Quince años siendo MIO: el hotel más sofisticado y reservado de Buenos Aires

Quince años después de abrir sus puertas en una tranquila esquina de Recoleta, MIO Buenos Aires sigue cultivando el mismo lujo silencioso que lo convirtió en uno de los hoteles más elegantes —y discretos— de la ciudad. Y anoche, ese espíritu volvió a sentirse en cada detalle de la celebración íntima y sofisticada con la que el hotel festejó su aniversario junto a amigos de la casa, figuras del universo cultural y social porteño y la familia Catena.

La recepción tuvo algo de reunión privada entre habitués. Un clima relajado, cálido y sin estridencias que parece ser precisamente la fórmula detrás del encanto de MIO: un hotel boutique donde el lujo nunca necesita anunciarse demasiado.

Entre los invitados estuvo Guillermina Valdés, quien atraviesa un gran presente profesional protagonizando El divorcio del año, la obra dirigida por José María Muscari, mientras continúa expandiendo su faceta empresarial con GUIV, su marca. Aunque hace tiempo mantiene un perfil más bajo en eventos sociales, quiso estar presente en una noche especial para uno de sus hoteles favoritos en Buenos Aires.

También dijeron presente Benjamín Vicuña, Emmanuel Horvilleur y Justina Bustos, que hizo una pequeña pausa en la maternidad —por primera vez lejos de Luisita, su beba de tres meses fruto de su relación con Maxi Pardo para acompañar a Julia y Lucía Catena, actuales directoras del hotel. Entre brindis y conversaciones largas también se dejaron ver Concepción Cochrane Blaquier, Javier Iturrioz y Helena Otamendi, hija de Gégé Neumann.

La noche tuvo además un momento particularmente emotivo: el festejo por los 80 años de César Catena, fundador de MIO junto a Cristina Catena y gran responsable de la identidad del hotel, profundamente ligada al universo del vino y la hospitalidad argentina.

Fiel al espíritu hedonista de la casa, la gastronomía ocupó un lugar central. La chef Chula Gálvez, junto a Santi Pérez, diseñó un banquete servido sobre un gran mesón compartido, con una propuesta tan refinada como relajada: croquembouche de paté de ave con mermelada y manteca cubiertos en caramelo, sándwiches de pollo con mayo de curry y ciboulette, tarteletitas con crema de queso y vegetales, empanadas salteñas, provoleta grillada sobre masa madre con chutney de tomates y una cazuela de arroz meloso de hongos que rápidamente se convirtió en uno de los platos más celebrados de la noche.

La mesa dulce llevó la firma inconfundible de Gálvez: profiteroles con curd de maracuyá y frutas frescas, mini tortas Clementinas y una gran torta húmeda de chocolate con dulce de leche de tres pisos que marcó el cierre perfecto.

Durante toda la velada se sirvieron vinos D.V. Catena de Bodega Catena Zapata, mientras la DJ Isabella Mammes musicalizaba en vinilo, generando una atmósfera elegante pero descontracturada, más cercana a una residencia privada que a una celebración tradicional de hotel.

Y quizás allí esté la clave de MIO Buenos Aires. Desde su apertura en 2011, el hotel fue concebido bajo una idea poco frecuente en la hotelería de lujo: ofrecer estándares internacionales con el alma cálida y personal de una casa propia. Con apenas 29 habitaciones amplias, puertas talladas en antiguos toneles de roble de Nancy del siglo XIX y bañeras de caldén esculpidas artesanalmente, MIO construyó una identidad singular en la escena porteña.

No sorprende entonces que figuras como Ethan Hawke, Franco Colapinto, Agatha Ruiz de la Prada, Oskar Metsavaht o Esteban Lamothe lo hayan elegido durante sus pasos por Buenos Aires.

A quince años de aquel comienzo, MIO no creció en cantidad de habitaciones. Creció en carácter, sofisticación y fidelidad a una idea cada vez más escasa: la del lujo genuino, silencioso y profundamente humano.

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