Placer, deseo y autoconocimiento: la conversación pendiente

Este 8 de agosto, Día Internacional del Orgasmo Femenino, ponemos sobre la mesa una conversación que todavía sucede demasiado poco: ¿cuánto conocemos realmente sobre nuestro propio placer? Una ginecóloga responde algunas de las preguntas que muchas mujeres piensan, pero no siempre se animan a llevar al consultorio.

Hablamos de skincare, hormonas, entrenamiento, alimentación, sueño y salud mental con una naturalidad que hace algunos años parecía impensada. Sin embargo, cuando la conversación llega al placer femenino, todavía existe cierto silencio.

¿Qué pasa si nunca tuve un orgasmo? ¿Por qué puedo alcanzarlo de una manera y no de otra? ¿Es normal que mi deseo cambie? ¿Debería hablar de esto con mi ginecóloga?

Preguntas simples, íntimas y mucho más frecuentes de lo que imaginamos.

El 8 de agosto, Día Internacional del Orgasmo Femenino, puede funcionar como una buena excusa para abrir una conversación que debería existir durante todo el año: hablar de sexualidad también es hablar de salud.

La Dra. María Laura Martínez, ginecóloga de DIM Centros de Salud, explica que muchas mujeres llegan al consultorio para realizarse controles, hablar sobre anticoncepción, embarazo, infecciones o menopausia, pero cuando se trata de su propia experiencia sexual aparecen el pudor, la vergüenza y los mitos.

Desde el punto de vista fisiológico, el orgasmo es una liberación repentina de la tensión sexual acompañada por una sensación intensa de placer.

Durante ese proceso intervienen hormonas y diferentes sustancias químicas producidas por nuestro organismo. Pero quizás el punto más importante sea otro: no existe una única manera correcta de experimentarlo.

“El orgasmo es la liberación repentina de la tensión sexual. También conocido como clímax, es un momento de placer sexual intenso y súbito”, explica Martínez.

La especialista señala, además, que cada cuerpo puede vivirlo de una manera diferente.

Incluso nuestra propia experiencia puede modificarse a lo largo de la vida.

Las emociones, el estrés, los vínculos, determinados medicamentos y las diferentes etapas hormonales pueden influir en la sexualidad. Lo que funcionaba a los 25 puede sentirse diferente a los 35, 45 o 55. Y eso también forma parte de conocernos.

“Nunca tuve un orgasmo. ¿Es normal?” Probablemente sea una de las preguntas que más cuesta verbalizar.

No todas las mujeres experimentan el orgasmo de la misma manera ni con la misma facilidad. Tampoco existe un recorrido universal para llegar a él.

La presión por “tener que” alcanzarlo puede, paradójicamente, convertirse en un obstáculo más.

La sexualidad no debería funcionar como una performance ni como una lista de objetivos que hay que cumplir.

Si nunca ocurrió, si existe preocupación o si una dificultad genera malestar, conversarlo con un profesional puede ayudar a comprender qué está sucediendo y descartar factores físicos, hormonales, emocionales o vinculados al contexto.

Pero el primer paso quizá sea abandonar la comparación. No existe una experiencia sexual estándar.

“Si no llego al orgasmo con penetración, ¿hay algo mal?” No.

Y quizás este sea uno de los mitos sobre sexualidad femenina que más tiempo ha sobrevivido.

Durante décadas, buena parte de la representación cultural del sexo colocó a la penetración en el centro de la experiencia femenina. La anatomía cuenta una historia bastante más amplia.

El clítoris desempeña un papel central en el placer sexual femenino y su estimulación es una de las principales vías para alcanzar el orgasmo.

Comprenderlo no es un detalle menor.

También habla de algo que durante mucho tiempo estuvo ausente de la conversación: conocer nuestra anatomía es parte de nuestra salud.

Explorar el propio cuerpo, reconocer qué produce placer, poder comunicarlo y entender que cada persona responde de manera diferente son componentes de una sexualidad saludable.

¿Por qué todavía nos cuesta tanto hablar de placer?

Quizás porque durante generaciones se enseñó mucho más a las mujeres sobre cómo evitar un embarazo que sobre cómo funciona su propio placer.

O porque todavía sobreviven ideas que asocian la sexualidad femenina con el pudor.

O simplemente porque nadie nos dijo que esas preguntas también podían hacerse dentro de un consultorio.

Para Martínez, el autoconocimiento y la posibilidad de conversar abiertamente sobre sexualidad deberían formar parte del cuidado integral de la salud.

Una consulta ginecológica no tiene por qué limitarse a un PAP, una ecografía o un método anticonceptivo.

El deseo, el dolor durante las relaciones, los cambios en la libido, las dificultades para alcanzar el orgasmo o cualquier inquietud relacionada con nuestra sexualidad también merecen un espacio.

La experiencia orgásmica puede estar asociada con efectos positivos como relajación, disminución momentánea del estrés, mejor descanso y una mayor conexión con el propio cuerpo.

Pero existe una aclaración importante. El orgasmo tampoco debería convertirse en una nueva exigencia de bienestar.

En tiempos en los que parece que debemos dormir ocho horas, meditar, entrenar, comer perfectamente, hacer skincare y además alcanzar nuestra mejor versión emocional, convertir el placer en otra obligación sería perder de vista precisamente su esencia.

No todas las relaciones sexuales tienen que terminar en un orgasmo. No todos los orgasmos tienen que sentirse iguales. Y no todas las etapas de nuestra vida sexual serán idénticas.

Quizás la conversación sobre el orgasmo femenino sea, en realidad, una conversación mucho más amplia. Sobre educación sexual, sobre anatomía, sobre deseo, sobre comunicación.

Y, especialmente, sobre la posibilidad de apropiarnos del conocimiento de nuestro propio cuerpo.

“Conocerse también es una forma de cuidarse. La educación sexual, el conocimiento del propio cuerpo y el acompañamiento médico cuando existen dificultades son herramientas fundamentales para vivir una sexualidad saludable”, concluye Martínez.

Este 8 de agosto, entonces, la conversación puede empezar por algo mucho más sencillo que encontrar respuestas perfectas.

Nota realizada con el asesoramiento de la Dra. María Laura Martínez, ginecóloga de DIM Centros de Salud (MN 98033 / MP 225443).

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