En Primera Persona con Patricia Wolf

(Por Agustina Amorós) En julio cumple 50 años una de las modelos más emblemáticas de nuestro país. Una mujer que supo reinventarse una y mil veces a nivel profesional y personal. Fue mamá a los 24 años. Trabajó como modelo, actriz y conductora. Se formó como maquilladora y rematadora. Desde hace unos años comenzó a explorar como DJ y eso que empezó como un hobby hoy ocupa gran parte de su agenda laboral. Se casó y se divorció de una mujer. Hoy tiene una relación abierta, con un hombre. Entrevistamos a Patricia Wolf: una mujer que sigue a diario su deseo y está dispuesta a barajar una y mil veces las cartas de la vida, buscando su felicidad.

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La charla duró el doble de lo estimado y nos hubiéramos quedado mil horas más. Es imposible resumir su historia porque vivió mil vidas, todas muy distintas e igual de intensas. Patricia Wolf es la menor de cuatro hermanos. Es hija de un alemán que llegó a Uruguay huyendo de la guerra y de una mamá uruguaya que creció en el campo. Sus padres fundaron juntos Remates Wolf, que existe hasta hoy. Vivió su niñez en Ciudad Vieja, en frente a plaza Zabala, y su adolescencia en Punta Carretas, en una casa atrás del shopping, cuando todavía era una cárcel.

A los 21 años se fue a Buenos Aires a trabajar como modelo, trabajó mucho y muy bien. Entre varios comerciales importantes participó del videoclip  “Flaca”, de Andrés Calamaro. A los 24 años se enamoró profundamente, se casó y tuvo a su hijo, Daniel, que hoy tiene 26 años. En 2018 se casó con Agustina Zuasnábar. A pesar de divorciarse años más tarde, ese vínculo la colocó involuntaria pero genuinamente en un lugar de representación LGBT+ en los medios locales. Hoy apuesta de nuevo al amor, en pareja hace poco más de dos años con Juan Ignacio Conti. 

En una charla profunda donde tocamos temas como belleza, amor, vejez, fama y negocios, nos adentramos en muchos caminos que nos llevaron a una misma conclusión: ser feliz es difícil, más vale perseguir nuestro deseo con libertad, y vivir la vida libres de mandatos. 

¿Cómo viene tu año hasta ahora? 

Estoy en un momento de mi vida muy especial, de reinvención en varios sentidos. Estoy atravesando la menopausia y tengo muchos cambios. La vida te cambia de golpe y no tenés ninguna incidencia. Es vertiginoso. Me siento muy sensible, tengo calores en la noche, cambios de temperatura, pérdida de memoria. A las personas de nuestro alrededor les cuesta entendernos porque nos cuesta entender lo que no vivimos en carne propia. 

La modelo más emblemática de nuestro país cumple 50. En esta sociedad, siento que no se les permite a las mujeres envejecer, ¿cómo estás viviendo esta etapa de tu vida?

Es un proceso, a todos nos cuesta envejecer. Por varias razones: porque en algún punto nos sentimos más cerca de la muerte –aunque en realidad siempre estamos cerca de la muerte–. También le tenemos miedo al dolor y al deterioro físico. Pero sí, las mujeres lo sufrimos mucho más porque hay una presión por la eterna juventud. No nos permiten envejecer. Lo estético empieza a torturarnos: porque la piel no es la misma, aparecen las canas, las arrugas...  Ahora: si tenemos la suerte de estar vivos, la única certeza que tenemos es que vamos a envejecer. Sí, es duro, porque envejecer implica desprenderse de la persona que fuiste, pero: ¿cambiaría no tener arrugas por quedarme con un rostro inexpresivo? ¿Qué es tan horrible de envejecer? Es algo que hablo mucho con mi psicóloga: ¿qué tiene de bueno el paso de los años? Vivir mejor, con más plenitud, más sabiduría, bajar las autoexigencias, aprender a disfrutar más de la vida, perdonar a otros y a nosotros mismos. Al final, hay muchas cosas positivas de eso. En mi caso también tuve que aprender a desprenderme de la visión externa de lo que se espera de uno. No encajo en lo se espera de una madre de 50 años.