En primera persona con Rose Papantonakis

(Por Agustina Amorós) Su formación profesional es como chef y sommelier, pero hace mucho más que eso. Es conferencista, asesora, autora de cuatro libros, mamá y abuela. A través de sus redes sociales @simplementerose comparte contenido de etiqueta satirizado, recetas, reflexiones, viajes y más de lo que tiene para enseñarnos. En InfoStyle nos sentamos a conversar con ella. Les pedimos un rato de concentración para abordar esta lectura con el respeto que se merece: ¡se lo pedimos por-fa-vor!

Este martes 2 de diciembre Rose estará dando un taller con ideas para activar el espíritu navideño. Una charla práctica y dinámica para invitarnos a disfrutar del arte de recibir en casa y, lo más importante, sin perder el disfrute. Unas semanas antes del encuentro invitamos a Rose a conversar con InfoStyle a propósito de su historia, de los logros y desafíos de este año y lo que está por venir. 

¿Cómo fue tu hogar de origen?

Mi hogar de origen era copioso, una casa ruidosa: éramos muchos. Soy la cuarta de seis hermanos por lo que el ambiente era más parecido a un club que a una casa. Un hogar muy visitado y transitado, de grandes encuentros. Como buena familia griega, todo giraba en torno a la comida. Sin dudas, con la calidez de un hogar, de eso se ocuparon mis papás, que eran grandes anfitriones. 

¿Qué vínculo tenés con tus raíces griegas?

Mi papá se ocupó de estimularla siempre. Tengo una conexión muy fuerte con mis raíces griegas. Al punto que durante la pandemia me puse a estudiar griego. Se me hizo difícil de sostener porque no tengo a nadie con quién hablar y, como toda lengua, si no practicas la vas perdiendo. Cuando viajo a Grecia puedo hacerme entender, comprender lo básico o leer carteles y eso me gusta. Siempre estuvimos vinculados a la colectividad griega en Buenos Aires y mantuvimos tradiciones. Siempre que se casaba alguien de la familia las danzas griegas estuvieron presentes. Me interesó siempre seguir las tradiciones. 

¿Ya de chica sabías a qué te querías dedicar?

No me dediqué a eso, pero tenía una orientación muy clara desde chica. Quería ser médico.

¿Llegaste a estudiar medicina? ¿O la vida tenía otros planes?

No llegué a estudiar. En realidad, fue mi papá el que tenía otros planes. En ese momento los padres todavía eran bastante incluyentes en las decisiones que uno tomaba respecto de las carreras y vocaciones. En nuestro entorno no había ningún médico y mi papá no imaginaba a una hija mujer dedicándose a la medicina, una profesión muy exigida que te obliga a dedicarte a estar muy comprometida con eso. No tengo dudas que hubiera sido buen médico, porque las cosas que me gustan las encaro con mucha pasión y compromiso. De todas maneras, estoy muy agradecida por lo que hago. A partir de mi carrera surgieron una cantidad de talentos que disfruto muchísimo. Si hablamos desde lo macro, de alguna manera me terminé dedicando al bienestar. Todo lo que hago está orientado a que pequeñas cosas de la cotidianeidad ayuden a las personas a sentirse mejor. Me gusta pensarlo, de alguna manera, como una medicina… 

Tu vida se desarrolló entre las dos orillas del Río de la Plata… 

Nací en Montevideo, pero a los veinte días me llevaron a vivir a Buenos Aires. En realidad, estaban esperando a que naciera para hacer el traslado definitivo, mi papá ya estaba instalado en Buenos Aires y dos de mis hermanos también. Viví 44 años en Buenos Aires y desde hace trece que estoy acá. Siempre tuvimos mucho vínculo con Uruguay porque tanto mi familia paterna como materna son uruguayas. El lazo con mi país nunca se perdió.

¿Qué impulsó la mudanza a Montevideo y cómo fue esa transición para ti?

Nos vinimos a Uruguay por una propuesta laboral que tuvo el papá de mis hijas, en ese momento estábamos casados y fue una decisión muy impulsada por mí. Unos siete años después de que llegamos a Montevideo nos divorciamos. Como familia nos iba muy bien en Buenos Aires, pero la realidad es que se estaba poniendo complicado, la grieta se hacía cada vez más profunda, el gobierno cada vez se metía más en tu vida privada y había unas cuantas situaciones políticas y sociales que hicieron que tomáramos la decisión de, al menos por un tiempo, vivir en mi país. Eso se perpetuó, porque ni él, ni yo, ni mis hijas decidimos regresar. Nos quedamos todos en Uruguay.

En cuanto a la transición, al principio me sentí un poco perdida. Las mujeres siempre nos relegamos, nos dejamos para atrás, para primero acomodar a la familia. En nuestro caso mis hijas eran adolescentes, no fue fácil para ellas. Primero me dediqué a mi familia y luego ver qué quería hacer acá. En Buenos Aires tenía trabajos que disfrutaba mucho y que si bien podría haber mantenido a distancia, decidí dejarlos. Opté por quemar las naves. No quería mantenerme en la zona cómoda, unida a la otra orilla. Me quería conectar con los medios acá, con lo que pasaba acá, y creí que eso iba a ser mejor si cortaba el cordón umbilical con Argentina. El hecho de ser uruguaya, me abrió puertas aquí. En Uruguay encontré una sociedad un poco hermética y si bien somos muy parecidos, seguía siendo una mudanza internacional, implicaba un desarraigo importante… Pero no hay mejor bálsamo que el tiempo para adaptarse a cada situación. 

¿Cuándo y cómo surge la idea de abrir tu cuenta @simplementerose?

La primera decisión fue el nombre. Yo tenía mi cuenta desde los inicios de Instagram pero hacía publicaciones esporádicas, sin un rumbo en específico. Usé mi apellido de casada por muchos años y como mi apellido griego era complejo para un usuario, la búsqueda del nombre fue una movida. La gente me conocía más por mi nombre que mi apellido y un día me encontré diciendo “quiero que sea simplemente Rose”, ya así fue. 

La cuenta tal cual la conocemos hoy empezó a florecer luego de la pandemia. Había terminado de grabar Bake Off y una amiga me sugirió hacer contenido de etiqueta. A mí me aburría soberanamente hablar de ese tema en un formato tradicional, pero empecé a hacerlo con una vuelta de rosca, con mucho humor, satirizando el tema. No había mucho contenido en Instagram sobre eso, por lo que impactó mucho. A mí me interesaban las recetas, pero de eso estaba lleno y fue interesante esa decisión a nivel estratégico. 

Después se sumó el “Bajo la lupa”, que es un formato de crítica gastronómica que hacía en Buenos Aires en un programa de televisión. Fue una reversión en formato de redes, pero respetando la crítica verdadera. Eso también floreció. Como me gusta mostrar todas mis habilidades, al tiempo se sumó una sección de cocina. Hago recetas pero en un formato diferente, sin mucho delantal, hablando de la vida, filosofando y contando un relato al momento de presentar un plato. Lo último que se incorporó fue la sección de “Qué me pongo”, porque la gente se interesaba mucho por los looks y como me interesa la moda decidí abordarlo también. Al principio hacía todo yo: guionaba, grababa, editaba y subía. En febrero de este año decidí contratar a una persona, que es una amiga muy creativa, que trabaja conmigo en la producción de contenidos. 

¿Cuántas personas trabajan en tu proyecto?

Somos cuatro: una productora general, que es quien filma y produce los contenidos conmigo. Yo sigo haciendo los guiones, me interesa involucrarme en qué y cómo lo voy a comunicar. Luego hay una encargada de marketing y el contacto con los clientes: propuestas, presupuestos y contratos. Y por último, una persona de Buenos Aires que se encarga de todo lo que tiene que ver con mi membresía, los contenidos de la web, cursos y clases. Yo trabajo con marcas desde hace años pero en el último tiempo han llegado propuestas de todos los rubros que te puedas imaginar. Yo busco que todo lo que haga esté alineado a mis valores.

¿De qué se trata La Colmena?

La Colmena es una membresía que armamos hace un año para poder acercarme a mi comunidad desde otro formato. Las redes son extraordinarias, pero buscaba otra cercanía. A partir de la membresía puede establecer otro vínculo. Todos los meses tratamos un tema distinto: desde hábitos, dinero, belleza, estilo, seguridad, imagen personal. Yo hago un podcast, dejo información y pdfs para ampliar el tema y una vez por mes hacemos un encuentro virtual. También compartimos un grupo de WhatsApp. Ya somos más de 200 personas de distintas partes del mundo: Uruguay, Argentina, Colombia, Francia, Qatar, Nueva Zelanda, Holanda, Canadá, Estados Unidos…

Este año con tu canal de YouTube hubo mucho contenido de viajes…

Sí, el canal de YouTube me ha dado muchas satisfacciones. Se empezó a generar un público muy interesante en toda América Latina. Tuve la posibilidad de viajar mucho y ampliar toda la parte cultural, que se diversificó con distintos tipos de culturas y gastronomías, reposicionando América Latina como destino de viaje.

Yo encontré en América Latina un exotismo, una biodiversidad increíble, y mucho para aprender las culturas prehispánicas. Estoy realmente enamorada y lo recomiendo mucho. Este 2026 seguirán los viajes y quiero conocer América Latina todo lo que pueda. El año próximo voy a México, Argentina, Costa Rica, Paraguay y Guatemala. 

Quiero afianzar este nuevo espacio dedicado a viajes que es muy gratificante. Motivás a un montón de gente a viajar y a quienes nos tienen la posibilidad, los invito, de alguna manera, a conocer esos destinos conmigo. 

Para terminar, ¿qué es el lifestyle para ti?

Lifestyle es ser coherente con lo que vos querés para tu vida y lo que proyectas. Es ser coherente con lo que sos. El lifestyle tiene más que ver con las puertas de casa para adentro que para afuera.

Ping pong con Rose Papantonakis:

  • Un libro: Mujeres que corren con los lobos
  • Una película: La vida de los otros
  • Un hábito: Levantarme y acostarme temprano
  • Un plato: Un buen choripán

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