París estaba de noche. La Torre Eiffel brillaba detrás del Trocadéro, enormes arañas iluminaban la pasarela y prácticamente todo parecía cubierto de oro. Era la presentación de Saint Laurent Primavera-Verano 2027, exactamente diez años después del debut de Vaccarello al frente de la maison. Y también, según todas las señales, un desfile que podría terminar siendo recordado como su despedida.
No hubo confirmación oficial. Pero hubo emoción, una colección que Vaccarello definió en una nota previa como profundamente personal, una reverencia final especialmente celebrada y una actuación sorpresa de Charlotte Gainsbourg. Si era un adiós, fue uno pensado hasta el último detalle.
Por eso resulta todavía más interesante que, en una colección concebida alrededor de la opulencia, Vaccarello decidiera prescindir de uno de los mayores símbolos comerciales del lujo contemporáneo: el bolso.
En toda la pasarela no apareció un solo bolso. Podría haber sido el único desfile de París —incluso de toda la temporada— en hacerlo. En cambio, abajo sucedía todo.
Junto al trabajo de calzado de la casa, Saint Laurent llevó los stilettos a un terreno que rozaba la joyería y la escultura: sandalias vertiginosas, correas y detalles dorados y tacones imposibles, diseñados no como un complemento silencioso, sino como una parte central de la narrativa.
Uno de ellos fue suficiente para obsesionar a Internet: un tacón escultórico en negro y dorado que baja hacia el suelo, se curva formando una S y vuelve a elevarse, construyendo la silueta de una serpiente bajo el pie.
Es delicado y peligroso a la vez. Muy Saint Laurent. Si algo ha entendido Vaccarello durante su década en la maison es que el erotismo no necesariamente necesita mostrar más. A veces alcanza con una línea, una postura o la forma en que una mujer camina. Y estos zapatos cambian literalmente la manera de caminar.
Otro diseño llevó el juego todavía más lejos con una punta metálica dorada y exageradamente alargada, una silueta afilada que remite al universo de los objetos de Yves Saint Laurent y convierte el frente del zapato en una pequeña pieza de metal precioso.
No se sienten como zapatos pensados únicamente para completar un look. Se sienten como objetos para coleccionar. Ese cambio de jerarquía resulta especialmente interesante en 2026. Durante años, el bolso fue el gran entry point del lujo: la pieza reconocible, fotografiable y comercialmente irresistible. Vaccarello hizo exactamente lo contrario. Quitó el bolso de escena y dejó que la ropa, las joyas y, especialmente, los zapatos construyeran el deseo.
Gen Z probablemente lo resumiría bastante mejor: the shoes are the outfit. Oro, piel y exceso. Todo alrededor acompañaba esa idea.
Vaccarello tomó uno de los colores más asociados a Yves Saint Laurent —el oro— y prácticamente lo convirtió en dress code. Hubo saharianas y trenchs metalizados, brocados, vestidos de cóctel, faldas lápiz, pantalones y grandes joyas, mientras las siluetas seguían jugando con esa tensión entre disciplina y sensualidad que se volvió parte esencial de su Saint Laurent.
El resultado no era minimalista. Tampoco pretendía serlo. Era opulencia después de años de quiet luxury. Oro contra negro. Hombros marcados contra piel expuesta. Vestidos fluidos contra stilettos casi arquitectónicos.
Y al final, después del exceso dorado, llegó el negro. Una sucesión de vestidos oscuros cerró el desfile antes de la aparición de Charlotte Gainsbourg, invirtiendo de alguna manera el histórico final dorado de la colección Rive Gauche de Yves Saint Laurent de 1991.
¿El último Saint Laurent de Vaccarello? La pregunta quedó flotando sobre París
Vaccarello llegó a Saint Laurent en 2016 y durante una década construyó una identidad extremadamente reconocible: negro, piernas infinitas, hombros fuertes, transparencias, stilettos, noche parisina y una sexualidad que nunca necesitó pedir permiso.
Este desfile pareció reunir buena parte de ese vocabulario y cubrirlo de oro. Reuters señaló que la presentación alimentó las especulaciones sobre una posible salida del diseñador, mientras que Vogue interpretó varias señales de la noche como las de un adiós, aunque hasta ahora la maison no confirmó oficialmente su partida.
Quizás por eso los zapatos resultan todavía más simbólicos. En una hipotética última colección, Vaccarello podría haber llenado la pasarela de it bags. Podría haber recurrido al logo. Podría haber pensado en el próximo objeto viral.
Eligió otra cosa: Dejó las manos vacías, cubrió París de oro y puso serpientes debajo de los pies.
Si realmente fue su despedida de Saint Laurent, difícil imaginar una salida más Vaccarello que esa.