En primera persona con Lola Canavosio

(Por Agustina Amorós) Lola Canavosio (44) es diseñadora argentina y fundadora de Mija, una marca de indumentaria nacida en 2020 que no ha parado de crecer. Hoy tiene su showroom en Palermo, una novedosa tienda en Shopping Alcorta, más de 20 cuentas mayoristas en toda Argentina y una web con proyección internacional. Con la ilusión de un pronto desembarco en Uruguay, nos sentamos a conversar con Lola para conocer la historia detrás de una valiente perseverante.

En InfoStyle nos apasionan las historias de vida: conocer lo que hay detrás de los logros y los sueños de mujeres que han logrado abrirse camino en un mercado competitivo. Conocíamos a la diseñadora detrás de Mija a través de su cuenta de Instagram, @lolacanavosio. Sabíamos por su contenido que le apasiona viajar y que es una gran observadora de la sociedad; que entrenar es su cable a tierra; que es una experta consumidora de ropa vintage y que adora a sus perros, Hermès y Caterina. Lo que no imaginábamos era todo lo que tuvo que atravesar para diseñar la vida que tiene hoy.

Lola es del interior: creció en un pueblo diminuto, a 100 kilómetros de Bahía Blanca, vivió algunos años en Córdoba y se instaló en Buenos Aires para estudiar finanzas. En esta entrevista confiesa que aún se siente “una chica del interior”, que como hija única no le fue fácil dedicarse a la moda debido a las resistencias de sus padres, que soñaban para ella una carrera universitaria tradicional. Con el apoyo de su abuelo materno, Lola viajó a Milán para formarse en moda y, gracias a su audacia y tenacidad, logró hacerse su lugar en la industria de la moda argentina.

Por primera vez, Lola Canavosio habla en primera persona sobre su salida de Delaostia, la marca de indumentaria que fundó con una amiga y de la que, tras 15 años al frente creativo, terminó desvinculandose en medio de un juicio que se extendió durante siete años. En esta entrevista también cuenta que hoy está soltera, pero que su relación anterior fue clave para impulsarla a lanzar Mija. Con la certeza de que estamos ante una mujer fuerte, con una historia de vida marcada por la perseverancia y el amor por su trabajo, abrimos paso a esta charla en primera persona con Lola Canavosio, en exclusiva para InfoStyle.

¿Dónde creciste? ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia?

Mi familia de origen es de Córdoba. Yo nací en Bahía Blanca y crecí en Mayor Buratovich, un pueblito a 100 kilómetros de Bahía Blanca. Es un pueblo muy chiquitito: de diez cuadras por diez cuadras. Soy hija única, mis papás son odontólogos. Nos instalamos ahí porque mi papá hizo un hospital en ese lugar. Tengo recuerdos de una infancia increíble, totalmente libre, con mucho campo y naturaleza. Aún conservo amigos de esa época. A mis siete años nos fuimos a vivir a Córdoba unos años y luego volvimos a vivir a Bahía Blanca, donde terminé el secundario. Recién al iniciar la vida universitaria me vine a vivir a Buenos Aires.

¿Siempre supusiste a qué te querías dedicar? 

Desde chiquita me interesaba armar mis propios looks, inventaba cosas con prendas de mi mamá. Mis dos abuelas –tanto por parte de padre como de madre– estuvieron vinculadas a la moda. Una de mis abuelas se dedicaba a la peletería en Córdoba y mi otra abuela había estudiado corte y confección, cosía muy bien. Tengo el recuerdo de ver revistas, elegir telas en su casa y que me arme prendas en el momento. Incluso mis bisabuelas estuvieron vinculadas a lo textil. Mis padres eran odontólogos y querían que yo haga una carrera universitaria. Veían el diseño como un hobbie, por lo que me insistieron en que eligiera algo para estudiar. Yo sabía que quería irme a vivir a Buenos Aires, por lo que me compré una guía universitaria y me puse a buscar estratégicamente algo que no estuviera ni en Bahía Blanca ni en Córdoba. [Se ríe]. Me fui a Buenos Aires a estudiar finanzas en la Universidad del CEMA. 

¿Cómo fue tu experiencia en la universidad? 

Como típica hija única, siempre fui una alumna aplicada. Era mejor promedio y los números siempre me gustaron y me resultaron fáciles. Cursé tres años en la universidad, aunque yo tenía claro que eso no era lo mío. A pocas materias de terminar, decidí abandonar la carrera, lo que desencadenó todo un tema familiar.

¿Tus padres no aprobaban esa decisión?

¡Para nada! Fue todo un tema, de hecho mi padre estuvo enojado conmigo durante mucho tiempo. Si dejaba la carrera, se cortaba todo el apoyo económico que me daban mis padres hasta ese momento. Me tenía que valer sola. Yo estaba realmente muy segura de la decisión y no pensaba volver a facultad. De hecho, hasta hace pocos años me seguían insistiendo con el tema. Yo me reía en voz alta: ¡ya no me acuerdo de nada de la facultad! Aunque es cierto que fue una base espectacular y mucho de lo aprendido lo aplico hasta el día de hoy. 

Hubo algo que me marcó mucho en la vida, específicamente en la decisión de dejar la carrera. Apenas nos instalamos en Buenos Aires, mi mejor amiga, con la que vivíamos juntas, se suicidó. Eso me hizo replantearme muchas cosas a nivel personal y a preguntarme mucho qué quería para mi vida. Estaba viviendo sola en Buenos Aires, mis padres por esa época se divorciaron y se me desencadenó un replanteo interior muy fuerte. Después de todo lo vivido no estaba dispuesta a vivir en automático, a hacer las cosas por hacer. Yo, que siempre quise ser buena alumna y no decepcionar a nadie, decidí dejar la facultad. Quería hacer lo que me gusta, aunque mis padres estuvieran en desacuerdo con esa decisión. 

Tuve muchos quiebres en mi vida, ese fue uno. Aún así, siento que la vida es perfecta tal cual es, con sus cosas buenas y malas. Todo se ordena siempre. Siento que la vida te va llevando a los lugares que te toca transitar y soy muy agradecida. 

¿Cómo siguió tu camino?

Con el apoyo de mi abuelo materno viajé a Milán a estudiar moda unos meses y después de volver a Buenos Aires me dediqué a trabajar en vestuario para cortos. Era difícil mantenerme sin el apoyo de mis padres, pero lo venía logrando relativamente bien, aunque laburando en televisión nada es demasiado estable. Un día mamá me vino a visitar y un vecino del edificio se nos acercó para avisarnos que buscaban una recepcionista para un restaurante/boliche que estaban por abrir. Le respondí que si sabía de alguien le avisaba. Se fue el chico y mi mamá se me quedó mirando: “¿vos no dimensionas de que te tenés que mantener sola? Si querés vivir en Buenos Aires, hacer lo que vos querés, y no volver a la facultad, te tenés que hacer cargo”. Tenía toda la razón, pero yo, recién llegada de Milán, siendo hija única consentida, no me imaginaba trabajando en un restaurante; pero fui a la entrevista y quedé seleccionada en el momento. El primer día de trabajo me echaron. Yo no entendía qué estaba pasando, acababa de arrancar, pero un encargado me llamó, me empezó a insultar y me dijo que me fuera a mi casa. Salgo llorando del restaurante y me cruzo con mi vecino que venía caminando con otra persona. Me preguntan por qué estaba llorando, les respondo que me habían echado en mi primer día de trabajo por haber regalado champagne, pero que yo no había regalado nada, si recién acababa de empezar. Se empiezan a reír: “Seguro te confundieron con Lola del turno de la mañana”, me dicen y me invitan a volver con ellos, que era todo una confusión. Esa persona con la que me crucé ese día llorando era Marcelo Mazzini, con quien luego armamos Delaostia, fue el primer inversor. 

¿Cuándo y cómo surge Delaostia?

Gracias a ese encuentro, seguí trabajando en el restaurante y ahí mismo conocí a Nati Morano, mi primera socia. Nos hicimos amigas. Ella tenía una marca de ropa masculina, yo también colaboraba con Las Pepas, pero no tenía nada fijo, y surge la idea de hacer algo juntas. Empezamos haciendo remeras y registramos juntas la marca Delaostia. Marcelo Mazzini, que era inversor en el restaurante donde ambas trabajábamos, nos veía con bolsas y telas y nos preguntó en qué andábamos, a lo que le contamos que estábamos armando nuestra marca de ropa y nos dijo de hablar, que a él le interesaban esos proyectos. Así arranca todo. Él fue el impulsor de nuestra primera colección y a los seis meses nos consiguió un inversor para la marca.

Todo sucede en el momento indicado. Si no hubiese ido a esa entrevista, si no me hubieran echado, si no hubiese conocido a Marcelo, nada de todo esto hubiera pasado. Durante 15 años tuve Delaostia: tenía un equipo grande, varios locales, vendíamos a un montón de cuentas mayoristas, estabamos en Uruguay, Bolivia, Nueva York. Delaostia marcó a una generación y la gente todavía la recuerda con mucho cariño. Me dolió mucho irme de ese proyecto. Yo amaba ese lugar, era como mi hijo. 

¿Por qué te fuiste de Delaostia?

Mi salida fue muy dolorosa: me quedé sin nada de un día para otro. En una firma por la venta de un porcentaje de la empresa, me pusieron un papel sin avisarme en el que básicamente me hacían renunciar a mis cinco contratos y me dejaba sin mis ahorros generados hasta el momento. Se dio todo en un marco muy complejo: veníamos con mucho papeleo. Si bien intentaba mantenerme informada, me pedían que confiara en los abogados de la empresa y no me aconsejaban que tuviera uno propio. Venía firmando todo con las tres firmas y me llamó la atención un papel que llevaba solo mi firma. Después de firmarlo volví a leerlo y no podía creer lo que estaba leyendo. Me empezaron a temblar las manos. El documento básicamente decía que estaba renunciando a todo. Fue una situación horrible y oscura. 

Como era socia, cuando decidí irme me quedé sin nada. No sabía cómo iba a sostenerme. Mi salida implicó un juicio de siete años. Fue un movimiento muy grande en mi vida. Yo creía que no había vida más allá de Delaostia: pensaba que eso era lo único que sabía hacer. Me resultaba muy difícil que alguien me contratara como diseñadora, si yo hacía 15 años me dedicaba a Delaostia. Fue una de las decisiones más importantes que tomé. Al día siguiente de irme ya me habían llamado de tres lugares distintos para ofrecerme trabajo. Fue mucho aprendizaje. Hoy no firmo un solo papel sin leer. Ahora en Mija, mi proyecto, estoy sola: no quiero socios.

¿Cómo siguió tu vida laboral? ¿Cuándo empezó a gestarse Mija?

Primero me llamaron de una empresa textil muy fuerte y me convocaron para armar un departamento de producto terminado, para vender a Argentina y al exterior. Empecé a viajar mucho por ese trabajo. También me llamaron para desarrollar una marca de cero. En ese proceso abrí mi propia empresa de producto y también mi atelier de alta costura, que fue espectacular. Cuando me di cuenta, no podía ni respirar de la cantidad de trabajo que tenía. Me di cuenta de lo que valía y de la libertad que había ganado y económicamente me iba mejor que antes. Fueron años de mucho laburo y crecimiento. En pandemia estaba asesorando a muchas marcas y mi novio de ese momento me insistía en que hiciera algo propio. Yo sentía que había cerrado la etapa de tener marca propia, pero empecé a pensarlo.

Me imaginaba algo de venta exclusivamente online. Si volvía a tener mi marca propia, quería algo consistente en su narrativa: desde el nombre, lo visual, la calidad de las prendas… quería desarrollar algo muy prolijo y consolidado. El 2020 lo dediqué a pensar el concepto, armé un moodboard y el desarrollo de la web que llevó muchísimo trabajo.

También empecé a pensar en los equipos. Quería que el estilismo lo haga Eugenia Revolini, que venía de atravesar un cáncer, y yo trabajé muchas temporadas con ella y la admiro mucho: enseguida me dijo que sí. Cuando vi su predisposición, empecé a sumar más equipo pensando en pelo, make up, foto. Todavía no tenía una colección, solo la idea, y todos me empezaron a decir que sí. Si tenía ese equipo creativo de alto nivel, sabía que esto iba a salir bien. La esencia es creativa, no puramente comercial, y eso se nota. 

¿Por qué elegiste el nombre Mija?

Yo ya había tenido a “Mi-hijo”, ahora le tocaba a “Mi-hija”. Es una palabra que tiene mucho que ver con el interior, de donde soy yo, que el “mija” se usa mucho. Al mismo tiempo hay cuatro mujeres en mi familia que nos llamamos María y las cuatro nos dedicamos al mundo de la indumentaria: mis dos bisabuelas, que ambas se llamaban María Dolores, mi abuela que se llamaba María Flora y la última soy yo, María Laura. A partir de eso llegamos a las 4 M que conforman el logo. Me parecía importante que el nombre rindiera tributo a mi historia, de dónde vengo y quién soy.

¿Cómo fue el crecimiento de Mija tras su lanzamiento? ¿Cuáles son los puntos de venta actuales?

Mija tiene solo 4 años, pero creció muy rápido y eso nos obligó a ordenar equipos estratégicamente. Primero abrimos solo online, como las clientas querían poder probarse la ropa, abrimos un showroom en la calle Cabello. Cuando tuvimos el showroom, nos empezaron a llamar los shoppings. Hace un año y medio decidimos abrir un pop-up en Patio Bullrich, mientras gestábamos el proyecto de una tienda en Shopping Alcorta. La idea del pop-up era que fuera de cuatro meses y terminó siendo más de un año. El proyecto de Alcorta fue un gran desafío, era un espacio pequeño, y desarrollamos un proyecto increíble. La tienda está montada a partir de tres módulos de madera que se encastran, tiene todo un techo abierto... Es una pieza arquitectónica que puede armarse y desarmarse, es una locura. Una propuesta muy distinta, muy difícil de ejecutar. Dio mucho trabajo, pero es un gran orgullo: es muy Mija. 

Hoy en cuanto a puntos de venta tenemos nuestro showroom en Cabello, la web, la tienda de Alcorta, unas 21 cuentas multimarca por todo el país y a través de la web llegamos a todas partes del mundo.

¿Qué planes para este año? ¿Proyectan desembarcar en Uruguay?

Algo que es importante destacar es que Mija es 100 % industria argentina. Hasta el paño de mis tapados los desarrollamos con 100 % lana merino o lana de llama en Argentina. No es algo menor, porque Argentina está pasando un momento económico muy complicado y producir es muy desafiante. Pagamos impuestos muy altos y eso se traduce en nuestros precios de venta. 

Si las cosas en Argentina se dan, me gustaría abrir un nuevo local. Hasta ahora nuestros locales en Buenos Aires han estado conglomerados en pocas cuadras de circunferencia. Tengo ganas de que Mija llegue más al norte. Tenemos muchas clientas de Nordelta y me gustaría tener un punto más cercano a ellas. Está en mi mente, pero no sé si será a corto plazo. Aunque uno nunca sabe, hay que estar abierto a las oportunidades.

Me encantaría que Mija esté en Uruguay. Viajo seguido a Punta del Este y para mí es mucho más que un destino de vacaciones, tengo una conexión espiritual muy especial con Uruguay. Estamos en conversaciones con una multimarca para que pronto nuestras prendas estén disponibles en Chile y Uruguay. Esperamos pronto estar ahí. 

Ping pong con Lola Canavosio:

  • Una serie: The Night Of
  • Un sueño por cumplir: Me gustaría volver a vivir en el exterior por un tiempo
  • Un libro: “Los cuatro acuerdos” de Miguel Ángel Ruiz Macías
  • Una marca internacional: Me gustan varias: Bottega Veneta, Dior, Jacquemus. Miro muchas marcas internacionales y de todas admiro cosas distintas.
  • Un destino: París

En primera persona con Santiago Colinet

(Por Agustina Amorós) Santiago Colinet (29) es fotógrafo y creador de contenido. En su cuenta @santiagocolinet, comparte con sus más de 110 mil seguidores un sinfín de viajes por el mundo, contenido de moda, humor y lifestyle. Oriundo de Salto, con una infancia en el campo, cubre los eventos de moda más top del mundo. Tras dos años de vivir en la otra orilla, confiesa sus planes de volver a Montevideo. En 2025 recibió el primer InfoStyle Awards por su trayectoria en el mundo de la moda, no podemos más que celebrar que un talento vuelve a casa. 

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