El expediente que sirve de punta de lanza es el de K.G.M., una joven de 20 años cuya demanda fue seleccionada como juicio bellwether entre los más de 1,600 reclamos presentados en todo el país. En circunstancias parecidas, familias como la de Annalee Schott —adolescente de Colorado que batalló con ansiedad y dependencia de redes antes de suicidarse en 2020— han llevado su dolor a los tribunales con la esperanza de respuestas y cambios estructurales.
Los abogados de los demandantes evitan centrarse en contenidos concretos para sortear la Sección 230, la norma que hasta ahora ha protegido a las plataformas de responsabilidad por los materiales subidos por terceros. En su lugar sostienen que las decisiones empresariales —funciones como la reproducción automática, el desplazamiento infinito y algoritmos diseñados para maximizar el tiempo de uso— constituyen prácticas negligentes que priorizan el negocio por encima de la salud infantil.
"Es un momento que se nos debe para obtener respuestas de estas empresas sobre cómo diseñaron estas plataformas para hacer adictos a nuestros hijos", declaró Lori Schott, madre de Annalee, en declaraciones recogidas por medios nacionales. Para los demandantes, este litigio busca exponer documentos internos y testimonios de ejecutivos que demuestren el conocimiento previo de los riesgos.
Las empresas niegan las acusaciones. Portavoces de Google y Meta subrayan su trabajo con expertos en salud mental, la implementación de protecciones para adolescentes y herramientas para padres. Anticipan además que la defensa se centrará en la causalidad —sosteniendo que fueron contenidos de terceros los que provocaron daños— y en las protecciones constitucionales vinculadas a la moderación de contenidos.
Para los juristas, el debate legal será complejo: deberán dilucidar no solo si existió negligencia, sino si conceptos como "adicción a las redes sociales" cuentan con reconocimiento médico y jurídico suficiente como para fundar responsabilidades. Expertos en derecho recuerdan que la Sección 230 podría seguir siendo un escudo poderoso si los diseñadores de plataforma pueden argumentar que sus decisiones están íntimamente ligadas a la difusión de contenidos de terceros.
El juicio de K.G.M. es el primero de hasta 22 procesos bellwether previstos en Los Ángeles. Un fallo favorable al demandante podría presionar a las tecnológicas a negociar acuerdos millonarios y, más importante, a reformar diseños y políticas para priorizar la seguridad de menores. Asimismo, podría avivar la discusión legislativa en los ámbitos estatal y federal.
Aunque la evidencia científica sobre efectos generalizados de las redes en la salud mental es compleja y matizada, para muchas familias la experiencia es concreta y devastadora. "Ya ganamos", dijo Lori Schott sobre el hecho de que el caso llegue a juicio: para ella y otras madres, el proceso es tanto legal como simbólico, una instancia pública donde exponer cómo el modelo de negocio digital puede afectar vidas jóvenes.
El veredicto y las pruebas que afloren en este proceso no solo tendrán consecuencias legales: podrían redefinir el diseño de las plataformas, las obligaciones corporativas y las protecciones reales para una generación que crece con las pantallas como espacio central de socialización. Para muchos padres y especialistas, el mundo está ante una oportunidad para traducir ese debate en reglas claras que pongan a los menores por delante del tiempo de permanencia en pantalla.