a motivarse, mejor aún. Ya van casi seis años de estar pelada... 

Mi cabeza es un lienzo en blanco que cada dos semanas se renueva, lo que me llevó a jugar con colores y dibujos. 

| No me preocupaba de qué iba a vivir, porque lo que estaba haciendo me traía felicidad.

¿Cómo fue el proceso de convertirte en creadora de contenido?

Al principio me abrí redes personales, pero no tardé en darme cuenta de que eran una gran plataforma laboral. Subía registros de producciones de moda, maquillajes, backstages y videos de producto. Todo muy casero, casi sin edición. En 2018 YSL me llamó para ser parte de su equipo. Fue una llamada por teléfono que para mí lo cambió todo. Yo siempre estaba en el back, creía que estas cosas las hacían solo los famosos y de repente me estaban convocando a mí… Hasta el día de hoy trabajo con ellos y para mí es increíble. 

Mis redes sociales explotaron mucho en la pandemia. Si bien yo venía subiendo contenido de beauty, con la cuarentena me quedé sin rodajes, sin clientas, sin eventos, sin nada. Tenía una agenda cargada de maquillaje que se cayó repentinamente. Yo tenía un estudio con una colega que tuvimos que cerrarlo inmediatamente. Fue muy duro. No sabíamos cuándo volvería a tener ingresos como maquilladora. Reduje gastos, me abrí un TikTok y le di espacio a mi yo más niña. Mucho espacio para lo lúdico, hacía videos graciosos…

En paralelo me puse a pintar y vender cuadros. Empecé a tomar clases con Mari Barraco. Lograba cosas muy realistas que no tenía idea que podía hacer. Aplicaba mucho de la técnica de maquillaje, de luces, volumen y sombras. Era como maquillar un cuadro. Tiempo después, cuando volví a maquillar, sentía que estaba pintando un cuadro. Técnicamente me cambió para ambos lados. Fue un despertar creativo muy significativo.

| En agosto del 2020 falleció mi mejor amigo de muerte súbita. Su muerte me llevó a cuestionarme mucho sobre mi vida.

¿Cómo te sentís estando frente a cámara?

Todavía no me acostumbro. ¡Hasta el día de hoy lo trabajo! No me cuesta ser yo, ni grabar o editar: la parte que más me cuestiono es hasta dónde va tu privacidad y hasta dónde mostrás. Es cierto que la gente quiere saberlo todo de vos y uno marca hasta dónde. Cuando recién empecé, recibí preguntas muy invasivas que tuve que poner un límite. No muestro toda mi vida en redes sociales. Tengo muy clara la función de la plataforma y hay cosas que forman parte de mi intimidad. También me tomo con mucha responsabilidad qué comunico y de qué manera. Siempre intento ser consciente de qué puedo estar generando en el otro. En mi plataforma tampoco hablo de cosas de las que no sé. Mi perfil es de entretenimiento, maquillaje y estética.

| Sentí que todas las herramientas que me había aportado Integra me daban amplitud conceptual.

Ya van 10 años de carrera… ¿cómo proyectás tus próximos pasos?

Este año hice un viaje a Brasil de mucha introspección de hacia dónde voy y qué estoy construyendo. Hace dos años me lesioné el manguito rotador del hombro por exigencia laboral (de cargar maletas, estar horas con el brazo arriba y maquillar con mala postura). Mi cuerpo se empezó a fatigar. Eso hizo que reflexione sobre mi futuro laboral: cómo hacer lo que me gusta y sostenerme económicamente sin romperme físicamente. Estoy intentando ser más selectiva, elegir bien los trabajos e intentar no sobreexigirme. En ese proceso veo la docencia como un camino para seguir explorando. En agosto lanzo un curso de redes en Miss Uruguay. Mi idea es seguir trabajando en masterclasses propias. Hace un tiempo hice un evento que se llamó Iconic, orientado a automaquillaje y ahora mi idea es dirigirme más a maquilladoras. Preparar clases te obliga a actualizarte, a ir a la teoría de lo que vos hacés a diario. Hace poco me invitaron a tener una columna digital en Canal 4, para el programa Modo Diseño, que estoy disfrutando mucho. Soy una persona muy curiosa y estoy en formación constante. 

| Yo celebro la individualidad de cada una, ¿quién sos vos?, ¿quién querés ser?, ¿qué querés para tu vida? Esa es la vibra que quiero transmitir.

Ping pong con Pau Melgar: 

  • Una película: El niño que domó el viento
  • Un libro: Ahora estoy leyendo “El poder del asombro” (Editorial Koan)
  • Un sueño por cumplir: Hacer un viaje largo en motorhome 
  • Un destino: ¡El mundo! Todo lo que sea naturaleza, allí quiero estar

Fotos: Mauricio Rodríguez

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