Fasano: el lujo sereno que conquista el mundo

Hay nombres que se vuelven sinónimos de elegancia. Fasano es uno de ellos. Nacido en São Paulo en 1902, este sello brasileño se ha transformado en un referente mundial de la hotelería de lujo, combinando historia, arquitectura, gastronomía y un estilo inconfundible que atraviesa generaciones. Esta semana, el grupo volvió a brillar en el mapa internacional al recibir múltiples reconocimientos, entre ellos cinco Llaves Michelin y destacados puestos en los rankings de Condé Nast Traveller en América, Europa y Estados Unidos.

El Fasano Rio de Janeiro fue reconocido como el tercer mejor hotel de Sudamérica; Fasano Trancoso, como uno de los mejores resorts del continente; y Fasano Fifth Avenue de Nueva York se ubicó entre los 20 mejores de las Américas. La Llave Michelin, ese nuevo símbolo de excelencia que distingue a los hoteles con alma, fue otorgada a cinco propiedades del grupo: São Paulo, Angra dos Reis, Salvador, Trancoso y Boa Vista.

Pero más allá de los premios, Fasano representa un estilo de vida. Una manera de entender la hospitalidad que combina discreción, sensibilidad estética y un respeto absoluto por el detalle.

El legado de una familia, el futuro del lujo

La historia comienza con Vittorio Fasano, quien inauguró el primer restaurante en São Paulo a principios del siglo XX. Décadas después, su bisnieto Gero Fasano retomó esa herencia para llevarla más allá del arte culinario. En 2003 abrió el Hotel Fasano São Paulo, diseñado por los arquitectos Isay Weinfeld y Marcio Kogan, un proyecto que redefinió el concepto de elegancia moderna en América Latina.

Apenas unos años más tarde llegaría Fasano Rio de Janeiro, con la firma irreverente de Philippe Starck, que convirtió su terraza con piscina en un punto icónico de Ipanema. Desde entonces, cada nueva apertura ha sido una declaración de estilo: Boa Vista, Punta del Este, Angra dos Reis, Belo Horizonte, Salvador y Trancoso, cada uno con su propia personalidad, pero todos con el sello común de un lujo que se siente más que se muestra.

El servicio es bueno cuando no se nota”, suele decir Gero Fasano, defensor de la hospitalidad discreta y sin artificios. Y esa filosofía se percibe en cada espacio: en la calidez del personal, en la música suave que acompaña el desayuno, en la textura de los tejidos o en la forma en que la luz entra por los ventanales.

La estética Fasano es reconocible a simple vista: maderas nobles, cuero, luz tenue y un equilibrio perfecto entre lo clásico y lo contemporáneo. Cada hotel es una pieza arquitectónica firmada por nombres legendarios como Marcio Kogan, Isay Weinfeld, Philippe Starck, Thierry Despont o Thiago Bernardes, quienes han sabido capturar la esencia del Brasil elegante y cosmopolita.

El Fasano São Paulo Itaim, inaugurado en 2023, rinde homenaje al hotel original y confirma la expansión internacional del grupo, que continúa su alianza con JHSF Group. Con la mirada puesta en el futuro, Fasano se prepara para abrir nuevos destinos soñados: Miami, Londres, Cerdeña y Cascais, además de una tercera propiedad en São Paulo.

Fasano no solo es sinónimo de hotelería; también es una institución gastronómica. Con más de 30 restaurantes y baresalrededor del mundo, su cocina italiana —elegante, precisa, emocional— sigue siendo una referencia. En Nueva York, el restaurante Fasano Midtown refleja esa tradición con platos milaneses ejecutados por el chef Nicola Fedeli, en un entorno diseñado por Weinfeld que combina una osteria relajada, un comedor principal y un bar de jazz, el icónico Baretto NY.

Cada propiedad del grupo ofrece algo único, pero todas comparten una misma promesa: hacer sentir en casa, incluso a miles de kilómetros de ella. Desde el aroma a madera de los pasillos hasta el silencio perfecto de las habitaciones, Fasano invita a bajar el ritmo, a disfrutar de la belleza de lo simple y del lujo de la calma.

Con más de un siglo de historia, Fasano ha trascendido el concepto de hospedaje para convertirse en una marca cultural, un símbolo de sofisticación latinoamericana que conquista al mundo con una elegancia serena y una sensibilidad atemporal.

Y quizás ahí esté su secreto: en entender que el verdadero lujo no está en lo que se ve, sino en lo que se siente.

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