El sello de Bulgari se hace presente en los detalles: franjas de granito negro contrastadas con colores vibrantes como el esmeralda, el zafiro y el azafrán, acompañadas por icónicas fotografías vintage de Sophia Loren, Audrey Hepburn y Elizabeth Taylor. Pero si hay algo que compite con su opulencia, son las vistas: un despliegue de terrazas que flotan sobre la ciudad, adornadas con limoneros y jazmines, enmarcando el skyline tokiota como si de una joya se tratara.
Tokio se suma como la octava joya en la colección global de Bulgari Hotels & Resorts, que ya cuenta con sedes en destinos como Milan, Londres, Beijing, Shanghai, Roma, Bali, París y Dubái. Diseñado por el estudio de arquitectura milanés Antonio Citterio Patricia Viel, el hotel ocupa los seis últimos pisos de la torre Yaesu de Tokio Midtown, a pasos de la estación central de la ciudad.
El viaje comienza desde la planta baja, donde pasarelas inspiradas en los adoquines romanos conducen a una entrada de granito negro y mármol italiano. Un ascensor vertiginoso transporta a los huéspedes hasta el piso 40, donde un pasillo forrado con un patrón textil japonés—similar a la colección Diva de Bulgari—marca el inicio de la experiencia. En la recepción, dos imponentes mesas de mármol de Carrara diseñadas por Naoto Fukasawa reciben a los visitantes con arreglos florales en jarrones de oro moteado, preparando el terreno para un despliegue de exclusividad: 98 habitaciones, un restaurante italiano, un sushi bar, una boutique de dulces, un Bulgari Bar en la azotea y un spa de ensueño.
Más allá de su estética, el Bulgari Hotel Tokyo rinde homenaje a la conexión histórica entre la firma italiana y Japón. En los ascensores de la planta baja, una imagen del Monte Fuji con un pino rojo en primer plano rememora un broche diseñado en la década del 70 para el primer cliente japonés de Bulgari, un encargo que marcó el inicio de la relación entre la casa de lujo y el país. Este motivo se replica en todo el hotel, desde el estampado en los yukatas de las habitaciones hasta el broche original exhibido en el lobby del piso 40.
Los interiores reflejan una armoniosa fusión de culturas. Suelos y paneles de madera de olmo, techos dorados mate cepillados a mano, lámparas de noche inspiradas en candelabros de Bulgari y mantas elaboradas por la centenaria casa textil Hosoo de Kioto conviven con modernos escritorios Maxalto y sillones Flexform.
Las vistas son el complemento perfecto: mientras que algunas habitaciones ofrecen una panorámica del Palacio Imperial y el Monte Fuji en los días despejados, otras miran hacia la Bahía de Tokio. Entre las 23 suites, destaca la Bulgari Suite, de 416 metros cuadrados, con una sala de estar interminable, un gimnasio privado y un baño romano revestido en travertino.
Il Ristorante - Niko Romito, presente en otros cinco hoteles Bulgari, ofrece un viaje gastronómico italiano con acento japonés. En un espacio de doble altura inundado de luz, con cortinas de red de cobre y lámparas de vidrio de Murano, el chef Niko Romito, con estrella Michelin, presenta su cocina minimalista y sofisticada, adaptada a los sabores locales. Platos como la frittata di pasta o el caldo de esencia vegetal elevan los ingredientes japoneses a un nuevo nivel.
La experiencia continúa en el Bulgari Dolci, una boutique de repostería que parece una joyería, y en Hoseki, el exclusivo sushi bar del hotel. Con solo ocho asientos en un mostrador de madera de ciprés hinoki, el maestro Kenji Gyoten ofrece un menú omakase donde cada bocado es una obra de arte, desde el atún graso hasta la anguila anago, maridados con sake en cerámica japonesa seleccionada.
El Bulgari Spa ocupa 1000 metros cuadrados dedicados al bienestar. Con una piscina infinita de granito negro enmarcada por vistas de Tokio, salas de tratamientos con terapia de oro y rituales exclusivos inspirados en la tradición japonesa e italiana, la experiencia es un auténtico lujo sensorial.
El Bulgari Hotel Tokyo no es solo un hotel, es una oda al arte de vivir. Un espacio donde la opulencia italiana y la precisión japonesa convergen en perfecta armonía, ofreciendo una experiencia que es, sin lugar a dudas, una joya en sí misma.