En primera persona con Micaela Pichniy

La voz pausada y su mirada transmiten la calma que traen los años dedicados al mundo yogui. Su perfil en redes está lleno de asanas, alimentos naturales y espiritualidad. La instructora de yoga Micaela Pichniy –o @yoguilover para sus seguidores de Instagram– nació en Paysandú, pero es una auténtica ciudadana del mundo. Actualmente vive en Buenos Aires, aunque durante el verano se instaló temporalmente en Punta del Este, su lugar en el mundo. En InfoStyle nos tomamos un respiro del ajetreo diario para conversar con la nómade que lleva su energía zen a donde vaya. 

Es febrero y Mica Pichniy está instalada en Punta del Este, dedicada a sus clases de yoga que se multiplican durante la temporada. El mes que viene volverá a su casa en Buenos Aires para participar en el Lollapalooza, donde dará una clase masiva antes de que comience el festival. A mitad de año hará un viaje grupal a Portugal. Antes de que llegue la primavera partirá a Perú, y no terminará el año sin visitar India y Nepal. Entre meditaciones, clases y viajes, la vida de Mica va mutando armónicamente, como las posturas de una clase de yoga. Sus clases –que combinan meditación, respiraciones y asanas– exigen la absoluta concentración en el momento presente. Con esa misma energía y atención, nos adentramos en esta charla.

Tras vivir cuatro años en Punta del Este, el año pasado te mudaste a Buenos Aires. ¿Cómo viviste el cambio de la tranquilidad esteña a la ciudad de la furia? ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?

Me enamoré de un argentino. No fue una decisión pensada desde lo laboral, pero una vez en Argentina me di cuenta que se me abrían muchísimas puertas. Siento que Punta del Este es mi lugar en el mundo, pero la realidad es que en Buenos Aires pasan muchas más cosas.

Empecé a pensar que tal vez necesitaba una cachetada de adrenalina que tal vez en Uruguay no estaba teniendo. Amo Punta del Este, pero por momentos siento que quiero ir a más. Teniendo la posibilidad de mantener mi trabajo online con mis alumnas, estando tan cerca, no tenía sentido no abrirme a esta posibilidad. Argentina, solo por su cantidad de habitantes, ya te abre a nuevos mercados. La masividad trae más posibilidades. 

Estuve cuatro años instalada todo el año en Punta del Este, el año pasado estuve en Buenos Aires, hace unos años también viví en Australia y durante un año entero viví viajando. En ningún país me quedaría de por vida, todo es completamente temporal...

¿Te considerás una nómade?

Absolutamente. Mi foco es el mundo. Mi cabeza está seteada para el día a día. No sé qué va a pasar mañana. Lo que más considero que es mi casa, es mi auto. En mi auto entra todo lo que necesito: mi bolso con ropa, mi computadora y mis mats de yoga.

¿Cuánto de eso es parte de la filosofía yogui? ¿O sentís que siempre practicaste el desapego?

Yo creo que la vida fue mostrándome el camino para ser lo que soy hoy. Todo me fue llevando a aprender a desapegarme de las situaciones, los vínculos y los objetos... Cuando tenía quince años, falleció mi papá. Fue mi primer acercamiento al desapego. Mi mamá tenía que hacerse cargo de mi hermano menor; por lo que mientras mi generación estaba yendo a fiestas de quince y viviendo la vida de otra forma, a mí me tocó madurar y hacerme cargo de mí misma. 

La vida me fue llevando a lo que soy hoy en día. Del yoga aprendí a confiar en la vida, ver siempre el lado positivo, sentir gratitud. Ser yogui es un estilo de vida, trae muchísimos aprendizajes hermosos, pero creo que la vida te va enseñando.