Hay historias que pueden contarse a través de los números, aunque lo verdaderamente interesante suele estar en todo lo que sucedió entre uno y otro. En 2003, Noelia Copiz comenzó Viasono en Punta del Este con apenas US$ 400. Veintitrés años después, la firma cruza por primera vez el Río de la Plata con una inversión superior a US$ 1 millón y una dirección que parece elegida especialmente para este nuevo capítulo: una casona histórica en pleno corazón de Recoleta.
Ubicada en Libertad 1286, dentro del Distrito Arenales, uno de los circuitos de diseño, decoración y arquitectura más reconocidos de Buenos Aires, la nueva casa de Viasono ocupa 800 m² distribuidos en tres plantas. Pero llamarla simplemente tienda sería quedarse corto. La intención es trasladar a Buenos Aires el universo que la marca construyó durante más de dos décadas alrededor de una idea que hoy resulta especialmente contemporánea: descansar bien también es parte de vivir bien.
Y para contar esa filosofía, el espacio importa. La propiedad conserva el encanto de la Belle Époque porteña, con pisos dameros de mármol, paredes revestidas en boiserie, ambientes generosos y detalles que todavía hablan del Buenos Aires de comienzos del siglo XX. Sobre esa arquitectura cargada de historia aparece ahora una mirada contemporánea del interiorismo.
El contraste tiene algo magnético: una casona que pertenece a otro tiempo recibe tecnología aplicada al descanso, mobiliario de diseño, materiales, texturas y nuevas formas de pensar los espacios que habitamos.
En sus tres plantas convivirán las áreas que hoy definen el universo Viasono: la tecnología del sueño, el mobiliario y los servicios de interiorismo para residencias particulares, proyectos corporativos y desarrollos inmobiliarios de mayor escala.
Porque si la historia de la marca comenzó alrededor de los colchones, hace tiempo que dejó de hablar solamente de dormir. Su conversación se trasladó hacia un territorio mucho más amplio y cercano al lifestyle: cómo habitamos una casa, qué elegimos para rodearnos y de qué manera esos espacios terminan influyendo en nuestra calidad de vida.
Copiz entendió algo de eso desde los primeros años. El verdadero valor no estaba únicamente en aquello sobre lo que dormimos, sino en crear una cultura alrededor del descanso y el bienestar. De allí surgió una frase que terminó convirtiéndose en parte de la identidad de Viasono: “Saber descansar es saber vivir”.
Con los años, esa filosofía se expandió naturalmente hacia el diseño, el mobiliario y el interiorismo. Hoy la compañía cuenta con cuatro boutiques y un equipo de 60 personas en Uruguay, pero Buenos Aires supone un movimiento diferente: por primera vez, Viasono instala una operación propia fuera del país.
La elección de la ciudad tampoco es casual. Existe una relación con Buenos Aires que comenzó mucho antes de que apareciera esta casona de Recoleta.
“Buenos Aires siempre se sintió como una segunda casa. Es una ciudad que te abraza y te hace sentir pleno desde que llegás. Siempre fue inspiración: en su ritmo, en su arte y en su forma tan única de vivir”, cuenta Copiz.
Desde los primeros años de Viasono en Punta del Este, los argentinos formaron parte de su público. Clientes que llegaban durante el verano, descubrían la marca en Uruguay y compartían cierta sensibilidad hacia el diseño, la estética y esa búsqueda cada vez más presente de convertir la casa en algo más que un lugar funcional.
“Estoy muy acostumbrada al público argentino, conozco bien sus gustos y me consta el valor que le dan al diseño, la estética y el estilo de vida. El argentino comprende a la perfección el impacto que un ambiente puede tener en cómo uno transita la vida en él. Y no solo lo entiende: lo elige, lo busca e invierte en él”, explica.
Quizá por eso Distrito Arenales resulte un escenario tan natural para este desembarco. Instalarse allí significa entrar en uno de los recorridos donde Buenos Aires expresa mejor su relación con el diseño: interiorismo, arte, antigüedades, arquitectura y nuevas propuestas conviven en unas pocas cuadras de Recoleta.
Para liderar esta primera etapa, la compañía trasladó a Buenos Aires a Joaquín Vila, quien asumirá como Store Manager después de haber estado al frente de boutiques de Viasono en Montevideo y Punta del Este.
“Llegar a Recoleta no es solo abrir una tienda, es traer a Buenos Aires una experiencia donde la tecnología del descanso y el diseño dialogan a medida de cada cliente bajo un nuevo estándar”, señala Vila.
La experiencia que propone la nueva casa responde también a un cambio en la manera de entender el lujo. Ya no se trata necesariamente de acumular objetos extraordinarios, sino de elegir mejor. Una cama, un sillón, una luminaria o una textura adquieren otro sentido cuando se piensan como parte de una misma escena y, sobre todo, cuando esa escena logra reflejar la personalidad de quien la habita.
Por eso, el acompañamiento personalizado y el desarrollo integral de los ambientes tendrán un lugar central en la propuesta. La idea es que cada proyecto pueda traducir una identidad y una manera particular de vivir, antes que reproducir una estética determinada.
Y aunque la primera dirección argentina esté en Recoleta, la mirada va más allá de Buenos Aires. Desde la apertura, Viasono tendrá capacidad logística para realizar entregas en todo el país, tanto a clientes particulares como a proyectos de mayor escala. El flagship funcionará así como vidriera y punto de encuentro, pero también como plataforma para comenzar a construir presencia en el mercado argentino.
El corazón creativo y operativo, mientras tanto, seguirá del otro lado del Río de la Plata. Los equipos de arquitectura, diseño, marketing y operaciones centrales permanecerán en Casa Viasono, en Uruguay, que pasará a funcionar como hub para ambos mercados. Crecer hacia afuera sin desprenderse del lugar donde nació todo.
Y quizás sea allí donde la historia vuelva inevitablemente a sus comienzos. US$ 400, Punta del Este, 2003 y una idea.
Veintitrés años más tarde, aquella idea se traduce en una inversión superior a US$ 1 millón, una casona de 800 m² en Recoleta y el primer paso internacional de la compañía.
Pero la distancia entre aquellos US$ 400 y este nuevo flagship no se mide solamente en cifras. Está en la evolución de una marca que comenzó hablando de sueño y terminó hablando de diseño, bienestar e interiorismo; que convirtió el descanso en una filosofía de vida y que ahora encuentra, del otro lado del Río de la Plata, una nueva casa.
De Punta del Este a Recoleta, Viasono cruza por primera vez una frontera llevando consigo una idea que define buena parte del lujo contemporáneo: quizás vivir mejor empiece, simplemente, por vivir mejor puertas adentro.