Artesia: el arte que no se imprime en serie (y que llega a Uruguay en septiembre)

Gina Vargas de Roemmers tiene una misión. No es sencilla, pero sí poderosa: rescatar el arte ancestral de comunidades indígenas latinoamericanas y darle el lugar que merece. Así nació Artesia, un proyecto tan único como las piezas que lo componen, que desembarca en septiembre en Uruguay con un espacio que mezcla arte, filantropía y café colombiano (spoiler: exquisito).

Pero no hablamos de “souvenirs” ni de decoraciones boho-chic. En Artesia hay masterpieces que podrían ser literalmente las últimas de su especie. Vasijas, jarrones, carteras, accesorios… todos hechos a mano por artesanos de Colombia, Perú, Bolivia, Argentina y Uruguay. Cada uno con su historia, con sus colores, sus técnicas, su alma.

Gina —colombiana, emprendedora y con ojo clínico para la belleza con propósito— recorrió Latinoamérica buscando a esos artesanos que mantienen vivas tradiciones que pasan de generación en generación. “Cada una de estas piezas podría ser la última de su clase”, dice. Y lo dice en serio. Porque no son solo objetos lindos: son la voz (a veces silenciada) de pueblos enteros.

La historia de Artesia también es la historia de Gina. De su infancia en Colombia, de su abuela costurera que le enseñó a valorar lo hecho con las manos, de su convivencia con monjas, de su formación en la alta moda. Todo eso se mezcla y cobra forma en este proyecto que se apoya en tres palabras clave: identidad, memoria y futuro.

El prelanzamiento de Artesia en Uruguay se vivió en el Sofitel, con un conversatorio en el que participaron la filósofa Magdalena Reyes y el historiador Lucas Botta. Ambos coincidieron en algo esencial: en un mundo donde todo tiende a parecerse, lo hecho a mano es un acto de rebeldía. “Nos vestimos igual, hablamos igual, usamos las mismas cosas. Y perdemos la identidad”, dijo Reyes. “Estas piezas no tienen código de barras, tienen huellas digitales”. Touché.

Botta fue aún más lejos: “El arte es el último refugio de las culturas que no escriben su historia con palabras, sino con hilos, barro o tintes naturales. Artesia es una manera de salvar esa historia”. Nada más que agregar.

¿La frutilla del postre? El espacio físico de Artesia no solo será una galería, sino también un lugar de encuentro con experiencia gastronómica incluida. Habrá un blend de café colombiano creado especialmente para la marca, menú de autor, pastelería y actividades que van desde exposiciones hasta talleres y charlas con artistas de todo el mundo.

Artesia es eso: belleza, conciencia, historia y sabor. Un homenaje a lo auténtico, a lo imperfecto, a lo que no se puede replicar con una máquina. Una prueba de que el arte no siempre está en museos: a veces vive en las manos de quienes, con paciencia y amor, siguen tejiendo su legado.

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