La edición 2026, que se celebra del 29 de mayo al 14 de junio, vuelve a confirmar por qué la Feria del Libro es mucho más que una cita literaria. Es, sobre todo, una experiencia profundamente madrileña.
A diferencia de otros encuentros culturales europeos, aquí los libros salen literalmente a la calle. Bajo la sombra de los árboles centenarios de El Retiro, cientos de casetas convierten los paseos del parque en un recorrido donde la literatura se mezcla con la vida cotidiana de la ciudad. Familias, estudiantes, escritores consagrados, nuevas voces editoriales y visitantes de todo el mundo comparten el mismo espacio en una atmósfera que combina tradición, curiosidad y una energía cultural difícil de replicar.
Este año, la feria celebra su 85ª edición con una temática dedicada al humor, una elección que busca reivindicar la risa como una herramienta cultural capaz de interpretar la realidad, generar pensamiento crítico y construir comunidad. Bajo el lema no oficial de una literatura que también puede ser lúdica, la programación propone encuentros, conversaciones y actividades que exploran el humor desde distintas perspectivas creativas.
El cartel de esta edición fue diseñado por el ilustrador Miguel Pang, quien imaginó una escena tan colorida como surrealista inspirada en el propio parque. Lectores, personajes fantásticos y situaciones inesperadas conviven en una imagen que resume perfectamente el espíritu de esta edición: una celebración de la imaginación entendida como espacio de encuentro.
Como cada año, uno de los grandes atractivos son las firmas de autores. Más de doscientas figuras nacionales e internacionales participan de una programación que incluye encuentros con lectores, presentaciones editoriales, mesas redondas y conversaciones abiertas. Entre los nombres destacados aparecen Siri Hustvedt, Jonathan Coe, David Safier, Julia Navarro, Javier Cercas, Tom Gauld y Maitena, junto a algunas de las voces más influyentes de la literatura contemporánea en español.
Sin embargo, gran parte del encanto de la Feria sucede lejos de las listas de firmas. Está en la experiencia de caminar sin rumbo entre casetas, descubrir editoriales independientes, encontrarse con libros inesperados y detenerse a escuchar una conversación que termina transformando la tarde. Porque en Madrid la lectura no se vive únicamente como un hábito cultural, sino también como una forma de ocupar la ciudad.
La presencia de la reina Letizia durante la inauguración volvió a reforzar esa conexión histórica entre la feria y la vida cultural española. Reconocida por su interés por la literatura, su tradicional recorrido por las casetas se ha convertido con los años en uno de los momentos más esperados de cada edición.
Pero quizás lo más atractivo de la Feria del Libro de Madrid sea precisamente aquello que resulta difícil de programar. La posibilidad de pasar una mañana entre libros, sentarse después en una terraza de Barrio de Salamanca o de Las Letras, regresar al Retiro al atardecer y descubrir que la literatura sigue funcionando como una de las formas más elegantes de viajar sin moverse de lugar.
En una época dominada por la velocidad y las pantallas, la Feria del Libro vuelve a recordarnos algo simple pero poderoso: pocas experiencias siguen siendo tan sofisticadas como perderse durante horas entre historias.
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