Flor se conecta a la entrevista desde Londres, y se une a mi charla con Laura –que es encargada de prensa y comunicación de su equipo–, que ya veníamos afinando los detalles para esta charla. Flor ha sabido rodearse de equipos de confianza que la acompañan en sus distintos negocios, su marca personal y su faceta como influencer de lifestyle. “Porque el liderazgo moderno no cabe en una sola etiqueta”, dice en la bio de su página web. Flor es, además, inversora ángel, emprendedora y speaker, y se considera parte de una nueva generación de líderes “que comprenden que el capital no se limita a ser gestionado; se protege, se hace crecer y se proyecta hacia el futuro”. Sin más preámbulos, nos adentramos en esta charla en exclusiva para InfoStyle:

¿Cómo fue tu infancia?
Soy de Catamarca, vengo de un pueblo pequeño de 400.000 habitantes, por lo que viví la cultura de jugar en la calle y conocernos entre todos. Crecí en un lugar seguro, que podía caminar sola a cualquier lado, andar en bicicleta en la plaza y tener muchos amigos. Tuve dos papás emprendedores y en mi casa el trabajo siempre fue la prioridad, incluso antes que la familia. El trabajo como rutina, conducta y parte de la vida.
Soy hija única, pero a diferencia de muchos hijos únicos, era una niña que siempre quería compartir y jugar con todos. Siempre fui muy abierta. Creo que no tengo características de hija única. De hecho, no me gustaría tener un solo hijo. En las buenas es divertido ser el protagonista, pero en las malas –que a mí me tocó pasarlas– creo que es lindo poder compartir ese momento con hermanos.

En varias entrevistas contaste que de niña querías ser endocrinóloga, ¿cómo surge ese deseo tan específico y cómo fue que la vida te llevó a otros lugares?
Siempre quise ser médica. Creo que hay algo del servicio que me interesó siempre, esto de recibir y dar. Mi papá como empresario se dedicaba al rubro de la salud sin ser médico y había algo de esa vocación y disponibilidad para el otro que me llamaba mucho la atención.
Me interesaba la endocrinología porque sentía que podía aportar mucho a la vida de las personas. Llegué a prepararme para hacer medicina, pero finalmente no fue el camino para mí. Mi papá fue diagnosticado de un cáncer terminal, con una expectativa de vida muy cortita, lo que me llevó a replantearme la vida desde distintas perspectivas. Decidí estudiar una carrera más flexible que pudiera ejercer desde cualquier lugar. Acordamos con él que yo iba a estudiar y hacer mi vida mientras sea posible, porque sabíamos que después se me iba a venir algo más pesado y no iba a tener la oportunidad de hacerlo. Gracias a Dios fue así, tuve la oportunidad de prepararme para todo lo que se me venía. La carrera de negocios me permitía esa flexibilidad y me dio una base más internacional que hoy utilizo mucho. Fue una sabia decisión estratégica de acuerdo con mi situación. Hoy la vida me vuelve a poner la medicina en frente y estoy vinculada desde lo empresarial.

Ahondemos en tu formación académica, que estuvo dividida entre Argentina y Estados Unidos…
Estudié en Catamarca y antes de terminar la secundaria me fui sola a estudiar a Boston. Fue mi primera vez viviendo en el exterior, exponiéndome 100 % al inglés y conociendo la nieve. A mi regreso pedí un permiso al Ministerio de Educación y rendí todas las materias libres para terminar el colegio también en Argentina –quería viajar con mis compañeros a Bariloche y también que mis papás estuvieran presentes en mi graduación–.
Luego estudié unos años de negocios en Argentina y en un momento viajamos con mi padre a Estados Unidos. Mi papá se instaló en Houston por su tratamiento y yo me formé en New England –viví en Massachusetts y Connecticut –. Hice un undergrad de business y un máster en finanzas. Creo que todas estas experiencias me dieron mucha capacidad de adaptación y me exigieron flexibilidad, por lo que siempre fui una persona que se adaptó a las circunstancias.

¿Cómo viviste a nivel emocional esos años en Estados Unidos?
Es difícil ser la hija de alguien y al mismo tiempo su cuidadora en este contexto, en el que pasás a ser su psicóloga, acompañante, médica y confidente. Yo siento que eso definió mucho mi identidad. No fue fácil de atravesar y me ha costado mucha terapia poder trabajarlo. Viví muchos años con miedo de que llegara esa llamada. Es una carga muy grande.
Al mismo tiempo, mientras atravesaba ese momento, llevaba una vida relativamente normal de una chica de 19 años. Sabía que tenía un tiempo limitado para formarme y tenía que usar todos mis recursos y contactos para prepararme. Las universidades americanas tienen altos estándares, yo además había aplicado a una beca por lo que se me exigía estar a la altura de las circunstancias. Saqué muchos frutos de esa experiencia. Estar en constante adaptación a un entorno que no es el tuyo –hablar otro idioma, vincularte con otras culturas y personas– te mantiene fuera de tu zona de confort y estar incómoda es parte de crecer.

¿Cuál fue tu primer trabajo?
Mi primer trabajo en la vida fue a los 15 años cuando estaba estudiando en Estados Unidos. Allá es muy normal trabajar mientras vas al cole y me contrataron en una librería. Trabajaba leyendo libros y redactando las reseñas que se pegan en los libros. Me acuerdo de que me pagaban USD 7 la hora. Leí mucho, aprendí vocabulario, conocí gente, me divertí un montón…fue un gran primer trabajo.
Luego formé parte de un programa de liderazgo femenino de negocios y políticas que teníamos mentoras muy reconocidas. Ahí quedé seleccionada para un programa que tenía Hillary Clinton para trabajar en su Family Office en Virginia. No era un trabajo en sí mismo, pero fue una experiencia muy enriquecedora que me marcó como líder y como persona.
Mi papá murió en marzo de 2018 y yo hasta ese momento nunca había trabajado para él por elección propia. Quería prepararme todo lo que pudiera para cuando llegara ese momento y tuviera que abandonar todo lo que estaba haciendo, y así fue. Nos volvimos juntos a Argentina. Mi papá murió un viernes y yo el lunes empecé a trabajar como la nueva CEO del grupo.
Las empresas familiares funcionan como una familia, por lo que llegué a una empresa que estaba duelando a su rol paterno, su jefe. Había mucha incertidumbre de qué iba a pasar con la empresa y con el trabajo de todos. Mi prioridad fue calmar la incertidumbre y en parte me tocó dejar de lado mi duelo como hija. Yo venía a ser la continuidad de un legado y me tocaba dar la cara para un equipo que me necesitaba. Tuve que sacarme el corazón para ocupar un puesto como líder mujer, joven y del interior. Mi rol en el negocio era cuidarlo, continuarlo y hacerlo crecer. Me dio disciplina, responsabilidad y visión de negocios. Pero en un momento entendí que continuar el legado no era repetir lo que hacía mi papá, sino encontrar mi propio camino.

Llegaste para continuar el legado familiar, pero con mirada innovadora. Impulsaste un proyecto pionero al robotizar farmacias en Argentina…
Sí, fue una locura que salió bien. Hoy hablar de robótica ya es una antigüedad, pero en ese momento era una novedad. Fuimos la primera farmacia en robotizar sus procesos. Hoy son varias las farmacias en Argentina que lo incorporaron, pero nosotros trajimos esa tecnología con la idea de eficientizar procesos, agilizar tiempos e incorporar tecnología.
A nivel personal fue una constatación de que esta era mi gestión y que mi mirada joven venía a revolucionar un poco las cosas. A muchos no les gustó, hubo personas que no confiaron y me criticaron. Hubo gente que pensó que estaba arruinando el historial de mi papá y luego al ver de qué se trataba entendieron que era parte de un cambio generacional.

En paralelo a los negocios, también pusiste el foco en tus redes sociales y te convertiste en influencer, hoy con más de 460 mil seguidores. ¿Cómo fue la decisión de exponerte?
No fue una estrategia, no fue pensado, se dio orgánicamente. Tampoco es que tenía el deseo de ser influencer. Naturalmente mi generación tiene el celular como una extensión de su cuerpo y entendí que viniendo de tan lejos y estando posicionada en un lugar tan pequeño, necesitaba plantar bandera, que la gente me conozca y creyera en mí. Usé las plataformas para poder contar mi historia, validarla y crear comunidad. El valor de todo esto es generar confianza y comunidad. Uno no se da cuenta, pero se te abren puertas inimaginadas. Solo por el hecho de estar disponible en redes, terminé en mesas y espacios de trabajo increíbles.
Hoy somos un equipo de cinco, seis personas que me acompañan. No decido todo sola. Hay mucho de edición, de curaduría, de pulir, de construir la narrativa y mensajes. También son muchas plataformas… cada vez hay más. Arranqué solo con Instagram, pero hoy tenemos TikTok, YouTube, y Substack y mi web personal.
La moda me encanta y siempre fue un canal para expresarme. Viajo mucho por trabajo y por placer y me gusta compartir si siento que tengo algo para comunicar. Hay una delgada línea entre que me tomen en serio en mis negocios sin dejar mi lado creativo de lado, o mostrar mi vulnerabilidad y mis emociones sin quedar demasiado expuesta. No quisiera que mi identidad sea una o la otra, porque están integradas en mí. Mi lado vinculado a negocios me enseñó mucho de disciplina, responsabilidad y toma de decisiones; pero mi lado creativo me enseñó a comunicar y conectar con la gente que es algo muy valioso tanto como líder o speaker.
También es cierto que para dedicarte a esto hay que estar dispuesto a que la gente piense que te conoce y que sabe todo de tu vida, por lo que se siente libre de opinar sobre vos. Cuando no me siento al 100 %, como ahora, me guardo. Es una plataforma que uso en función de cómo me siento.

¿En qué sentido te guardás?
Por muchos años mi carrera estuvo enfocada en operar compañías: liderar equipos, tomar decisiones, resolver problemas, crecer profesionalmente… y ahora me encuentro entrando en una nueva etapa. Entendí que rendir bien no significa estar bien. Puedo estar funcional y aun así no sentirme bien. La salud mental se puso en agenda. Aprendí a pedir ayuda: no todo se resuelve con disciplina o fuerza de voluntad; y yo supe golpear puertas para pedir ayuda. Hice distintas terapias, meditaciones, coaching y todo lo que te puedas imaginar.
En esa búsqueda decidí instalarme en Reino Unido, por motivos profesionales y personales. A nivel laboral el destino más cómodo sería Estados Unidos, pero Londres me permite un enfoque desde Europa con mirada de mercados globales y muy relacionada desde acá con el Middle East. UK es muy importante en el mundo emprendedor, tech y startupero, es un hub muy importante en términos de desarrollo de este tipo de negocios. Está en expansión de manera constante. Es un mercado que, solo este año, ya tiene doce unicornios. Las empresas más grandes como Open AI, Anthropic y muchas Fintech están abriendo base acá.
La elección también tuvo que ver con lo personal. Londres es una ciudad hermosa, grande pero no ruidosa, tiene mucho verde y mucha calma. Es una ciudad gris, que te permite estar un poco triste y yo necesitaba permitirme estar triste, hacía muchos años que no había lugar para el silencio. Necesitaba un momento para parar en todo sentido: desaparecí de eventos, de los medios y también de redes sociales. Esta es la primera entrevista cara a cara que estoy dando en todo el año y para mí significa un montón. Como líder lo humano es lo primero, y necesitaba darme este espacio para recalcular e ir de nuevo. Necesitaba pasar por momentos muy oscuros, de incomodidad, para luego construir una mejor versión. Hoy estoy muy contenta de haberlo hecho.

Esta crisis individual coincide con una preocupación global en torno al bienestar y la salud mental…
Es un importante tema en agenda y un punto de gran preocupación entre líderes. Este año me dediqué a hacer foco en una rutina saludable. ¡Hice de todo! Me dediqué especialmente a la meditación Vipassana, estuve varios días totalmente desconectada del celular para adentrarme a la práctica. Fue un gran desafío.
Hice un montón de terapias… constelaciones familiares que me ayudó mucho a observar algunas dinámicas del pasado para no repetirlas en el futuro. También probé hipnoterapia para trabajar la ansiedad y me interioricé con la micro-dosis.
Me genera mucha curiosidad todo lo que tiene que ver con los psicodélicos, creo que es el futuro de la medicina desde muchos puntos de vista, es un tema que tengo presente también como inversora. Estoy muy atenta y abierta a todo lo que tiene que ver con el bienestar y la salud mental. Lo necesito para mí, pero también creo que es el futuro de la medicina.

¿En qué etapa te encontrás ahora?
Mi nueva versión intenta combinar el capital, la tecnología y mi experiencia para poder transformar algo nuevo –que puede estar vinculado a lo que ya hago o no–. Estoy enfocada en nuevas formas de hacer negocios. Quiero ver qué otras industrias valen la pena transformar, qué compañías quiero ayudar a construir.
Cuando hablamos de innovación no siempre es inventar una industria, sino que a veces son oportunidades de transformar lo que ya existe. Creo que Latinoamérica tiene una oportunidad enorme de transformar sus industrias.
De alguna manera estoy en una transición de operadora a convertirme en inversora. Una builder que entiende dónde poner el capital habiendo estado del otro lado, desde adentro, haciendo que las cosas sucedan.
Estoy trabajando mucho desde el Family Office, que es una estructura para administrar o preservar patrimonio; y para mí es la plataforma para poder invertir, construir, acompañar a emprendedores y conectar oportunidades. Siempre que puedo, me encargo de llevar a Latinoamérica a cualquier mesa de trabajo.

¿Cómo te proyectás?
Estoy atravesando una etapa de reconstrucción personal. La vida nómade me dio un montón de cosas hermosas, pero también tengo ganas de sentir pertenencia a un lugar. Quiero hablar de un hogar y no de una casa, y de un soporte familiar.
A nivel negocios quisiera seguir diversificando el riesgo y buscando nuevas oportunidades. Tengo ganas de próximamente instalarme en otra gran ciudad para seguir construyendo todo lo referido a este nuevo modelo de Family Office que quiero crear. Mi próxima etapa no es construir más, sino de una manera más consciente.
En lo personal llegué a una edad en la que naturalmente me tocó pensar en la maternidad. El año pasado congelé óvulos y me lo tomé como un gran proceso desde la curiosidad y admiración de lo que la tecnología médica puede ofrecernos. Lamentablemente es un proceso caro todavía, por lo que pocas mujeres pueden acceder. No sé si voy a ser madre o no, pero como tenía la posibilidad de un plan B, lo tomé.
En el último tiempo me detuve a redefinir qué es el éxito. Creo que crecer también significa frenar, revisar y empezar de nuevo. Ya no se trata solo de resultados, reconocimiento o dinero, hoy busco más estabilidad, paz, relaciones sanas y sentirme feliz con la vida que estoy construyendo.

Ping pong con Flor Sosa:
- Un hábito: Meditar
- Un libro: En este momento estoy leyendo “The Let Them Theory”, de Mel Robbins
- Tu serie de cabecera: Gilmore Girls
- Tu lugar en el mundo: Catamarca
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