En primera persona con Juan Manuel Cativa

(Por Agustina Amorós) Se inició en los 90 trabajando con Roberto Giordano y queda claro que heredó algo clave de esa escuela, porque las celebrities lo adoran. Juan Manuel Cativa (52) lleva más de tres décadas desarrollándose como peluquero y maquillador. Mala, su peluquería bonaerense, tiene franquicias en Argentina, Paraguay y Estados Unidos. Juanma es extremadamente alto, perfil bajo, genuinamente divertido y, me animaría a decir, un verdadero adicto al trabajo. Por primera vez en InfoStyle, conversamos de todo con el peluquero de las estrellas.  

Nos conectamos para esta charla a primera hora de la mañana porque a Juan Manuel lo espera una jornada larga de grabaciones en su casa. Su apartamento de Buenos Aires –o departamento como dicen los argentinos– es amplio y luminoso. Juanma cuenta que su living se transforma a diario en el espacio de aprontes y el set de grabaciones para trabajos freelance con distintas figuras del medio. Se mudó a esta casa el año pasado, donde vive semana de por medio con su hijo Oliver, que ya tiene 13 años. Desde que se separó de su esposa, hace seis años, está “soltero y sin apuro”, disfrutando del tiempo con su hijo, “que pasa rápido y después se van”. Tiene 52 años y transmite la energía y alegría de un chico, se lo hago saber y a las risas responde “soy como Peter Pan, no quiero crecer más”. Más allá del chiste, me cuenta que ama su trabajo, pero que no se imagina trabajando como peluquero eternamente; aunque, por ahora, su agenda laboral no le da tiempo para pensar en nada más. Y él se deja llevar por un sinfín de producciones, desfiles, shows, notas y todo el crecimiento laboral y personal que aún lo espera. Aquí, una charla con Juan Manuel Cativa: el responsable del glam de un sinfín de famosas. 

| Mi primer trabajo fue en una panadería cuando tenía 13 años. Yo atendía al público y aprovechaba para redondear las ventas para arriba y vender más.

¿Cómo fue tu infancia? ¿Desde chico sabías a qué te querías dedicar? 

Crecí en San Martín, en provincia de Buenos Aires. Mi papá era actor y mi mamá trabajaba en lo que en aquel momento era la DGI, hoy AFIP. Tengo un hermano dos años más grande. 

Mi primer trabajo fue en una panadería cuando tenía 13 años. Yo atendía al público y aprovechaba para redondear las ventas para arriba y vender más. Me querían mucho porque era rápido para el negocio. Después, ya en secundaria, trabajé en un local de ropa.

Al mundo de la peluquería llegué por casualidad. Con 18 años trabajaba como promotor de perfumes. Me habían contratado para dar a conocer el perfume Acqua di Giò de Giorgio Armani. Un día me mandaron a Alto Palermo y cuando llegué había una cola que daba vuelta la manzana porque estaban tomando gente en la peluquería de Giordano. Yo estaba vestido de traje de lino y peinado para atrás, muy Armani, y una amiga me insistió para que me presentara. Se postularon miles y miles de personas y quedamos dos. Me contrataron para abrir la puerta, pero al mes ya sabía absolutamente todo el funcionamiento de la peluquería. Trabajé 15 años con Giordano. Él era un genio, me quería un montón. Yo era irreverente: ni bien podía me iba a pasear por el shopping… pero como vendía mucho en la peluquería, me valoraban un montón. Siempre era el número 1 en ventas. En un momento lanzaron un concurso interno en el que el que vendía más shampoo de las 16 sucursales se ganaba un viaje a Los Ángeles. Me gané el viaje y la compañía de ese momento, que era Sebastian, me termina contratando para trabajar con ellos. Viajé mucho por distintas partes del mundo y me entrenaron un montón tanto en pelo como en make up. Mi formación fue desde lo práctico, viendo a otros profesionales trabajar. Era otra época.   

| A la China la acompaño desde chica en todas sus cosas, este año estuve en Turquía para su cumpleaño.

¿Qué fue lo que te hizo enamorarte de la peluquería?

En los 90 el mundo era otro. Por la peluquería de Giordano pasaban todas las figuras del espectáculo. En un momento dejé de ir al salón y pasé a trabajar mucho en producciones de revistas, iba a peinar a las notas, desfiles o tiras televisivas. Fue una época muy divertida. 

Creo que lo que me hizo enamorar de este oficio es hacer sentir bien a la gente. Ver que con tu saber podés ayudar a alguien, asesorarla y que se vaya contenta. Me gusta que la gente se vaya transformada.

| Creo que lo que me hizo enamorar de este oficio es hacer sentir bien a la gente. 

¿Cuándo decidiste abrir tu propia empresa?

La peluquería de Giordano estaba atravesando un mal momento económico, ya no podían costear que fuera a cubrir notas o desfiles. Me ofrecieron volver al salón, pero a mí ya no me interesaba. Dije: ¡no pasa nada! Hablé con una amiga mía y decidimos abrir una peluquería nosotros. Se dio de forma muy espontánea.

Yo tengo raíces árabes por un lado e italianas por el otro. Mi apellido italiano es “Cativa”, que significa malo y dije: ¿quién va a llamar así a una peluquería? Queríamos algo original y decir “Mala peluquería” es una contra-influencia, así que lo hicimos y fue un éxito.

Conseguimos un local en Palermo, en la calle Gorriti. Como quería hacer algo distinto, innovador, decidimos plotear toda la fachada de negro con el logo de MALA en fucsia. La idea era que no se vea para adentro. Sin redes sociales en ese momento, la gente entraba por pura curiosidad. Empezaron a venir todas las celebrities y se volvió muy popular. El formato boutique funcionó muy bien. A los tres años de abiertos ya éramos una peluquería muy conocida. A los años mi amiga con la que abrimos decidió dedicarse a la maternidad y me quedé yo solo. La situación económica en Argentina es muy variable, pero yo me enfoco en hacer mi trabajo. Cuidarme, ser cauteloso, pero siempre para adelante. Mantenerme positivo. Hoy en Mala el equipo es de unas 55 personas. 

| Me han llamado para ir a todo tipo de programas, hasta para Gran Hermano.

Se han ido expandiendo con los años, incluso con franquicias en el exterior…

Sí, unos años después de abrir nos mudamos a una cuadra de nuestro local original. El local anterior lo dejamos como academia. El año pasado decidimos dejar ese espacio y aunamos todo en nuestro local, que tiene tres pisos.  

Hoy, además de nuestro local de la calle Gorriti, hay otra franquicia en Palermo, en Polo Hit y también en Miami y Asunción. No voy a negar que las franquicias son complicadas, he tenido todo tipo de experiencias. Lo que más me importa es el cuidado de la marca. Que la experiencia sea igual: las estrategias, los productos que se usan y que sea armonioso con la marca. Todo lo comercial lo arregla Mateo, que es mi socio, lo sigue todo él con su equipo. Yo en los números soy un desastre. 

| Trabajé 15 años con Giordano. Él era un genio, me quería un montón. Yo era irreverente: ni bien podía me iba a pasear por el shopping.

¿Cuál dirías que es la particularidad de Mala Peluquería?

Hay algo en cómo se comunica que llama la atención. Yo hago el marketing de la peluquería, pero todo funciona sin mí. Es muy difícil que una peluquería funcione si no estás presente físicamente y yo no estoy nunca en el salón, es una verdadera rareza. Creo que es una excepción en el mundo.

Como trabajo con muchas famosas, me llaman novias y quinceañeras que me quieren contratar para su fiesta. Al viajar mucho por trabajo no puedo comprometerme, mi rutina es muy cambiante. De afuera se ve muy divertido, pero cada viaje es muy exigente. Tenemos que estar muy atentos, seguir un cronograma pactado, estar a disposición de la producción. Es muy placentero viajar por trabajo, pero implica mucha responsabilidad. No hay sábados. No hay domingos. Es un trabajo exigente en cuanto a agenda. 

No tengo una rutina, porque todos los días hago algo distinto. Ayer tuve una campaña con Valentina Cervantes, mañana me voy todo el día a Pergamino a una producción para una marca de jeans y a la noche tengo un evento de Carolina Herrera. Todos los días son distintos. Hoy vamos a grabar como cinco reels de marcas distintas, en algunos peino, en otros maquillo, yo soy multitasking. Las celebrities vienen mucho a grabar a mi casa. Vivo en un departamento amplio, con cochera, lo que facilita mucho todo. Hacemos sede en mi living. 

| Las celebrities vienen mucho a grabar a mi casa.

Hace pocos días trabajaste con Lali para su show en River, ¿cómo se viven esos momentos de intimidad antes de un mega-show de esas características?

A Lali la vi crecer, estoy con ella desde su primer disco “A bailar”. El pelo es muy importante para cualquier artista. Imagínate para Lali, que se manda unas revoleadas de pelo impresionantes. El glam tarda aproximadamente una hora y media. Hacemos pelo y make up en simultáneo.

Se vive mucha adrenalina en el show. Es como la Fórmula 1: está todo cronometrado, ella entra y sale y somos un séquito de personas haciendo retoques. Se trabaja rapidísimo y todos colaboramos para que todo salga bien. Desde afuera parece simple, pero tiene una exigencia impresionante. En el show anterior llovió mucho, teníamos todo el back inundado. La gente no lo sabía, pero nosotros estábamos haciendo malabares para que Lali saliera impresionante de la fosa, con el pelo impecable, y abajo estábamos bajo agua. 

Yo estoy acostumbrado a esa adrenalina… pensá que mi escuela fue Giordano en la que en cada desfile había 15 modelos en simultáneo que peinar y maquillar.  

| Hace poco mi hijo quedó en las Olimpíadas de Matemática y con la madre nos fuimos tres días a Mar del Plata para acompañarlo.

¿Cómo es trabajar con celebridades?

Hoy por hoy la mayoría son amigas. A Lali y la China Suárez las conozco desde niñas. A la China la acompaño desde chica en todas sus cosas, este año estuve en Turquía para su cumpleaños. Con Emilia también, desde que arrancó. A través de Pantene hemos trabajado con Tini. Conozco a todas desde que arrancaron. Confían en mi trabajo, saben que las voy a cuidar en todo el proceso y que soy fiel. 

| Al mundo de la peluquería llegué por casualidad. Con 18 años trabajaba como promotor de perfumes.

¿Qué implica “ser fiel” como peluquero?

Ser peluquero es como ser psicólogo. Las acompaño en todos sus procesos, convivimos muchas horas y se charla mucho. Con ser fiel me refiero a cuidarlas profesionalmente, no contar nada de lo que hablamos, ser cauteloso y buen amigo. 

Tu amistad con la China Suárez te puso en el medio del ojo mediático…

Sí, ¡y yo soy perfil bajo! Me han llamado para ir a todo tipo de programas, hasta para Gran Hermano. Sé que hay gente que moriría por hacer eso, pero no es mi perfil.

Tuve momentos feos en los que no podía salir de mi casa porque estaba la prensa constantemente esperándome abajo, o ir a comer a un restorán con mi hijo y que me pongan una cámara en la cara. Es incómodo. Si para mí es así, que no soy del palo y no tengo nada que ver, imagínate el acoso que vive la China con la prensa. No solo ella, todas las famosas con las que trabajo. Hay que ser fuerte para poder atravesar eso. Se habla mucho, se juzga mucho, te miran, te inventan de todo. Es insoportable vivir así. Es el lado B de la profesión que eligieron, pero uno no espera tanta maldad. Realmente es duro. Y lo peor: la misma gente que hace eso es la que después te pide una foto.

| La clave para verse bien es estar en paz con uno mismo, tener buena onda, no estresarse, no pensar cosas feas.

Por fuera de lo mediático y centrándonos en tu profesión: vos también estás expuesto, ¿cómo llevás esa faceta?

Mucho no me gusta, pero hay que hacerlo. En este momento es clave estar presente y mostrar tu trabajo. Yo vengo de otra generación, antes no era así. Me encantaban los 2000. Era más divertido, más libre. No había que ocuparse tanto del laburo y de la plata. No estábamos tanto con el telefonito. El tiempo que consume el teléfono hoy es terrible. 

| Queríamos algo original y decir “Mala peluquería” es una contra-influencia, así que lo hicimos y fue un éxito.

¿Cómo viviste tu paternidad?

Yo hice todo al revés: primero fui padre y después me casé. Con mi trabajo la decisión de la paternidad fue difícil, pero después te acostumbras. A los 39 tuve a Oliver y en 2015 me casé. Hace seis años tomamos la decisión de separarnos. Con la mamá de Oli vivimos a doce cuadras de distancia y él está una semana con cada uno. Cuando me toca viajar, hacemos cambio de fecha. Nos llevamos bien y mantenemos la buena onda. Hace poco mi hijo quedó en las Olimpíadas de Matemática y con la madre nos fuimos tres días a Mar del Plata para acompañarlo. Es clave estar presentes como padres. 

Dedicándote a este rubro, ¿cuál dirías que es el secreto de belleza mejor guardado?

El secreto de belleza más importante es sentirte bien por dentro. Sé que es re difícil de lograr, pero me parece que la clave para verse bien es estar en paz con uno mismo, tener buena onda, no estresarse, no pensar cosas feas. En mi caso nunca me operé, nunca me hice nada. Siento que la gente gasta mucho tiempo estando pendiente del otro. Hay lugar para todos, todos podemos trabajar. Hay que estar tranquilo y no vivir corriendo. Es importante disfrutar de lo que hacés. 

| De afuera se ve muy divertido, pero cada viaje es muy exigente.

Ping pong con Juanma Cativa:

  • Un sueño por cumplir: Todo lo que fui soñando lo fui cumpliendo.
  • Un destino: México 
  • Tu lugar en el mundo: Mi casa
  • Tu persona favorita: Mi hijo
  • Un secreto de belleza: Sentirte bien por dentro.

En primera persona con Juan Manuel Cativa

(Por Agustina Amorós) Se inició en los 90 trabajando con Roberto Giordano y queda claro que heredó algo clave de esa escuela, porque las celebrities lo adoran. Juan Manuel Cativa (52) lleva más de tres décadas desarrollándose como peluquero y maquillador. Mala, su peluquería bonaerense, tiene franquicias en Argentina, Paraguay y Estados Unidos. Juanma es extremadamente alto, perfil bajo, genuinamente divertido y, me animaría a decir, un verdadero adicto al trabajo. Por primera vez en InfoStyle, conversamos de todo con el peluquero de las estrellas.  

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