Victoria Beckham sin filtros: la mujer detrás del ícono

Hay nombres que parecen vivir en la perfección. Victoria Beckham siempre fue uno de ellos: la Spice Girl elegante, la diseñadora impecable, la esposa del futbolista más admirado del planeta. Pero detrás de los trajes de sastrería y la mirada firme, había una historia que nunca se había contado con tanta honestidad. Hasta ahora.

El nuevo documental de Netflix, Victoria Beckham, estrenado este 9 de octubre en Londres, ofrece algo más que una biografía: es un retrato íntimo y humano de una mujer que aprendió a reinventarse a través del dolor, la presión y el amor. Por primera vez, la diseñadora abre las puertas de su mundo sin filtros —como madre, empresaria, esposa y, sobre todo, como persona—.

La fragilidad detrás del ícono

Victoria recuerda con una mezcla de ternura y crudeza sus primeros años. De niña fue víctima de acoso escolar y, más tarde, en la escuela de teatro, se enfrentó a la inseguridad y a la dura presión de “no ser suficiente”.
“Mis padres rehipotecaron su casa para que pudiera estudiar. Sentía una responsabilidad enorme… pero nunca fui la mejor”, confiesa. En uno de los momentos más emotivos, sus padres rememoran cómo el director del colegio colocaba a los alumnos “menos agradables estéticamente” al fondo del escenario. Victoria estaba ahí.

Esa herida, silenciosa y profunda, sería el primer molde de su carácter. “Supongo que desde entonces busqué controlarlo todo —mi imagen, mi ropa, mi peso—. Era mi manera de tener el control”, dice.

La confesión más dura: su trastorno alimentario

Durante años, los tabloides la diseccionaron sin piedad. “He sido de todo: una mujer gordita y elegante, una mujer delgada y elegante… han dicho tantas cosas”, recuerda. La serie muestra su vulnerabilidad al hablar, por primera vez, de su lucha contra un trastorno alimentario, alimentado por el escrutinio constante.

David Beckham interviene en uno de los fragmentos más honestos: “La gente creía que estaba bien criticar a una mujer por su peso o por cómo vestía. Y eso la fue apagando poco a poco. Mi Victoria —la real— es la que ríe en chándal, con una copa de vino en la mano”.

Entre la soledad y la búsqueda de propósito

Tras el final de las Spice Girls, el silencio fue ensordecedor. Pasó de llenar estadios a escuchar el eco en su casa. “Me sentía sola. Tenía una familia hermosa, pero no sabía qué iba a hacer. Pensaba: ¿alguien volverá a subirme a un avión para una sesión de fotos?”.

Esa soledad la empujó a reinventarse. Primero como “WAG”, en una era en la que la moda era su escudo. Luego, como diseñadora decidida a demostrar que su talento era real. “No me di cuenta en ese momento, pero estaba tratando de encontrarme. Me sentía incompleta. Si alguna vez volvía a tener una oportunidad, no la iba a perder”, dice mirando a cámara.

El renacer a través de la moda

Donatella Versace, Roland Mouret y Anna Wintour son solo algunos de los nombres que aparecen en el documental, testigos de su evolución en una industria que primero la subestimó. “Pensamos que su marca era un pasatiempo”, admite Wintour. “Hasta que nos demostró que estábamos equivocados. Tiene una visión clara y lo ha hecho con gracia y humildad”.

Victoria misma lo resume con calma: “Me gané mi lugar y tengo que trabajar duro para mantenerlo. Amo esta industria. Si puedo usar mi voz para destacar su talento, pasión y creatividad, entonces vale la pena”.

Detrás del éxito, la caída

No todo fue glamur. El documental también aborda las dificultades financieras de su firma. “Desde afuera parecía que todo iba genial, pero en realidad se me escapaba de las manos”, confiesa. David, con sinceridad, agrega: “Fue duro verla venir a decirme: ‘El negocio necesita más dinero’. Pero nunca perdió la fe”.

Victoria, la humana

Entre risas y lágrimas, entre vestidos icónicos y noches sin dormir, esta nueva etapa de Victoria Beckham es una declaración: no todo en su vida fue brillo. Hubo miedo, desorden, críticas y también un amor que la sostuvo.
Hoy, la diseñadora se muestra sin máscaras —aunque irónicamente fue el maquillaje su primera forma de esconderse—. “Usaba el maquillaje como una máscara porque no podía mirarle a nadie a los ojos”, recuerda. De esa relación nació, años más tarde, su marca de belleza, símbolo de reconciliación con su propio reflejo.

En este retrato íntimo, Victoria no busca disculparse ni reinventar su imagen. Solo mostrarse. Y en esa honestidad —tan poco habitual en la industria que la consagró— radica su nueva fortaleza.

Victoria Beckham, la mujer que transformó el control en autenticidad, y la perfección en humanidad.

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