Mônica Ventura llega a José Ignacio: la artista brasileña que encuentra en Rosa Luna una historia para volver a contar

Este fin de semana, la Fundación Cervieri Monsuárez presenta Rosa Luna, el nuevo proyecto de la artista brasileña Mônica Ventura. Concebida especialmente para Uruguay, la muestra recupera la figura de una de las mujeres más emblemáticas de nuestra cultura para hablar de memoria, identidad y de aquello que permanece cuando una generación deja su huella en la siguiente.

Hay figuras que, aun con el paso del tiempo, siguen encontrando nuevas formas de hacerse presentes. Rosa Luna es una de ellas.

Bailarina, vedette, figura indiscutida del carnaval y referente de la cultura afrouruguaya, Rosa Amelia Luna hizo de su cuerpo, su voz y su presencia una forma de expresión que trascendió los escenarios. Más de tres décadas después de su muerte, su historia vuelve a ser mirada. Esta vez desde el arte contemporáneo y a través de los ojos de una artista nacida al otro lado de la frontera.

Mônica Ventura (São Paulo, 1985) llega a José Ignacio con Rosa Luna, una exposición concebida especialmente para la Fundación Cervieri Monsuárez, que abrirá sus puertas al público este domingo 23 de agosto. Pero antes de que existiera una obra hubo una pregunta.

¿Cómo se configura hoy la comunidad afrouruguaya?

Esa inquietud llevó a Ventura a sumergirse en una historia que, en principio, no era la suya. Investigó la diáspora africana en Uruguay, se acercó a la memoria del conventillo Medio Mundo, al desplazamiento de las comunidades afrodescendientes y al lugar que las mujeres han ocupado durante generaciones como guardianas de historias, saberes y tradiciones.

Y en ese recorrido apareció Rosa Luna.

No solamente como una figura histórica, sino como la representación de algo mucho más amplio: la mujer que sostiene una memoria para que esa memoria pueda seguir viviendo.

La calabaza: guardar la vida para que vuelva a comenzar

Para comprender el universo de Mônica Ventura hay que detenerse en un elemento que aparece una y otra vez en su obra: la calabaza.

No es simplemente un material ni una elección estética. Para la artista, concentra buena parte de las preguntas que atraviesan su trabajo: el origen, la feminidad, la memoria, la vida y, sobre todo, la posibilidad de continuidad.

Ventura recupera la historia ancestral de la calabaza, a la que reconoce como uno de los primeros frutos en llegar a América Latina. Pero hay algo todavía más elemental que la fascina: la calabaza lleva la semilla dentro de sí. Guarda en su interior aquello que, al ser plantado, tiene la capacidad de volver a dar vida.

Es precisamente allí donde el fruto adquiere para ella una dimensión profundamente femenina.

En su forma, Ventura reconoce el cuerpo de una mujer. En su interior, la semilla que habita ese cuerpo. La asociación remite inevitablemente al cuerpo femenino que puede albergar una nueva vida, a la mujer que lleva a su hijo dentro de sí.

La calabaza se convierte así en mucho más que un objeto. Es recipiente y origen. Contiene, protege y transmite.

Esa misma idea toma cuerpo en la instalación central de Rosa Luna. Una serie de pilares concebidos como cuerpos femeninos sostienen sobre sus capiteles distintas calabazas. La imagen tiene algo monumental y, al mismo tiempo, profundamente íntimo: cuerpos de mujeres sosteniendo aquello que guarda en su interior la posibilidad de una nueva generación.

Pero la metáfora no termina en la maternidad. Porque aquello que una mujer lleva consigo y entrega a quienes vienen después no es únicamente vida. También puede ser una historia, un conocimiento, una tradición, una identidad, una manera de comprender el mundo.

Y es ahí donde Rosa Luna vuelve a aparecer. No solamente como la vedette, la bailarina o el ícono del carnaval que quedó registrado en la historia cultural uruguaya, sino como parte de una cadena mucho más extensa de mujeres que recibieron algo de quienes estuvieron antes, lo hicieron propio y encontraron la manera de transmitirlo.

Sostener. Guardar. Transmitir. Tres acciones sencillas que atraviesan la obra de Ventura y que, repetidas durante generaciones, terminan construyendo una cultura.

Quizás por eso la calabaza resulta tan poderosa dentro de su trabajo. Porque antes de convertirse en escultura ya contiene una idea esencial: llevar algo dentro para que, algún día, pueda volver a nacer.

Entre lo ancestral y lo contemporáneo la obra de Mônica Ventura habita precisamente ese territorio en el que el presente dialoga con aquello que viene de mucho antes.

Graduada en Diseño Industrial y con una maestría en Poéticas Visuales por la Universidad de São Paulo, la artista desarrolló una práctica difícil de encerrar en una única disciplina. Escultura, pintura, video, arquitectura y saberes ancestrales conviven en un trabajo atravesado por preguntas sobre feminidad, raza, cuerpo y territorio.

Ventura recupera técnicas, materiales y formas de construcción vinculadas a culturas afroamerindias, pero las lleva hacia un lenguaje decididamente contemporáneo. Desde São Paulo, su obra ha llegado a instituciones como la Pinacoteca de São Paulo e Inhotim, además de formar parte de exposiciones en Brasil, Estados Unidos y Marruecos.

Rosa Luna, sin embargo, tiene algo diferente: es una obra que nació de su encuentro con Uruguay.

La exposición no termina en la instalación de Ventura. En una segunda sala, una videoinstalación realizada junto a Hermosa Intervención, colectiva afrouruguaya integrada por mujeres y disidencias afro e indígenas, incorpora también la participación de la cantante y activista Chabela Ramírez.

Es allí donde la muestra adquiere otra dimensión. Brasil y Uruguay se encuentran a partir de experiencias diferentes, pero atravesadas por una misma diáspora. El canto, el cuerpo y la danza aparecen como lenguajes capaces de viajar en el tiempo: maneras de recordar, de transmitir y también de construir nuevos rituales.

La exposición deja entonces de ser solamente la mirada de una artista brasileña sobre una figura uruguaya.

Se convierte en una conversación entre mujeres, territorios y generaciones.

Y quizás sea precisamente allí donde Rosa Luna encuentra una de sus mayores fortalezas. La muestra no intenta congelar a Rosa en el pasado ni convertirla únicamente en homenaje. La toma como punto de partida para preguntarse qué hacemos hoy con aquello que recibimos de quienes estuvieron antes.

Antes de abrir sus puertas al público, este sábado la Fundación Cervieri Monsuárez reunirá a 150 amigos e invitados en un cóctel de inauguración que permitirá recorrer la exposición y encontrarse personalmente con Mônica Ventura.

Creada por Virginia Cervieri y Pablo Monsuárez, la Fundación ocupa en José Ignacio uno de los últimos edificios proyectados por el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly. Desde su apertura en 2024, el espacio viene construyendo una programación que busca conectar a Uruguay con distintas voces de la escena del arte contemporáneo latinoamericano.

Esta vez, esa conversación cruza la frontera con Brasil para terminar hablando de una mujer profundamente uruguaya. Y tal vez ese sea el gesto más bello de esta exposición.

Una artista nacida en São Paulo llega a Uruguay, comienza a investigar nuestra historia y encuentra en Rosa Luna mucho más que un nombre. Encuentra a una mujer que hizo del cuerpo, el baile y el carnaval una forma de ocupar su lugar en el mundo. Y, a través de ella, encuentra también la historia de muchas otras.

Las que estuvieron antes. Las que sostuvieron. Las que conservaron historias que no siempre llegaron a los libros. Las que transmitieron. Y las que todavía hoy continúan haciéndolo.

Como esas calabazas que Ventura convierte en arte, cada generación parece guardar algo en su interior. Una memoria, una historia, una semilla. Algo que espera encontrar tierra fértil para continuar.

Hoy sábado, InfoStyle estará en José Ignacio para conocer a Mônica Ventura y entrar de cerca en el universo que dio origen a Rosa Luna.

Desde el domingo, esa conversación quedará abierta para todos.

Para agendar

  • Rosa Luna — Mônica Ventura
  • Fundación Cervieri Monsuárez — José Ignacio, Uruguay
  • Apertura al público: domingo 23 de agosto de 2026
  • Hasta: 23 de noviembre de 2026
  • Curaduría: Roxana Fabius

Tu opinión enriquece este artículo:

Mixsoon desembarca en Uruguay: SOKO INC apuesta al crecimiento del K-Beauty junto a Farmashop

Con más de 150 personas ya capacitadas y un plan de expansión que alcanzará 50 puntos de venta, la reconocida marca surcoreana llegó al mercado uruguayo y estará disponible exclusivamente en Farmashop. Su llegada fortalece el portafolio de SOKO INC, la multimarca uruguaya especializada en seleccionar y desarrollar las principales marcas de K-Beauty en el país, que ya cuenta además con la representación exclusiva de firmas de reconocido prestigio internacional como SKIN1004 y Beauty of Joseon.

Objeto Creado cierra su primera edición con 34 estudios y abrió una nueva etapa para el diseño uruguayo

La primera edición de Objeto Creado llega este sábado a su última jornada en Vía Disegno, luego de reunir durante 4 días a 34 estudios de diseño uruguayo y más de 120 productos. La muestra buscó valorar el diseño industrial nacional y generar vínculos entre diseñadores, empresas y consumidores. A pocos días de su apertura, desde la organización destacaron la sinergia que comenzó a generarse entre los estudios y ya trabajan en nuevas herramientas para darle continuidad al proyecto.

Mônica Ventura llega a José Ignacio: la artista brasileña que encuentra en Rosa Luna una historia para volver a contar

Este fin de semana, la Fundación Cervieri Monsuárez presenta Rosa Luna, el nuevo proyecto de la artista brasileña Mônica Ventura. Concebida especialmente para Uruguay, la muestra recupera la figura de una de las mujeres más emblemáticas de nuestra cultura para hablar de memoria, identidad y de aquello que permanece cuando una generación deja su huella en la siguiente.

Vino, cocina y una buena mesa: así fue la primera edición de La Juntada

Hay algo especialmente atractivo en volver a lo esencial: sentarse alrededor de una mesa, compartir una copa, descubrir un plato y dejar que la conversación haga el resto. En tiempos en los que casi todo sucede rápido —y muchas veces detrás de una pantalla—, recuperar el ritual de encontrarse puede sentirse, incluso, como un pequeño lujo.