Bogotá Fashion Week o cómo Colombia se convirtió en el nuevo hotspot fashion de Latinoamérica

Bogotá tiene algo que está pasando. Se siente en las calles, en la energía de su gente, en los cafés llenos después de las seis de la tarde y, sobre todo, en la manera en la que la moda hoy atraviesa la ciudad. Esta semana, Bogotá Fashion Week terminó de confirmar lo que muchos ya venían diciendo en voz baja: Colombia está viviendo uno de los momentos más interesantes de su historia fashion.

Y sí, en InfoStyle estuvimos ahí para verlo de cerca.

Durante tres días, Ágora Bogotá se transformó en una especie de micro universo creativo donde convivieron desfiles, negocios, talento emergente, lujo latinoamericano y una nueva generación de diseñadores que entiende perfectamente cómo hablarle al mundo sin perder identidad.

Lo primero que sorprendía era la dimensión del lugar. Cinco pisos completamente tomados por la moda, cada uno con una personalidad distinta. Desde la entrada, la experiencia ya tenía algo cinematográfico: Stella Artois creó una alfombra roja monumental intervenida con espejos asimétricos que multiplicaban reflejos, flashes y outfits en todas direcciones. Era imposible no detenerse. Influencers, editores, compradores y creativos encontraban ahí el escenario perfecto para las fotos que inevitablemente terminarían en Instagram minutos después.

Pero Bogotá Fashion Week no vive solamente de la imagen. Y probablemente ahí esté su mayor diferencial.

Mientras muchas semanas de la moda todavía funcionan únicamente desde la estética, acá el negocio ocupa un lugar central. En el tercer piso sucedían las rondas comerciales internacionales y, honestamente, fue uno de los espacios más interesantes de observar. La profesionalización de los diseñadores colombianos es evidente. Hay preparación, estrategia y una intención muy clara de construir marcas latinoamericanas con proyección global. El trabajo que realiza la Cámara de Comercio de Bogotá acompañando a los talentos emergentes se percibe serio, sólido y profundamente contemporáneo.

Previo en el segundo piso: tienda multimarcas, activaciones, experiencias y ese mix entre moda y lifestyle que hoy resulta indispensable para entender cualquier fashion week. Y entre todas las propuestas hubo una que se robó absolutamente todas las miradas: “Dios Mio”, el café de Sofía Vergara.

La actriz colombiana presentó su marca dentro de una jeep vintage rosa que parecía salida de una película de los años 70. Divertida, exagerada, latina y perfectamente instagrameable. Había fila constante para entrar, sacar fotos y probar el café. Y sí, funcionó. Porque entendió algo fundamental de esta nueva era: las marcas ya no solo venden productos, venden universos.

Arriba, en el cuarto y quinto piso, sucedía lo más esperado. Las pasarelas.

Con una puntualidad casi quirúrgica —algo poco habitual incluso en las grandes capitales de la moda— cada desfile comenzaba exactamente a horario. Las salas, con capacidad aproximada para 300 personas, se llenaban show tras show. Y sobre la pasarela aparecía lo mejor del diseño colombiano actual: trabajo artesanal, siluetas sofisticadas, color, sensualidad y una identidad latinoamericana cada vez más refinada.

Pero más allá de las tendencias o las colecciones, lo que realmente dejó Bogotá Fashion Week fue una sensación. La de una industria que ya entendió cómo combinar creatividad con negocio, moda con experiencia y talento local con mirada global.

Bogotá hoy no intenta parecerse a otras capitales fashion. Y quizás ahí radique toda su fuerza.

En primera con Florencia Sosa

(Por Agustina Amorós) Empresaria e inversora catamarqueña, tenía 26 años cuando la muerte de su padre la puso al frente del Grupo ECA –un servicio privado de emergencias médicas y prepaga– y de la cadena Minerva Farmacias, líderes en Catamarca. Una década después, con una carrera consolidada en negocios y una vida nómade como influencer, Florencia Sosa (34) decidió parar. Se instaló en Londres, se alejó de los medios y de las redes sociales y se adentró en una necesaria pausa introspectiva para preguntarse cómo quiere vivir —y hacer negocios— de aquí en más. En su primera entrevista en profundidad del último año, ya no escuchamos la voz de una joven catamarqueña que tomó el legado de su familia, sino la de una empresaria argentina ocupada en cuidar su salud mental mientras expande sus negocios a nivel global.