De tienda de verano a marca de lifestyle: cómo La Esteña convirtió la decoración premium en un negocio de todo el año

Nació asociada al verano de José Ignacio, pero con el tiempo amplió categorías, sumó e-commerce y construyó una comunidad de clientes que trasciende la temporada. Daniela Coll, dueña de La Esteña, conversó con InfoStyle sobre el crecimiento de la marca, el nuevo consumidor premium y el diferencial detrás de su curaduría.

Lo que comenzó en 2015 como una tienda de objetos de decoración premium en José Ignacio hoy es una propuesta mucho más amplia. La Esteña evolucionó desde un local enfocado en piezas seleccionadas para el verano hacia una marca de lifestyle que integra un portafolio amplio de muebles, textiles, iluminación, objetos decorativos, juegos, piezas artesanales y libros de lujo -entre ellos, títulos de Assouline-, con una apuesta cada vez más fuerte al vínculo permanente con el cliente.

La idea original surgió en un momento en que Uruguay todavía tenía poca oferta de objetos de diseño internacional y decoración premium. Daniela Coll, fundadora de la marca, detectó una oportunidad: acercar piezas con personalidad, estética cuidada y una mirada más global a un público que empezaba a sofisticar sus consumos vinculados al hogar.

“Al principio era una tienda muy asociada al verano y a la experiencia de descubrir cosas especiales en un balneario único”, explicó Coll a InfoStyle. Sin embargo, el negocio fue mutando. Hoy, asegura, La Esteña ya no vende solo objetos, sino que también, vende una manera de vivir la casa.

La transformación también estuvo acompañada por un cambio en el consumidor. Si hace algunos años predominaba una compra más vinculada a la temporada o a “algo lindo” para decorar, ahora aparece un cliente más interesado en autenticidad, calidad y personalidad.

“Hay una sensibilidad mucho más desarrollada hacia el diseño y hacía cómo queremos vivir nuestros espacios”, sostuvo la empresaria. Esa evolución, según entiende, acompaña una tendencia más amplia. “La casa dejó de ser únicamente un lugar funcional para convertirse en un espacio de bienestar cotidiano”, aseguró.

La decoración premium ganó espacio en Uruguay en los últimos años, con nuevas tiendas, propuestas importadas y consumidores más exigentes. Frente a ese escenario, La Esteña apuesta a diferenciarse desde la curaduría.

La marca trabaja con una selección de productos que mezcla diseño, sofisticación, humor y naturalidad, lejos de una estética rígida o excesivamente estructurada. El criterio de elección tiene mucho de intuición personal, pero también de experiencia acumulada en viajes, ferias internacionales y búsqueda constante de piezas con identidad propia.

“Nos interesa crear ambientes con alma”, destacó Coll. La apuesta está en objetos con presencia, historia o texturas especiales, más allá de seguir tendencias de manera literal.

En esa línea, detectan una demanda creciente por espacios más cálidos y vividos, con materiales nobles, color, rayas, artesanía y objetos que generen conversación. También observan un cambio en la percepción del lujo: menos frío y aspiracional, más ligado a la autenticidad y la personalidad.

Tener base en José Ignacio implica convivir con un desafío evidente, que es la fuerte estacionalidad del balneario. Sin embargo, Coll explicó que, desde el inicio, el objetivo fue construir un negocio menos dependiente exclusivamente del verano.

“Nunca cerramos en invierno”, comentó Coll. La tienda se mantuvo operativa durante todo el año, con novedades permanentes y una lógica de búsqueda constante de productos. “Buscamos con pasión y la pasión no termina”, señaló.

En esa estrategia, el canal digital jugó un rol fundamental, debido a que, el e-commerce y las redes sociales permitieron sostener el vínculo con clientes durante todo el año, además de extender el alcance de la marca más allá de quienes pasan por José Ignacio en temporada alta. A eso se suma un fenómeno que la empresaria considera determinante, cada vez más personas invierten en sus casas y entienden la decoración como parte de su calidad de vida, no únicamente como algo asociado a una residencia de vacaciones.

Aunque La Esteña nació en Uruguay, el recorrido de Coll en el rubro viene de mucho antes. Durante dos décadas tuvo en Buenos Aires una tienda llamada La Porteña, también vinculada al universo del hogar y la decoración.

Para ella, ambos proyectos forman parte de una misma búsqueda. “La Esteña soy yo”, aseguró. Se define como una “incansable buscadora de belleza” y afirma que ese oficio la acompaña desde los 18 años.

Quizás por eso el diferencial de la marca no pase únicamente por el producto, sino por una mirada personal sobre cómo habitar los espacios. “Menos perfección, más identidad; menos lujo frío, más casas con alma”, resumió Coll.

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