Agus Casal estuvo en Montevideo en agosto de 2024 para un evento exclusivo de InfoStyle. En aquella entrevista en vivo con Stephanie Demner, Agus se subió al escenario a contarnos de su experiencia en Serendipity, la marca de cosméticos que fundaron juntas y es un éxito indiscutido. Nos cautivó a todos los presentes con su visión de negocios y su marcado perfil innovador. Aunque nadie lo supo, estaba embarazada de pocas semanas de su segunda hija, Roma, que nació en marzo de 2025. Es difícil visualizar a Agus –que se la ve resolutiva, hiperformada y segura– en un estado vulnerable de ansiedad y depresión. Tras dos embarazos muy seguidos y un accidente con su bebé con cinco días de vida, Agus atravesó un duro puerperio en paralelo con su despegue profesional. Hoy, con sus hijos saludables y sin el “baby brain” que se atraviesa con la maternidad, Agus es capaz de narrar en primera persona todo lo vivido, con la lucidez que la caracteriza. Aquí, nuestra charla para InfoStyle.

¿Cómo fue tu infancia? ¿Cómo se compone tu familia de origen?
Tengo un lindo recuerdo de mi infancia. Crecí en Olivos, un barrio cerca de la capital que aún conserva espacios familiares y comunidades chicas. Fui a un colegio de buen nivel, pero lo que más destaco es lo vincular y la comunidad. Siempre fui muy curiosa, hice muchos deportes, hacía comedia musical, gimnasia artística, vóley, cursos y talleres.
Crecí en una casa de clase media, muy dedicada a lo profesional. Mi mamá es médica, especialista en fertilidad. Mi papá es despachante de aduana, pero también estudió analista en sistemas. Tengo un hermano dos años mayor, que es ingeniero biomédico. Evidentemente hay una tendencia en mi familia a dedicarse a la innovación, a formarnos mucho en combinaciones poco tradicionales.
A mis papás les iba bien, pero vivían de su sueldo y siempre me inculcaron la cultura del trabajo y la importancia de que te guste lo que uno hace. El trabajo nos atraviesa toda la vida. Es importante disfrutar lo que uno hace la mayor parte del tiempo, ya sea por la actividad, porque te llena o por los vínculos que generás.

¿Cómo fue tu proceso de formación?
La elección profesional fue difícil, porque soy muy curiosa. Estaba entre abogacía, comunicación y psicología. Me interesaba tener la experiencia de ir a la UBA y como tengo un sentido de justicia muy fuerte a nivel interno, decidí hacer abogacía que en la universidad pública está muy bien abordada.
Yo soy partidaria de formarse, pero no depender de una carrera para lo que vas a trabajar.
Hoy sostengo que pasar por la universidad te da una mirada global de muchas cosas, no tiene que ver sólo con lo académico, te forma como persona y como profesional.
Si bien me gustaba estudiar derecho, me sentía un poco outsider. Es una carrera muy técnica y estructurada y yo tengo un perfil mucho más curioso. Me interesaba mucho más el por qué de las cosas y la redacción. Tengo una anécdota graciosa que una vez me bajaron la nota por usar la palabra “artefacto” en vez de “cosa”. Para que el texto me quedara mejor logrado y no repetir palabras, usé un sinónimo. El lenguaje jurídico es muy literal y yo quería explorar más desde lo literario.
Como podía dedicarme específicamente a estudiar, me surgieron ganas de hacer periodismo en paralelo. Abogacía es una carrera que me encantó, no me arrepiento de haberla estudiado. Trabajé en una fiscalía, pero me aburría, yo quería algo más inspirador. A los 20 una todavía quiere cambiar el mundo.

¿Cómo fue cursar dos carreras en paralelo?
Por supuesto fue desafiante, pero a esa edad tu cerebro aún es una esponja y si los invertís bien, son pocos años en los que podés estudiar y aprender mucho. Tenía el privilegio de no depender de un sueldo, vivía con mi familia. Una carrera la estudiaba en la universidad pública y la otra en privada. Una muy técnica, la otra más creativa. Me era muy divertido ese contraste…
Cuando terminé periodismo, pero aún me quedaban dos años de abogacía, me fui un año y medio a Irlanda a trabajar de moza. Fue una de las experiencias que más me cambió la vida.
Viviendo en el exterior uno aprende a construirse su propio destino. Estando allá trabajé en un restorán muy exigente, tenía estrella Michelin y nos capacitaban mucho. Aprendí un montón de una industria muy competitiva. Yo tenía doble formación en mi país, pero allá no me servía de nada: en ese viaje me recibí de adulta. Me hizo mucho más responsable con las decisiones profesionales, que cada paso que daba me llevaba al siguiente y que, si yo no tomaba determinadas decisiones, también eso iba a forjar mi destino. Fue una experiencia muy enriquecedora.

¿Cuál fue el siguiente paso?
Volvimos a Argentina porque yo quería terminar la carrera en la UBA. Una vez que terminé mi formación, tenía claro que no quería dedicarme a la abogacía. A los 25, cuando mis amigos estaban creciendo en sus carreras profesionales, yo estaba empezando de cero en una agencia de medios. Me sentía unos escalones más abajo, pero si me quería dedicar a los medios, tenía que hacer ese proceso. Hay una ventana de tiempo en el que uno puede explorar a un costo muy bajo, luego la reorientación profesional se vuelve más compleja. Se puede, pero a otro costo. En ese sentido mi pareja fue como un mentor. Él estudió administración de empresas y tiene una mirada muy interesante sobre cómo se construye una carrera profesional. Si vos mañana querés estar allá, hoy tenés que empezar acá. Esa construcción de carrera es muy importante.
Armamos un plan en el que pueda tener diferentes experiencias: primero probar en una agencia de medios, después en una start up y luego en una multinacional. Me puse manos a la obra con eso. Me armé una LinkedIn con ese perfil y unos años más tarde, acorde al plan, conseguí trabajar en una start up. Era una aplicación de unos estudiantes de Stanford, que estaban basados en Nueva York y buscaban desarrollarse en Latinoamérica. Me formaron un montón, eran personas muy calificadas. Me incluían en todas las reuniones de desarrollo de negocios, expansión. Eso me sirvió mucho para aprender de crecimiento de audiencias. Esa startup crece y unos años después la venden y yo decido buscar nuevos desafíos profesionales. Hice una maestría en Marketing y Comunicación en San Andrés y empecé a trabajar en una empresa multinacional sueca EF, que se dedicaba a intercambios. Era muy desafiante, muy exigente, muy enfocado en ventas. Viajaba mucho y el equipo era increíble. Las campañas que hacíamos en Argentina se replicaban en toda Latinoamérica, fue un desafío hermoso. Todo lo que aprendía en la maestría lo aplicaba en mi trabajo.
¿Cuándo conociste a Stephanie Demner? ¿Cómo surge la posibilidad de trabajar juntas?
En esa etapa le propuse a EF empezar a trabajar con influencers y me lo aprobaron. Armamos una campaña multidisciplinaria, con un panel de resultados muy ambicioso. La primera campaña fue con Stephie. Viajamos dos semanas por siete ciudades de Inglaterra. La campaña funcionó increíble, las métricas se dispararon. Tuvimos mucha libertad para trabajar. Ella se quedó muy contenta con la experiencia y yo también. Volvimos a viajar en otra oportunidad. Nos conocimos mucho. Esa experiencia me hizo crecer mucho a nivel laboral, me tomaron de mentora para muchas campañas. Sentía que estaba pudiendo aplicar mucho de lo multidisciplinario de mi formación: las herramientas de negociación que me dio la abogacía, el storytelling del periodismo, la resiliencia de haber trabajado como moza y haber vivido en el exterior. Con mi marido teníamos claro que teníamos ganas de volver a vivir en el exterior a tener más experiencias profesionales. En mi trabajo surgieron oportunidades, pero que finalmente no se concretaron y yo venía bastante agotada del ritmo exigente.
Mi paso natural era en una multinacional con un traslado al exterior. Eso era lo que tenía en mente para crecer, pero conversando con mi marido vimos la posibilidad de que todo el método que venía trabajando lo podía aplicar con alguien con el potencial que tenía Stephie –que desde hacía tiempo me decía de trabajar juntas–. Stephie siempre tuvo una mirada estratégica, necesitaba una dirección y yo tenía experiencia y trayectoria. Decidí renunciar a mi trabajo y dedicarme a trabajar en formato independiente. Fue una Serendipia: me tocó frenar, levantar la cabeza y mirar otras oportunidades que estaban a mi alrededor. La serendipia no te choca de frente, no es una casualidad, es buscar activamente y reconocerlas.

¿Qué implicó para ti ese cambio profesional?
Decidí darme un año para explorar, quería volver a ser igual de rentable que era en mi trabajo en una multinacional. Hablé con muchas personas, hice asesorías y trabajos como Project Manager… también quería probarme a mí misma. Uno demoniza las corpo, pero te dan una comodidad que no se tiene trabajando en formato independiente. Te dan estabilidad, previsibilidad, tranquilidad. Cuando estás solo, tenés que autogestionarte absolutamente todo.
Cuando decidí abrirme independiente, mucha gente de mi círculo no lo vio bien. ¿Dejaste abogacía y ahora vas a dejar la corpo? ¿Estás saltando de una cosa a otra? ¿Vas a tirar tu trayectoria profesional al tacho? Yo veía mucha coherencia en lo que estaba haciendo. Para el afuera le era muy difícil etiquetarme. Sentía que menospreciaban un poco lo que estaba haciendo. Yo no emprendí porque tenía una idea millonaria, emprendí porque estaba incómoda en el lugar en el que estaba. No sabía qué quería, pero tenía claro lo que no quería. Tampoco espero estar segura para avanzar en una dirección. Ninguna idea nace perfecta, estando un 60 % - 70 % segura, avanzo y dejo que el resto se vaya acomodando.
En paralelo a que empezamos a trabajar con Stephie, a mi marido le surgió una propuesta de trabajo muy buena en Berlín y nos trasladamos para allá, por lo que yo trabajaba a distancia. Todo el lanzamiento de Serendipity lo hicimos desde Alemania.
Cuando vino la pandemia, con Stephie nos encontró bien posicionadas y preparadas. Las dos teníamos un buen recorrido. Nos llegaron oportunidades muy grandes que supimos aprovechar.
¿Cómo viviste tu maternidad liderando un negocio como el de Serendipity?
Cuando nos planteamos ser padres, con mi marido quisimos organizar la vuelta a Argentina para estar cerca de nuestra familia. Con el lanzamiento de Serendipity se dieron muchas oportunidades en poco tiempo. Mi trabajo estaba en crecimiento, pero a un ritmo muy acelerado. Las mujeres nos jugamos la fertilidad al mismo tiempo en que profesionalmente estamos en el momento de mayor maduración.
Volvimos a Argentina en noviembre 2021 y en diciembre perdí un embarazo. A fines de 2022 nació Torino y fue una transformación importante. Por primera vez se me hizo palpable que la maternidad es el hecho más desigualador entre géneros. Con mi marido siempre fuimos muy parejos, muy 50-50. A pesar de todo, sentí bronca de que él pudiera seguir su carrera profesional. Yo, por mi parte, estaba muy absorbida por la maternidad.
Hay mucha exigencia de la sociedad, mucha invisibilidad de todo lo que se pone el cuerpo y tampoco se habla del estado hormonal que implica para las mujeres, cómo afecta eso en el cerebro. Para quienes trabajamos en formato independiente y trabajamos con nuestra cabeza, es un factor crucial. Sentía que tenía un nuevo cerebro, una nueva estructura mental y no estaba pudiendo. El primer año de maternidad es una bomba que explota y para nosotras no es posible tomarnos un paréntesis tan grande y, si lo hacemos, tiene un costo alto, hay oportunidades de las que te bajas que después es difícil reconstruir… El sistema no piensa en las madres. La baja de natalidad seguro tiene que ver con eso. Y eso que yo tenía mucha flexibilidad con mi formato de trabajo. Una vez envuelta en la maternidad, no terminé de salir de un puerperio y entré en otro.

¿Cómo viviste la llegada de Roma?
Roma nació en marzo de 2025 y a cinco días de nacer, tuvo un episodio en el que se atragantó.
Ella tenía problemas de reflujo, lo cual es frecuente en los bebés. Yo no sabía que los bebés se podían atragantar con leche, creía que al ser líquido no podía haber obstrucción real, pero al ser tan chiquitos puede pasar.
Era un martes a la madrugada y tuvimos una escena espantosa en la que se atragantó con leche, fue paulatinamente “in crescendo”. Le costaba respirar, se quedó muy colorada, no reaccionaba, no lloraba, empezó a perder signos vitales, se quedó cada vez más flojita y tenía una mirada muy desesperante, como pidiendo ayuda. Yo había hecho todos los cursos de reanimación, maniobras, RCP pero es imposible aplicar esas herramientas con tu hijo recién nacido ahogándose. Llamé al 911 y salí a la calle a pedir ayuda. Una vecina abrió la puerta y se quedó con Torino que estaba dormido en casa.
Vino la policía –que por protocolo no podía agarrar a la bebé, lo cual fue desesperante– y luego llegó una ambulancia que nos trasladó a una guardia de neo. Era un martes a las tres de la mañana, una escena desoladora. Yo estaba en completo estado de shock, no podía explicar lo que había pasado, estaba descalza, sin documentos, completamente desbordada. Pudieron hacer reaccionar a la bebé y me la entregaron. Roma estaba sana, pero el episodio tuvo un impacto enorme en mí.
¿Cuáles fueron los pasos a seguir –como familia– luego de ese episodio?
Empezamos a hacer todo el protocolo antirreflujo, la cuna inclinada, medicación, leche especial y todo eso. Yo soy una persona práctica y organizada y de repente me sentía muy vulnerable. Me quedé con estrés postraumático y depresión post-parto. El episodio había sido en la noche, por lo que dejé de dormir. Tenía pensamientos muy oscuros y realmente me estaba costando salir.
A pesar de haber hecho toda la vida terapia, me llevó un tiempo darme cuenta de que necesitaba ayuda profesional. Era la primera vez que estaba atravesando un problema de salud mental. También es cierto que yo pedí ayuda, pero me costó que me entendieran que no estaba pudiendo.
Si una persona está enferma de cáncer, tiene que ir al oncólogo, ¿por qué le pedimos a alguien que está atravesando temas de salud mental “que le ponga onda” o “que sea fuerte”? Con el tiempo pude ver lo que pasó como lo que fue: un accidente con suerte. Hasta ese momento lo veía como un hecho de mala suerte y con la perspectiva pude verlo al revés: tuve suerte, el desenlace podría haber sido horrible.
Esta experiencia me dio muchas herramientas, muchas señales de alerta. Me genera mucho orgullo haber podido pedir ayuda, tomar medicación. Hacerme cargo.

¿Qué aprendizajes te dejó haber atravesado esa experiencia?
Ese episodio me hizo palpar la fragilidad de la vida. Hay cosas que no se pueden planear y nada importa más que la salud mental. Hoy estoy de nuevo en sintonía conmigo, estoy muy bien. Intento disfrutar mucho de la cotidianeidad de los chicos. Valoro mucho más mi tiempo y a qué se lo quiero dedicar. Me hizo ser mucho más simple y enfocada.
Hace unos meses, en una charla TEDx, hablaste del proyecto que están llevando a cabo con la primera desarrolladora de negocios para marca personal, ¿qué nos podés contar de eso?
Todos estos años trabajando con Stephie me hicieron ver que todo lo que es la industria de la representación sigue funcionando como antes, con los códigos analógicos, y nosotras venimos desarrollando nuestro método.
Nos asociamos con Jessi Jalife, ella venía de trabajar en el mundo corpo como jefa de operaciones de un startup muy importante, y veía muchas oportunidades en lo que nosotras estábamos haciendo. Juntas fundamos Not An Agency: la primera desarrolladora de negocios para marca personal, donde la persona es el centro. Organizamos un sistema profesional alrededor de cada perfil que pueda monetizar su contenido y su comunidad, con una estrategia que esté diseñada según el perfil y los intereses de la persona y no por las oportunidades que van llegando. Ideamos a medida un plan de negocios. Realmente creo que estamos armando algo distinto, que tiene una mirada integral, sistemas, herramientas, control para potenciar con quien trabajamos.
¿Con qué clientes están trabajando actualmente?
Estamos trabajando con distintos perfiles, todos muy distintos entre sí: Cecilia Ce, Juana Repetto, Fiorella Vitteli, Lara López Calvo, entre otros. Lo que más me inspiran son las marcas personales, desde lo identitario. A mí siempre me interesaron las historias personales. Hoy siento que lo que hacemos es armar un ecosistema de negocios alrededor de la identidad de una persona que tiene una voz y un espacio para comunicar a su comunidad.
Ping pong con Agus Casal:
- Un libro: “Paula”, de Isabel Allende.
- Un libro: La vida es bella.
- Tu lugar en el mundo: Buenos Aires.
- El mejor consejo que te han dado: El “no” ya lo tenés.
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