En primera persona con Santiago Colinet

(Por Agustina Amorós) Santiago Colinet (29) es fotógrafo y creador de contenido. En su cuenta @santiagocolinet, comparte con sus más de 110 mil seguidores un sinfín de viajes por el mundo, contenido de moda, humor y lifestyle. Oriundo de Salto, con una infancia en el campo, cubre los eventos de moda más top del mundo. Tras dos años de vivir en la otra orilla, confiesa sus planes de volver a Montevideo. En 2025 recibió el primer InfoStyle Awards por su trayectoria en el mundo de la moda, no podemos más que celebrar que un talento vuelve a casa. 

Contacté a Santi Colinet mentalizada en que nuestra charla sería en formato virtual, asumiendo que lo encontraría en algún rincón lejano del mundo o, con suerte, en su casa en Buenos Aires. Para mi sorpresa, coincidimos en Montevideo. El canal de stream La Casa estuvo cubriendo la previa del show de Tini en el Estadio Centenario e invitaron a Santi a participar de la “Alfombra plateada”, un segmento del programa. Él aprovechó para combinar trabajo con algunos días extras en Montevideo. Nos encontramos a tomar un café en Punta Carretas: “Siempre que puedo, prefiero el encuentro presencial”, comenta Santi y nos explayamos destacando las virtudes tan necesarias de esos encuentros libres de pantalla. También para mi sorpresa, Santi es un militante del mundo analógico: le fascinan los juegos de mesa, es un ávido jugador de ajedrez e intenta, en lo posible, irse a la cama con un libro y sin el celular. “Es todo un tema. El celular para mí es una herramienta de trabajo: edito, busco inspiración, hablo con marcas... pero me asusto cada vez que me llegan las estadísticas de mis horas de pantalla. Intento en lo posible cerrar el día de trabajo y conectarme con la realidad”, dice. Le pregunto cuál es su plan favorito y me responde: “Es mucho más analógico de lo que te imaginás: tomarme un fernet en el living de casa, jugando al Catan con mis amigos: esa es mi felicidad. O irme al campo y jugar al ajedrez al lado de un fuego”, comenta Santi

Hoy te invitamos a conocer la historia de un creador de contenido pionero en nuestro medio, porque en InfoStyle también valoramos un rato sin scrolleo. 

¿Cómo fue tu infancia en Salto?

Mis primeros años de vida fueron en el campo. Mi papá es agropecuario y mi mamá maestra. Recién cuando empecé la escuela nos instalamos en la ciudad de Salto. Mis papás me tuvieron de muy jóvenes, a los 18 años. Fui hijo único hasta los 8, cuando nació mi primer hermano; años después llegaron dos hermanos más. Es muy loco porque tengo más diferencia de edad con algunos de mis hermanos, que con mis padres. 

Hoy amo el campo, pero no siempre fue así. La vida en el interior me llevaba a hacer cosas que no iban conmigo. En ese momento trabajaba en el campo con mi padre, iba a fútbol y hacía kung-fu. Eran todas actividades que odiaba. Mi escape era jugar a Los Sims, pasaba horas armando casas. En un momento me colgué con Tumblr que en algún punto fue lo que me hizo interesarme por la fotografía. Cuando cumplí los 15, que es muy habitual en el interior que te regalen una moto, yo pedí una cámara de fotos. Me costó convencer a mis padres, pero finalmente me la regalaron. Con esa cámara empecé sacando fotos en el campo, que era lo que tenía más a mano y es muy fotogénico. Hacía fotos de los árboles, los corderos recién nacidos, las heladas. Subía todo a una página de Facebook donde compartía mis fotos. 

¿Te acordás cuál fue tu primer cliente trabajando como fotógrafo?

Sí, me acuerdo perfecto. Yo tenía apenas 15 años y me contrató una estudiante de diseño de la ORT que tenía que hacer una producción de fotos para una entrega. Yo técnicamente no me sentía tan seguro, nunca había hecho nada de moda, pero como las fotos las iba a hacer con una modelo en el campo, era un entorno que yo ya venía trabajando. Me acuerdo de que hicimos las fotos al amanecer, fue muy lindo. Supe que me quería dedicar de lleno a esto. El pago fue de $ 500, me daba literal para un combo de McDonald’s. [Se ríe]. 

¿Cómo proyectabas tu carrera en ese momento?

Desde los 15 en adelante seguí sacando fotos aprendiendo de forma autodidacta. 

Salto es una ciudad universitaria, pero yo sabía que no quería quedarme, por lo que busqué una carrera universitaria que necesariamente implique venirme a Montevideo a estudiar. Me gustaba mucho dibujar, hacer maquetas, ¡y los Sims!, por lo que me inscribí en arquitectura. Estudié un año hasta que me choqué con las matemáticas y entendí que no era para mí. Decidí cambiarme a Comunicación Visual y dos años después decidí dejar la carrera.

¿Cómo fue la decisión de dejar la universidad? ¿Ya estabas trabajando como creador de contenido?

Siempre tuve mucha hambre de mundo y estaba pudiendo costear mis primeros viajes, lo cual de por sí era un impedimento logístico. En ese momento no hablábamos de creadores de contenido o influencers, pero era lo que estaba de alguna manera empezando a hacer.

Tengo el recuerdo de estar en una clase de marketing y que el profesor pusiera varios ejemplos de manejo de redes y aparecí yo. Fue un disparador para la reflexión. Dije: ¿qué hago acá? No porque sea ningún crack, pero a mi el trabajo en redes me salía muy natural y si el tiempo que estaba volcando en facultad lo destinaba a profesionalizar mi contenido, me iba a ir mejor. Decidí dejar la carrera y seguir trabajando como fotógrafo. 

Fue un duelo, en algún punto, sabía que a mi abuela le importaba mucho el título –y a mí también-, pero confiaba en lo que estaba haciendo. Además, desde los 18 me mantengo solo con mi trabajo. Nunca le pedí plata a mis padres, por lo que me aventuré a esa decisión. 

A los 19 años hice mi primer trabajo de lo que hoy llamamos creación de contenido. Fue en un stand de Converse en MoWeek que había que subir una foto y tal, y quedé seleccionado para una acción con la marca. 

Yo ya tenía una cuenta de Instagram –en ese momento solo subía fotos celestes a Instagram, a modo de juego estético- y tenía un número modesto de seguidores. Si no me equivoco a los meses Levi’s me invitó al Lollapalooza en Argentina y poco a poco llegaron más marcas. Siempre fui muy activo, escribía propuestas, presentaba ideas, me movía por mi parte. Fue una década de crecer mucho como creador de contenido, de infinitos viajes. Podía estar un viernes trabajando en Berlín y ese sábado sacando fotos en un casamiento en Paysandú. También, por distintos tipos de laburo, a veces estaba meses fuera del país. 

¿Cómo llevás el trabajo con las marcas?

Yo intento que mi contenido sea espontáneo y natural. Soy muy payasesco, mucho más en persona. Creo que durante muchos años intenté “encajar” en el interior y a veces reproduzco eso en el mundo de los creadores de contenido. Tal vez por miedo a la crítica. Es algo inconsciente que sigo trabajando.

La realidad es que el mundo de los creadores de contenido fue creciendo junto conmigo y se ha profesionalizado en todo sentido. Antes me pasaban más por arriba. Era más chico y más complaciente. Hoy estoy más firme: si algo no está en el presupuesto, se cotiza aparte. 

Durante muchos años trabajé el diálogo con los clientes personalmente, y recién el año pasado decidí tener una representante. Para mí esto es 100% trabajo. Facturo, pago impuestos, es mi empresa. Es flexible y creativo, pero no deja de ser un trabajo sin ingresos fijos.

Viajaste por todas partes del mundo, ¿qué trabajo destacarías como el más increíble de tu carrera?

Un viaje a Dubái. Fue tan mágico que lo tengo tatuado. El Ministerio de Turismo de Dubái me invitó junto a otros creadores de contenido a una experiencia que solo puedo describir como surrealista. Estuvimos casi tres semanas en hoteles increíbles, villas exclusivas, los mejores restaurantes. Nos pagaron por nuestro laburo y nos trataron como verdaderos reyes. Tengo el recuerdo de abrir la ventana de mi habitación y llorar de emoción. No podía creer que me estuvieran pagando por hacer lo que amo.

Creo mucho en la ley de atracción por lo que me tatué el desierto de Abu Dabi para no olvidarme nunca de esa experiencia maravillosa. 

¿Qué te llevó a mudarte a Buenos Aires?

¡Quería comerme el mundo! Me instalé en Buenos Aires con grandes sueños. La experiencia estuvo buena, hice colaboraciones con creadores de allá, saqué una cápsula de botas con Lara Casa que estuvo buenísima, llevé una vida muy “palermitana”, laburando con marcas top, pero ya siento ganas de volver a Uruguay. Allá tenía todo, pero no tenía mi red. Yo disfruto mucho de mi círculo: un mate con mi mejor amigo, juegos de caja, estar en familia. También es cierto que allá es un ambiente bastante individualista. Tenía mucha hambre de mundo. Hoy, acercándome a los 30, ya no tengo esa necesidad tan fuerte. Mi cuerpo me pide más rutina y estabilidad. Sigo viajando con marcas, clientes y agencias, pero ya no disfruto tanto irme un mes entero. Aprendí a entender mi agenda y mis ritmos.

En 2025 ganaste un InfoStyle Award por tu recorrido en el mundo de la moda, ¿qué significó para ti ese reconocimiento?

Fue una gran sorpresa ganar un InfoStyle Award, no me lo esperaba para nada. Sufro del síndrome del impostor y siento que lo mío vale menos, en todos los aspectos de mi vida. De repente estaba en un escenario con los grandes de la moda a mi lado, no lo podía creer. Sentí que me quedaba grande. Estos diez años han sido de mucho crecimiento y es un verdadero orgullo tener ese reconocimiento. Siento que cada premio que recibo, es para mi familia, especialmente para mi mamá.

¿Qué planes tenés para este año?

Esto es muy, muy reciente… pero estoy pensando en volver a Montevideo y retomar la facultad. Quiero estudiar interiorismo en ORT. Es una tecnicatura de dos años o licenciatura de cuatro, con modalidad online. Por la carga horaria y la modalidad virtual me permitiría estudiar aún trabajando y viajando. 

Es una nueva etapa que quiero atacar. Me encanta el interiorismo, y es algo que dialoga muy bien con mis otros intereses. Soy una persona muy activa, con muchos “quioscos” en simultáneo, y siento que sería una faceta laboral que encaja perfecto con lo que visualizo para mi futuro. Implicaría muchas decisiones logísticas, porque tendría que desarmar mi casa en Buenos Aires e instalarme en Montevideo, pero la realidad es que me tiene muy entusiasmado esa idea. Las clases empiezan el 16 de marzo, así que ya te contaré cómo sigue todo…

Ping Pong con Santi Colinet:

  • Un destino: Nueva York
  • Un libro: La canción de Aquiles, de Madeline Miller
  • Un referente: Nima Benati
  • Un hábito: Entrenar y comer sano
  • Una película: Lo imposible

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