Hace tiempo que Copenhague dejó de ser simplemente “la otra” semana de la moda europea.
Mientras París conserva la fantasía, Milán celebra la sofisticación y Londres reivindica su costado más experimental, la capital danesa construyó un lenguaje propio: relajado, funcional, inesperado y con esa particular habilidad escandinava para lograr que incluso las combinaciones más arriesgadas parezcan fáciles de llevar.
Y si durante años buena parte de la atención estuvo puesta en su célebre street style —con editoras, estilistas, modelos e insiders transformando las calles en una pasarela paralela—, esta temporada las colecciones Primavera-Verano 2027 dejaron suficientes pistas para mirar también hacia adentro de los desfiles.
La conclusión es clara: el próximo verano quiere divertirse un poco más.
Después de varias temporadas dominadas por el minimalismo, los neutros y la estética del lujo silencioso, comienzan a aparecer destellos, texturas, colores intensos y cierta dosis de extravagancia.
Desde InfoStyle seleccionamos cuatro tendencias de Copenhagen Fashion Week que probablemente veremos mucho durante 2027 —y que, en algunos casos, podemos empezar a incorporar desde ahora.
1. Brillar ya no será solamente para la noche

Lentejuelas, tachuelas, superficies metálicas e incluso monedas.
El brillo apareció en Copenhague de tantas maneras que resulta difícil considerarlo una simple coincidencia.
La diferencia está en cómo se lleva. Ya no hablamos necesariamente del vestido de lentejuelas reservado para una fiesta. El nuevo brillo aparece dosificado y combinado con prendas mucho más relajadas.
Collina Strada lo trasladó a cinturones y zapatos; Stine Goya apostó por pequeños tops luminosos; Caro Editions lo llevó a las faldas. By Malene Birger incorporó tachuelas en vestidos y otras piezas, mientras Institution by Galib Gassanoff utilizó monedas como pequeños puntos de luz.
El resultado propone una idea interesante: vestirse de día como si siempre pudiera surgir un plan de noche.
Para llevarlo fuera de la pasarela, alcanza con una pieza. Un zapato metalizado, una cartera con aplicaciones, una falda de lentejuelas combinada con una camisa blanca o un accesorio brillante pueden transformar incluso el uniforme más básico.
2. Los cuadros cambian de temporada

¿Quién dijo que los cuadros pertenecían exclusivamente al otoño?
Copenhague propone romper una de esas reglas no escritas del guardarropa y llevarlos directamente al verano.
Pero hay una diferencia importante: no estamos hablando del clásico vichy asociado a vestidos estivales y picnics franceses.
Los cuadros que vienen son más profundos y apagados. Tonos ceniza, marrones, grises y combinaciones cercanas al tartán construyen una estética que, a primera vista, podría pertenecer perfectamente a una colección de invierno.
Skall Studio los incorporó en vestidos, mientras Henrik Vibskov y Baum und Pferdgarten apostaron por conjuntos coordinados. Mfpen, en cambio, los llevó a una de las prendas más fáciles de incorporar: la camisa.
¿La clave? Descontextualizarlos.
Una camisa de cuadros con shorts, un vestido ligero con sandalias o una falda tartán combinada con una musculosa pueden ser suficientes para llevar un estampado tradicionalmente invernal a los meses de calor.
3. Color block: el minimalismo empieza a pedir permiso

Si existe una imagen que asociamos inmediatamente con el estilo escandinavo es probablemente la de un guardarropa construido sobre blanco, negro, gris y beige.
Pero basta observar durante algunos minutos el street style de Copenhagen Fashion Week para descubrir que esa definición quedó bastante desactualizada.
Las danesas llevan tiempo jugando con el color. Ahora las pasarelas parecen acompañarlas.
Paolina Russo fue una de las firmas que abrazó con mayor claridad el color block, combinando tonalidades saturadas que tradicionalmente podrían considerarse difíciles: rojo con naranja, rosa con verde y diferentes colores intensos dentro de un mismo look.
Es casi la antítesis del uniforme beige que dominó las redes sociales durante los últimos años. Y quizás precisamente por eso resulta refrescante.
Para quienes todavía no estén preparadas para abandonar completamente los neutros, la tendencia permite empezar de a poco: zapatos de un color intenso con un vestido de otro tono, una cartera inesperada o dos prendas lisas que generen contraste.
No hace falta vestirse como un arcoíris. Pero después de tantos años de quiet luxury, el color vuelve a pedir protagonismo.
4. Rosa suave, el nuevo neutro

En el extremo opuesto aparece uno de los colores más delicados de la temporada.
El rosa suave —empolvado, pálido, casi etéreo— continúa ganando terreno y Copenhague confirma que su presencia no terminará con 2026.
Baum und Pferdgarten, By Malene Birger y Skall Studio son algunas de las firmas que lo incorporaron en sus propuestas.
Puede ser romántico sin resultar excesivamente femenino, funciona particularmente bien junto a blanco, gris, chocolate, borgoña e incluso rojo y tiene la capacidad de suavizar siluetas estructuradas.
También puede convertirse en una buena puerta de entrada al color para quienes construyeron durante años un guardarropa prácticamente monocromático.
Si el beige fue uno de los grandes protagonistas de la era del lujo silencioso, el rosa pálido podría convertirse en su heredero más interesante.
¿Qué nos está diciendo realmente Copenhague?
Más allá de cada tendencia individual, existe una lectura común. La moda parece comenzar a cansarse de la perfección excesivamente calculada.
Después del dominio del minimalismo, el old money, el quiet luxury y los guardarropas construidos alrededor de una paleta casi idéntica, las colecciones empiezan a recuperar algo que parecía haberse perdido: el placer de vestirse para jugar.
Brillos durante el día. Flores con volumen. Colores que, en teoría, no deberían combinar. Cuadros de invierno en pleno verano.
Copenhague propone menos reglas y más personalidad. Y quizás esa sea la tendencia más importante de todas.
Porque si algo demostró esta edición de Copenhagen Fashion Week es que la primavera-verano 2027 no parece interesada en que todos nos vistamos igual.
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