“Ella tiene una capacidad de abrazar el sabor sin necesidad de disfraz alguno. Llena de gracia, de la misma forma en que se viste y camina”, dice Francis Mallmann sobre Lucía Soria en la contratapa de su primer libro “Relatos y recetas” (Grijalbo, 2019). A Lucía la han entrevistado incontables medios en todas las etapas de su carrera. En InfoStyle, estábamos a la espera del momento justo, que llegó en el marco de su cumpleaños número 44 y tras la inauguración del “nuevo Rosa”, en la intersección de Charrúa y Brito del Pino. No se trata solo de un cambio de local, sino que la propuesta de Rosa –que siempre habitó locales pequeños, orientados a delivery–, se convierte ahora en restorán. Desde sus redes, Lucía nos hizo partícipes de toda la obra y ahora que Rosa ya es una realidad, quisimos conocer los detalles y saber cómo está viviendo esta etapa, narrada en primera persona.
| "Crecí en una casa en la que la comida y las tradiciones familiares eran sumamente importantes".

¿Cómo describirías tu memoria afectiva desde lo gastronómico? ¿Qué recuerdos, sabores o personas aparecen primero cuando volvés a tu infancia?
Crecí en una casa en la que la comida y las tradiciones familiares eran sumamente importantes. Los sábados nos juntábamos allá, los domingos acá. Los recuerdos más lindos que tengo y de mayor amorosidad de mi madre, tienen que ver con esto. La contención de comer todos juntos a la noche y charlar. Mis dos abuelas siempre estuvieron muy presentes. Siempre nombro a Aidé, que lamentablemente falleció, pero siempre la tengo muy presente. A mí me iba muy mal en el colegio, era una niña muy distraída, y a modo de castigo, me mandaban a lo de mi abuela, y para mí en verdad era un gran plan. Mi abuela vivía en la provincia de Buenos Aires, tenía su cuartito de coser, su huerta, comíamos muy rico. Además, como yo soy la menor de tres hermanas, era mi tiempo aparte con la abuela. Esas cosas marcan muchísimo. Son mis recuerdos más alegres de la familia. Luego, a partir de esa herramienta que me dieron, yo construí lo que soy. Pude armar mi carrera y lograr las cosas que quería lograr a partir de la cocina.

| "Me gusta decir que soy del Río de la Plata: como Nati Oreiro pero al revés".
¿Sabías qué querías ser de grande?
De chiquita decía que quería ser forense. Siempre me gustó mucho la investigación. Cuando supe que había que estudiar muchos años, decidí que no era para mí.
Quería una carrera que tenga un lado lúdico y con buena salida laboral. Siempre me interesó la tele y ya había figuras de cocineros que yo admiraba. Además, la cocina me daba la oportunidad de viajar, que también me seducía. Me puse a estudiar gastronomía y en el segundo año hice una pasantía con Francis Mallmann y fue el inicio de todo.

¿Qué significa Francis Mallmann para ti?
Para mí fue un gran maestro de este oficio. También, en un momento, fue una segunda familia. Yo no soy creyente de nada, pero creo en todo. Confío mucho en los tiempos, en el universo, en cómo se dan las cosas. Mi primera pasantía la hice en el sur, en invierno, y en verano me invitan a trabajar en Los Negros, en José Ignacio. En ese verano trabajando en Los Negros, mi papá –que era un hombre de relativa buena salud, tuvo un infarto y se murió– yo volví a Buenos Aires a atravesar ese momento. Fue un momento de mucha incertidumbre de cómo seguir y en ese momento Francis hizo un llamado que fue clave. Habló con mi mamá, mi mamá me apoyó para que yo pueda seguir con esta vida y tiempo después de la muerte de mi padre volví a cocinar. Por muchos años, mi familia y Buenos Aires me quedó lejos, y la familia Mallmann pasó a ser mi familia. En ese momento, que fue de quiebre para mí, sentí el apoyo de una familia. Me cuidaron mucho. Fueron muchos años de trabajo, aprendizaje, conducta que yo agradezco mucho que haya sido así. Yo di mucho de mí, pero también tuve la suerte de encontrar una familia. Cuando decidí emprender mi propio camino, lo viví como un duelo también. Hoy nos tenemos mucho cariño y una admiración mutua.

| "Confío mucho en los tiempos, en el universo, en cómo se dan las cosas".
¿Cómo crece tu amor por Montevideo?
Mientras trabajé en Los Negros no pisaba Montevideo. Llegaba de Buquebus derecho al este. Uruguay es muy enamorable, tiene el cielo más lindo del mundo. Siempre supe que quería desarrollarme acá. Me gusta decir que soy del Río de la Plata: como Nati Oreiro pero al revés. Hasta hoy me sigo sorprendiendo de este país, adoro haber elegido Uruguay como mi lugar de pertenencia. Sé que al uruguayo le cuesta querernos a los argentinos y por mucho tiempo me cuidé de eso. Es cierto que cada vez me siento más firme en mí, entonces me pasa menos. Sé que tengo un montón de cualidades de Argentina, pero este es mi lugar. Nací en Buenos Aires, pero viví más años en Uruguay. El lugar donde uno elige vivir y hacer, es aún más importante que donde a uno le tocó nacer. Yo elegí Uruguay, elegí que mi hijo crezca en Montevideo, desarrollarme profesionalmente aquí. Me gusta mucho lo que hemos logrado a nivel de gastronomía, este país me dio muchas oportunidades para crecer a lo largo de los años y hacer lo que tenía ganas de hacer. Hoy entro a Jacinto, que ya tiene 14 años, y me da orgullo ver lo que construimos. Un restaurante en la Ciudad Vieja: que cuando abrí todo el mundo me decía que nadie iba a venir. La constancia para mí en la vida es muy importante, más en esta época de inmediatez…

| "De chiquita decía que quería ser forense. Siempre me gustó mucho la investigación".
¿Por qué la Ciudad Vieja?
No sabría decirte. Desde que vine a Montevideo fue la Ciudad Vieja la que me llamó la atención. Me gustó mucho su arquitectura, su vibra. También es cierto que en ese momento estaba sonando mucho a nivel de gastronomía. Vi este local, que al principio era la mitad de tamaño, y supe que era acá. Me pasan cosas emocionales con los lugares que tiene mucho más con la intuición que con lo estratégico. Después hay que trabajar un montón, pero acá lo sentí. Hicimos una obra linda y comenzamos a trabajar. Era un restaurante chiquito, pero yo confiaba mucho en lo que estábamos haciendo. También fue un tema de timing, la gastronomía en Uruguay estaba a punto de estallar. Fuimos pioneros en algunos aspectos. Nos fue muy bien, ya al año siguiente pudimos tomar el segundo local de al lado y agrandar Jacinto. Hemos hecho un aprendizaje enorme. Me enorgullece la continuidad de estos años y ser un lugar firme para quienes trabajan acá, ser un lugar de contención para nuestro equipo.

Hay mucha gente que trabaja acá desde hace muchos años y este lugar ha sido también escuela para nuevas generaciones, como lo que viví yo con Francis. Con Mauri Olivieri de Café Paraíso, somos muy buenos amigos. Es un gran talento y un gran estudioso. Él se inició acá, estuvo seis años en la cocina de Jacinto y me enorgullece lo que construyó.
Hoy somos socias con mi hermana, que es la que está a cargo de toda la dinámica diaria y yo estoy más en una general. Hemos cultivado un vínculo hermoso como socias y hermanas. La gastronomía no es fácil. Nos costó mucho ser una empresa rentable, hoy estamos en eso.

| "Adoro haber elegido Uruguay como mi lugar de pertenencia".
Hablemos del camino que fue tomando Rosa…
Abrimos en 2019 en un local chiquito frente a Jacinto. Yo tenía la idea de que el montevideano coma pizza al paso como quien come una mila al pan. También propuse una bebida fría de mate y naranja, que a mi me encantaba pero no la tomaba ni el loro… Ahora el hijo de Trump salió a vender bebidas mate. ¡Me sacó la idea! [Dice entre risas].
Tenía ciertas ideas que no funcionaron. El montevideano tampoco come pizza todos los días, es más del viernes y el sábado... Y aunque a Rosa le iba bien, tampoco explotaba. Un tiempo después abrimos una hidden kitchen en Punta Gorda, que funcionó muy bien y luego otro local chiquito en Pocitos, en Prudencio Vázquez y Vega y Br España. El delivery empezó a crecer muchísimo y si bien estaba contenta con los resultados, hacía tiempo que quería darle una vuelta a Rosa. A mí lo que me interesa es el teatro de la gastronomía, y eso se da con el encuentro.

| "Le agradezco mucho a la Lucía de 28 años que se tiró a abrir un restorán, que confió en ella".
¿A qué te referís con el teatro de la gastronomía?
En un restorán siempre pasa algo diferente. Cada día es una nueva obra, una puesta en escena. Hay ambiente, interacción, vestuario, iluminación, dinámica. También hay sorpresas e incertidumbre. No sabemos cuántas personas van a venir ni en qué momento, si las personas llegarán todas juntas y con qué energía. Es muy dinámica y requiere mucho encuentro humano, y entendí que eso es lo que más me interesa de esto. Decidí buscar locales para Rosa, que en Montevideo no hay muchos, y apenas vi este, supe que era acá.
Quería que Rosa tenga la dinámica de restorán familiar que había en los 80-90, lugares en los que había pizza, papas fritas, milanesa, pasta, empanadas. Que tenga un precio medio, porque me parece un buen lugar desde donde pararse para llegar a más gente. Un lugar simple y rico.

| "El lugar donde uno elige vivir y hacer, es aún más importante que donde a uno le tocó nacer".
Fuiste narrando el proceso de la obra a través de tus redes, ¿cómo fue ese proceso?
Yo quería este local, pero necesitaba mucha obra. Iniciamos todo el proceso de negociación, hacer acuerdos, proyectar la obra. Para poder hacerlo, necesitaba conseguir acuerdos comerciales. Sponsors, que para mí eran claves para poder llevar adelante este proyecto. Yo también dudo mucho, tengo incertidumbres, pero me aventuro a hacer las cosas igual. Voy hacia lo que quiero. Nos cuesta mucho golpear puertas, pero si uno no hace la gestión, las cosas no salen, y yo quiero ser de las que se animan. Así que fui con mis ideas, con mi proyecto, con qué podía ofrecer a cambio y me encontré con marcas muy receptivas. Todo el proceso fue muy bueno.
Por supuesto que las obras son duras, sufrí un montón en el proceso, pero valió la pena. Se revivió una esquina que estaba abandonada, en un barrio que es bellísimo. La recepción de los vecinos fue muy linda. Fue muy emocionante.

| "A mí lo que me interesa es el teatro de la gastronomía, y eso se da con el encuentro".
En breve se viene una nueva temporada de Fuego Sagrado, ¿cómo te sentís en el rol?
Siempre me sentí muy cómoda en Fuego Sagrado. El canal ha sido muy generoso conmigo y desde el inicio me ofrecieron un rol muy integral como conductora, jueza y productora. Yo tengo el know-how y además me gusta mucho. Vamos seis años de Fuego Sagrado, la temporada de este año ya está filmada y luego del mundial sale al aire.
Me encanta ver el resultado. Nosotros grabamos, pero la edición hace su magia y no vemos el programa antes de que salga, por lo que lo veo en vivo. Cada vez me siento más yo, fui encontrando un personaje televisivo que está más cercano a lo que yo soy realmente. Yo cumplo una función que es ser jueza, te tengo que decir si hiciste las cosas bien o mal. Es cierto que tengo cierta ironía, y también hay cosas que tienen que ser funcionales al formato televisivo, pero intentamos sacar lo mejor de cada participante. Amo el programa, el equipo que somos y a mis compañeros. En esta sexta temporada el formato es con duplas, lo que hace que sea muy divertido, la interacción es distinta…

¿Cómo proyectás la próxima etapa de tu carrera?
Estoy atravesando una etapa de reflexión. ¿Hasta dónde mi niña interna sigue pidiendo atención? Siempre fui muy buscadora, estoy todo el tiempo generándome trabajos nuevos, viendo en qué desafío puedo emprender, me cuesta mucho irme de vacaciones… y siento que hoy, a mis 44 años, con mi hijo todavía chico, es tiempo de disfrutar. Creo que hoy mi búsqueda es dedicarme a estar mejor internamente y estar tranquila, disfrutar de lo que tengo. Le agradezco mucho a la Lucía de 28 años que se tiró a abrir un restorán, que confió en ella. Creo que ahora estoy en una etapa de aprender a disfrutar y estar en paz con lo que construí.
| "Me pasan cosas emocionales con los lugares que tiene mucho más con la intuición que con lo estratégico".

Ping Pong con Lucía Soria:
- Un libro: “¿Cuánta tierra necesita un hombre?” de León Tolstói
- Una película: Los puentes de Madison
- Un músico: Jorge Drexler
- Un destino: Garzón
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