La salida de Rongone marca el fin de una etapa decisiva para Bottega Veneta. Bajo su gestión, la casa consolidó su lugar dentro del lujo contemporáneo con una identidad clara y reconocible: artesanía impecable, diseño depurado y ese “lujo silencioso” que se convirtió en un manifiesto estético. Fue un período de transformación creativa, pero también de crecimiento comercial, donde la marca supo hablarle a una nueva generación sin perder su esencia.
Mientras tanto, su llegada a Moncler no es solo un cambio de silla, sino una jugada estratégica. Remo Ruffini, fundador, presidente y CEO del grupo, continuará enfocado en la visión creativa y la estrategia global, delegando en Rongone la gestión operativa del negocio. Una decisión pensada a largo plazo, que apunta a profesionalizar aún más la estructura de la compañía y preparar el terreno para una futura sucesión generacional.
Para Moncler, este movimiento inaugura una nueva fase de desarrollo. Históricamente asociada al outerwear de lujo, la marca busca ampliar su universo sin diluir su identidad. Las colaboraciones de alto perfil dentro del proyecto Genius y la expansión hacia nuevos territorios creativos son parte de ese plan ambicioso que ahora suma un liderazgo experimentado.
En paralelo, Bottega Veneta enfrenta el desafío de la continuidad. La búsqueda de un nuevo CEO se da en un contexto complejo para la industria del lujo, atravesada por una desaceleración global y consumidores cada vez más exigentes. Desde Kering, sin embargo, el mensaje es claro: la estrategia se mantiene. La artesanía, la sobriedad y el valor del tiempo bien hecho seguirán siendo los pilares de una marca que entiende que, en el lujo, menos sigue siendo más.
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